jueves , 22 de agosto, 2019

Francisco reconoció que hay una crisis de la identidad sacerdotal

El papa beatificó a los sacerdotes muertos en la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Realizó el tradicional lavado de pies en una cárcel de menores.

El papa Francisco hizo hoy un enérgico llamamiento a los sacerdotes de la iglesia católica para que salgan a la “periferia”, donde “hay sufrimiento”, los exhortó a volver a ser “pescadores de hombres” y advirtió sobre una “crisis de la identidad sacerdotal”, a la vez que beatificó a 58 sacerdotes asesinados durante la Guerra Civil española y a un italiano que ayudó a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial y después murió a manos de los nazis, entre otros.

Al presidir esta mañana en la basílica de San Pedro la misa crismal de la que participaron todos los cardenales, patriarcas, arzobispos, obispos y presbíteros, diocesanos y religiosos presentes en Roma.

En su homilía, dirigida en este caso especialmente a los religiosos presentes, el papa argentino exhortó a salir a las “periferias”, donde “hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones”.

“El sacerdote que sale poco de sí, que unge poco se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral”, enfatizó el pontífice y advirtió que el que “no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor”.

En ese marco, dijo que de esa situación proviene “la insatisfacción de algunos, que terminan tristes y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con `olor a oveja´, pastores en medio de su rebaño, y pescadores de hombres”.

“La así llamada crisis de identidad sacerdotal nos amenaza a todos y se suma a una crisis de civilización; pero si sabemos barrenar su ola, podremos meternos mar adentro en nombre del Señor y echar las redes”, expresó Jorge Bergoglio.

En la misa crismal, con la que se abren los días más importantes para el catolicismo, los obispos de cada diócesis se reúnen con todo su presbiterio y se bendicen los óleos sagrados que serán utilizados a lo largo del año para los sacramentos del bautismo, de la confirmación y de la unción de los enfermos.

En su enfático mensaje de hoy, el papa argentino dijo que “al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo” y ejemplifico: “Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia”.

Bergoglio dijo también que la gente “agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situaciones límites, `las periferias´ donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe”.

“Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas”, concluyó.

Por otra parte, el papa Francisco beatificó este jueves a 58 sacerdotes asesinados durante la Guerra Civil española y a un italiano que ayudó a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial y después murió a manos de los nazis, entre otros.

Así lo informó hoy el Vaticano, al señalar que el papa argentino aprobó ayer un milagro, 62 martirios y 7 virtudes heroicas en distintas causas, tras recibir al Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal Angelo Amato.

Por último, Francisco encabezó la tradicional ceremonia del Jueves Santo y eligió el Instituto Penal de Casal de Mármol de Roma, imitando el gesto de Jesús con doce apóstoles en la Última Cena.

Franciso comenzó el lavado de pies a doce presos de la cárcel de menores, en una ceremonia que se decidió que no sea televisada. Está previsto que una vez concluida la misa el Vaticano difunda imágenes del encuentro.

El argentino Jorge Bergoglio decidió cortar con la tradición de celebrar esta misa en la basílica de San Pedro y se trasladó hasta el instituto penitenciario, en un gesto que marca su simpleza.

Como arzobispo de Buenos Aires, el ahora papa Francisco solía realizar personalmente el lavado de pies del Jueves Santo.

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