miércoles , 23 de octubre, 2019

Alertan sobre los casos de extorsión sexual virtual

Un periodista de Infobae relató su experiencia respecto a este flagelo luego de someterse voluntariamente como víctima de estas organizaciones delictivas internacionales. “Estaba haciendo un trabajo periodístico, con mi esposa como cómplice y así y todo la situación era apremiante”, confesó.

Un periodista de Infobae relató su experiencia respecto al mundo de la sextorsión, luego de someterse conscientemente como víctima de estas organizaciones delictivas internacionales dedicadas al chantaje.

El comunicador explicó que su curiosidad empezó cuando “recibí una nueva invitación por DM de Twitter. En esta oportunidad era una dama que hablaba francés y vivía en Niza. Me invitaba a conocerla. Cuando le dije que era de Argentina, me dijo que había nacido en Badajoz, España. Que tenía 29 años y trabajaba en un salón de belleza”.

Si bien ya había sido tentado anteriormente, siempre había rechazado las invitaciones. “Esta vez lo iba a hacer. Iba a entrar en el juego de la extorsión para entenderlo y poder luego contarlo periodísticamente. Hubo algunas preguntas previas sobre estado civil, edad y esas cosas. Contesté todo con la verdad”.

“Minutos después del primer contacto por DM de Twitter y luego de que me diera una explicación de cómo utilizar el mensajero de Google, me llegó una llamada por Hangouts de mi reciente “amiga”. Me había dicho que quería conocerme y saber más de mí. Se hacía llamar en su cuenta de Hangouts Amour Fidelité”, contó.

La La llamada comenzó -sin más preámbulo- con un video de una mujer desnudándose. Dejé correr las imágenes sin responder nada ni intervenir. Entonces me llegaron mensajes escritos en un español primitivo, propio de un texto pasado por el traductor de Google. “Estimado, excito pene muestre”, decían los chats”, narró.

Asimismo, remarcó que “el lenguaje gutural era un indicio más de que del otro lado no había una mujer que quería conocerme –mucho menos una mujer nacida en Badajoz que no sabía cómo escribir en español – sino un eslabón de un sistema diseñado para la extorsión”.

En este sentido, el investigador aclaró que “las primeras amenazas fueron disfrazadas de un pedido de ayuda para la operación de una supuesta hermana enferma de cáncer de mamas” a la vez que contó que durante los siguientes días la supuesta “amiga virtual” le mandó mensajes insistentemente “pidiéndome que mostrara mi intimidad ante la cámara de mi celular”. “No lo hice. Corté. Y siguieron los pedidos –en un español rudimentario producto de un traductor automático- para que yo mostrara mi intimidad”, afirmó.

“La extorsión violenta se declaró en segundos. Inmediatamente me llegó una captura de pantalla con mi imagen.  Y me amenazaron: si yo bloqueaba la posibilidad de seguir hablando por Hangouts iban a publicarla. La difundirían por redes sociales y por YouTube, otra plataforma de Google. Para evitarlo, yo debía seguir sus indicaciones”, continuó.

“Quien hacía unos minutos supuestamente quería conocerme pasó a ser una violenta extorsionadora. A pesar de que había planeado entrar en la extorsión la presión me generó desesperación. Estaba haciendo un trabajo periodístico, con mi esposa como cómplice y así y todo la situación era apremiante. No puedo imaginarme por lo que pasa el que cae en una trampa y siente que cometió una falta por la cual se puede llegar a ver humillado”, se compadeció el periodista.

En ese contexto, explicó que “mi respuesta inicial fue que no me importaba que me extorsionaran, luego dije que no tenía dinero y después aseguré que yo también tenía una enfermedad gravísima. Nada. No hubo modo de que suavizaran las exigencias”.

“Los mensajes extorsivos se producen en avalancha. Uno tras otros. Varios en un minuto. Irrumpen en la vida cotidiana”, alertó a la vez que contó que al negarse a pagar “mi extorsionadora me envió un mensaje en el que decía formar parte de la “red más poderosa de mafia que practica en este campo en Europa y otros países”.

Horas después le llegó un mensaje desde la cuenta “Service Police”: “Dentro de las 24 horas, esperamos enviar a los agentes de Net Police que estamos en el lugar y capturarlo, luego irá a juicio donde tendrá que responder a los cargos, así como a una multa y 28 años de prisión”.

La extorsión pasa de la humillación personal de exhibir las imágenes en la red a ser tratado como un criminal”, sostuvo.

