sábado , 14 de diciembre, 2019

El Papa criticó la corrupción y llamó a ser felices

Francisco, en el inicio de su primera Semana Santa como jefe de la Iglesia, reclamó a miles de fieles que no se dejen robar la esperanza.

El papa Francisco criticó duramente la corrupción en el mundo durante la misa del Domingo de Ramos en la Plaza San Pedro a la vez que aconsejó a los fieles no dejarse “robar la esperanza”.

“Miremos a nuestro alrededor”, propuso el papa durante la misa. “Veamos ¡cuántas heridas inflige el mal a la Humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que golpean a los más débiles; la sed de dinero y de poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación…”, afirmó el Pontífice.

“Y nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo y a toda la creación”, continuó el papa argentino, quien luego exclamó: “Nunca se dejen vencer por el desánimo. No se dejen robar la esperanza”.

El papa Francisco presidió ayer el comienzo de su pri¬mera Semana Santa como jefe de la Iglesia Católica. El Pontífice dijo a los fieles reu¬nidos para la procesión de las palmas del Domingo de Ramos que “los cristianos no pueden ser personas tristes” y los exhortó a que nadie “les robe la esperanza”.

Francisco denunció los males que hay en el mundo y aseguró que “con Cristo se pueden vencer”. Ante más de 250 mil personas que asistieron, según el Vaticano, a los ritos del Domingo de Ramos en la Plaza San Pedro y las calles adyacentes, el pontífice argentino invitó a los cristianos a llevar la alegría de Cristo a todo el mundo y a no “ilusionarse” con la sed de dinero que, dijo, “nadie se llevará consigo”.

“Mi abuela nos decía: chicos, las mortajas no tienen bolsillo”, sostuvo el Papa, en una referencia de que “nada material puede llevarse al otro mundo”.

“No sean nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca se dejen vencer por el desánimo. Nuestra alegría no nace de tener muchas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; con él nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aún cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables y ¡hay tantos!”, afirmó.

En la jornada en la que la Iglesia conmemoró la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, el papa argentino afirmó que Cristo no entró para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra sino para ser azotado, insultado y ultrajado.

Subrayó que Jesús tomó sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, “y lo lavó con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios”.

Francisco pidió a los fieles que no crean al demonio cuando dice que no se puede hacer nada contra la violencia, la corrupción y la injusticia: “Jamás hemos de acostumbrarnos al mal, con Cristo podemos transformarnos nosotros y al mundo”. Y animó a no tener miedo al sacrificio y recordó a los padres que se sacrifican por los hijos “por amor”.

Durante la ceremonia se celebró también la jornada mundial de la juventud a nivel diocesano, como antesala de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que se celebrará del 23 al 28 de julio próximo en la ciudad de Río de Janeiro.

Francisco confirmó que acudirá a la ciudad brasileña y dirigiéndose a los jóvenes, les dijo que ellos traen la alegría de la fe y animan a vivirla con un corazón joven, “incluso a los 70, u 80 años”. Subrayó que los jóvenes no se avergüenzan de la cruz de Cristo, “más aún, la abrazan porque han comprendido que la verdadera alegría está en el don de sí mismo y que Dios ha triunfado sobre el mal precisamente con el amor”.

Al igual que en su asunción, Francisco llegó en un papamóvil descubierto, recorrió la plaza , besó a los niños, descendió del vehículo para saludar a enfermos y se detuvo ante un grupo de latinoamericanos con los que conversó en español, en medio de aplausos, vivas y el ondear de banderas, muchas de ellas argentinas.

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