sábado , 7 de diciembre, 2019

Informe especial: “A 40 años del Golpe de Estado en Chile”

La década del 70 en Latinoamérica estuvo marcada por la fuerte presencia intervencionista de Estados Unidos en su cruzada anticomunista.

Así, en el marco de la Guerra Fría, ante un mundo bipolar, dominado por la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas)y los Estados Unidos, Latinoamérica pasó a constituir “el patio trasero” de este último.

El Presidente norteamericano Richard Nixon, junto a su Secretario de Estado Henry Kissinger (declarado Nobel de la Paz ese mismo año), tomaron como principal medida ante el avance de los gobiernos socialistas en Centro América y América del Sur, la ejecución de actividades de inteligencia con el fin de derrocar estos gobiernos mediante golpes de estados.

Chile no quedó exento. El 11 de Septiembre de 1973 las fuerzas armadas chilenas y los carabineros mediante el apoyo logístico y financiero de la CIA (Agencia Central de Inteligencia), tomaron gran parte del país, ordenando al Presidente Allende que renuncie a su cargo. Ante su negativa, con la recordada frase: “Pero qué se han creído. ¡Traidores de mierda!”, se desencadenó un ataque de fuego aéreo al Palacio de La Moneda, la residencia presidencial oficial, donde Allende horas antes había ordenado desalojar el lugar, quedándose solo.

Luego de dos horas de bombardeo, el general José Palacios es el encargado de entrar al edificio. Una vez adentro informa a sus superiores que halló el cuerpo del Presidente sin vida. Mucho se ha dicho sobre el suicidio o asesinato de Allende, la conclusión es la misma, “lo mató el golpe de estado” y con él murió también la posibilidad de la revolución socialista, la primera en Latinoamérica en establecerse de forma pacífica y mediante el voto popular.

Fue así como Chile entra en un período tristemente recordado por ser una de las dictaduras más largas y atroces de toda la región. El régimen de Pinochet dejó, entre asesinados, desaparecidos y presos políticos, un saldo de 38.000 víctimas y una sociedad completamente dividida.

Cuarenta años después, la sociedad chilena sigue fraccionada, con un Presidente que aboga por la reconciliación con el pasado instando a “superar los traumas del pasado” aunque de un modo particular ya que reclama memoria pero no hace alusión a la justicia social que se le debe a todos los familiares de los desaparecidos. Y concluye diciendo que “no tenemos derecho a traspasar a nuestros hijos y nietos los mismos odios y querellas que tanto dolor causaron”.

Tomando prestado un concepto psicoanalítico, se puede decir que situaciones tales como un golpe de Estado o una privación ilegítima de la libertad sumada a hechos de tortura, constituyen un trauma para el sujeto y para la sociedad en su conjunto.

La doctrina psicoanalítica sostiene que todo trauma para ser superado tiene q ser recordado, asimilado y elaborado. Siendo el recuerdo el primer paso en la etapa de superación. Mientras que el olvido de un hecho traumático tiende a la repetición. El sujeto está condenado a actuar y repetir lo que no es capaz de poner en palabras y recordar.

En este sentido, la ex primera mandataria Michelle Bachelet instó a la memoria, a la justicia y a un cambio de constitución. En Chile la constitución actual es la que se plasmó durante el gobierno dictatorial de Pinochet.

Luego de cuarenta años, en el hermano país de Chile una memoria sin justicia no puede llevar a una verdadera reconciliación, sólo se puede seguir esperando año tras año que una sociedad tan dividida tome conciencia del horror vivido, la única vía verdadera a la superación de cualquier trauma.

Etchepare Natalia

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