Paralelamente, el periodista denunció el caso ante la fiscalía especializada en Delitos Informáticos de la Ciudad de Buenos Aires a cargo de Daniela Dupuy, quien le explicó que “los ciberdelincuentes contactan a las víctimas -en general hombres- y entablan una relación en principio de amistad o confianza para luego solicitarles el envío de fotos o videos íntimos. Una vez obtenidos, comienza la extorsión: si no se paga una suma de dinero, que casi siempre es en bitcoin para imposibilitar su rastreo, entonces aquellas fotos o videos entregados inocentemente por las victimas serán revelados o subidos a la web o entregados a su círculo cercano. En realidad, son organizaciones delictivas que funcionan hace ya un tiempo, muchas desde otros países, que se aprovechan de personas que por lo general tienen buena situación económica o bien ocupan posiciones importantes en empresas u organismos. Seguramente prefieren pagar a que se difunda un acto meramente íntimo. La recomendación para prevenir estas extorsiones es que hay que bloquear inmediatamente a un contacto dudoso”.

Asimismo, denunció el hecho ante la Unidad Fiscal especializada en Ciberdelincuencia (UFECI) a cargo de Horacio Azzolín, quien le informó que el avance de la causa depende de la rapidez con la que Google y Twitter contesten la requisitoria hecha por el fiscal para conocer desde dónde se crearon las cuentas mediante las cuales se hizo la extorsión y explicó que “en general las IP desde donde se crean las cuentas están en el exterior y allí termina la jurisdicción de la justicia Argentina, pero ingresa Interpol en la investigación”.

“Hay gente que, acosada, decidió matarse y alguna otra de origen muy humilde que entregó el poco dinero con el que contaba”, dice el fiscal Azzolín y agregó: “El daño no solo es inmediato sino casi permanente, porque en algunos casos el retiro del material de Internet se hace prácticamente imposible. Si bien desde los organismos de aplicación de la ley tratamos de localizar a los responsables del hecho, que usualmente están del otro lado del planeta, y de retirar el material de Internet, el esfuerzo no parece ser suficiente para mitigar el daño”.

Por este motivo, el fiscal remarcó que “la mejor opción para el usuario es la prevención. En ese sentido, una selección inteligente de nuestros contactos a través de redes sociales y una reflexión previa al envío del material íntimo siempre son recomendables”.

En cuanto a su situación con la extorsionadora, el periodista acordó un plazo de diez días para pagar el monto en euros. “Hasta que llegó el día en el que me enviaron las coordenadas para realizar el pago. Me dieron un nombre, una dirección y un código postal en la ciudad de Cocody, Costa de Marfil, África”.

“La transferencia debía hacerse mediante Money Gram o Western Union. Pero en Argentina esas compañías piden como requisito que, además, se envíe el número de documento de quien va a retirar el dinero. Eso implicó una negociación durante horas, ya que no creían que hiciera falta entregar un número de documento. Hasta que finalmente me dieron un número de identificación que, obviamente, era falso”, afirmó y continuó: “Hice el pago mediante Western Union pero fue rechazado por sospecha de fraude.  Finalmente lo hice por un agente de Money Gram que opera en el centro porteño. Me hicieron algunas preguntas sin demasiada profundidad y finalmente el pago -realizado con dinero aportado por la tesorería de Infobae– se acreditó”.

Mi extorsionadora me hizo saber que había recibido el pago. Y me agradeció por haberle enviado la suma de 225.257 de francos CFA (Comunidad Financiera Africana), la moneda utilizada en Costa de Marfil y otros países de África occidental. Es el equivalente a 350 euros, que fue el pedido de “ayuda” para atender la salud de la hermana de la chantajista”, precisó el trabajador de Infobae.

Finalmente, la extorsionadora le agradeció el dinero, “me pidió que fuéramos amigos. Le agradecí y le dije que no. Ella insistió y prometió con vehemencia volver a llamarme al día siguiente. Quedaba por comprobar la última etapa de la extorsión: que luego del pago, vuelven a pedir dinero. Y así sucedió”.

En esta segunda oportunidad el pedido fue de 1500 euros, que luego bajó a 800. “La negociación entre los 1.500 euros y la publicación de mis imágenes terminó en 350 euros a pagar el 23 de agosto”.

“Todavía soy tu amiga y no quiero que te lastimes, solo quiero que ayudes a mi hermana por última vez, confía en mí, soy una mujer de palabra y también me gustan los hombres de palabra, así que si quieres eso. Dejo todo y te dejo vivir pacíficamente transfiere 350 € 23 como prometí y basta”, decía el mensaje. Los mensajes, aun después de haber pagado no se interrumpieron.

El periodista explicó que para terminar con ese infierno debió cerrar su cuenta de Gmail  y suspender su cuenta de Twitter por unos días. Asimismo, denunció a la cuenta de Twitter desde la que lo contactaban.

“Máxime cuando los que padecen la extorsión sexual virtual -en Argentina y en cualquier país del mundo- suelen callar y no denunciarlo por vergüenza. Porque allí comienza un verdadero infierno”, concluye el artículo.

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