lunes , 23 de septiembre, 2019

Revelan el sistema económico mixto desarrollado por los pueblos originarios de las Sierras

Las poblaciones originarias que habitaron las Sierras de Córdoba siglos antes de la Conquista española desarrollaron una economía mixta que combinaba cultivos con la explotación de plantas y animales silvestres, sin ser del todo sedentarias como se afirmó durante décadas, reveló el arqueólogo cordobés Matías Medina.

El trabajo de los doctores Medina, Sebastián Pastor y Eduardo Berberián del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y el Area de Arqueología y Etnohistoria del Centro de Estudios Históricos “Carlos Segreti”- permite “un conocimiento más preciso de nuestro pasado, construido en base a supuestos anteriores que no eran verdaderos”.

“Se pensó que sabíamos mucho de los pobladores prehispánicos de las Sierras de Córdoba: que eran agricultores sedentarios, por ejemplo, pero no eran ni tan agricultores, ni tan sedentarios como se afirmó durante décadas”, dijo Medina en diálogo con Télam.

El artículo científico “`Es gente fazil de moverse de una parte a otra`: Diversidad en las estrategias de subsistencia y movilidad prehispánicas tardías” fue publicado en la revista Complutum, del Departamento de Prehistoria de Universidad Complutense de Madrid.

Pese a que también Medina era “uno de los investigadores que pensaba de esa manera”, empezó su doctorado con esa idea y se dedicó a analizar la evidencia disponible para discutirla.

El estudio arqueológico del Período Prehispánico Tardío de las Sierras de Córdoba (entre el 1000 y el 1500) asumió durante décadas que el desarrollo de prácticas agrícolas rápidamente derivó en una mayor dependencia de los cultivos, principalmente el maíz, y la sedentarización en poblados permanentes conformados por viviendas semi-enterradas o casas-pozo.

“La información actual pone en duda este supuesto, sugiriendo que las poblaciones tardías desarrollaron patrones de subsistencia y movilidad flexibles, donde se alternaron las estrategias de acuerdo a la disponibilidad estacional de recursos silvestres“, planteó Medina.

Así, “los productos agrícolas sólo fueron un componente de una economía mixta en la que plantas y animales silvestres eran explotados en forma intensiva”, dice el artículo científico resultante de la investigación subsidiada por el Conicet y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.

Esta estrategia de subsistencia diversificada era acompañada de una alta movilidad residencial, momentos de dispersión/agregación de los grupos co-residentes y procesos estacionales de interrupción de las prácticas agrícolas para abastecerse de recursos de caza y recolección. 

“El modelo es un ejemplo arqueológico en donde la incorporación de cultivos dio lugar a un patrón de subsistencia flexible sin derivar en una economía plenamente agrícola, con potencial comparativo para el estudio de la transición hacia la producción de alimentos en otras regiones del mundo”, sostiene el escrito.

“Durante años hubo un amplio consenso transmitido por científicos y manuales escolares de que las poblaciones serranas que entraron en contacto con los españoles en el siglo XVI, denominadas Comechingones por los conquistadores, eran sedentarios: sin embargo, la evidencia apunta en sentido contrario”, dijo Medina.

Una de las primeras evidencias en las que se apoyó la mirada de los arqueólogos, quienes trabajan hace más de diez años en la región Central de Argentina, fue el tipo de arquitectura utilizada en los poblados, con casas-pozo que siempre se interpretaron como indicadoras de sedentarismo.

“En el sitio arqueológico Potrero de Garay -distante 30 kilómetros de Alta Gracia-, los recintos tenían paredes parcialmente excavadas en los sedimentos, sin cimientos y con pisos de tierra consolidada en un lugar en que abundan otros materiales más resistentes para la construcción, como la piedra, lo que nos indica que no se quedaban mucho tiempo en un lugar”, contó.

Según Medina, “por eso es difícil recuperar evidencia arqueológica de la arquitectura de la vivienda más allá de la identificación en estratigrafía de superficies consolidadas o de los agujeros de los postes que sostenían el techo”.

“Se trataba de construcciones efímeras, elaboradas con materiales perecederos y el hallazgo de casas-pozo fue excepcional; ni siquiera es posible visualizarlas sobre la superficie del terreno como en el Noroeste Argentino”, indicó.

Otra evidencia fue el polen recuperado en los sedimentos, dominado por plantas que crecen en ambientes continuamente perturbados por la actividad humana, “sugiriendo la repetida ocupación y reocupación de los sitios aldeanos”.Respecto a que los Comechingones fueran agricultores de tiempo completo, hallaron poca evidencia: “unos 20 granos de maíz carbonizados, ¿a cuántas mazorcas pueden remitir?”, relativizó.

“El modelo arqueológico sostiene que en primavera-verano las familias se agrupaban en los valles para cultivar y recolectar frutos silvestres; y en otoño, el grupo se dispersaba hacia las cumbres de las Sierras Grandes para cazar guanacos, para luego volver a agregarse en primavera-verano”, agregó.

La evidencia acopiada permite “un conocimiento más completo de nuestro pasado y habla de una sociedad que incorpora agricultura en forma flexible, sin abandonar la caza-recolección y el uso estacional y diversificado del paisaje”, concluyó Medina.

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