domingo , 18 de agosto, 2019

Cuando la muerte no sólo es violenta e injusta sino también racista

Eugenio Fernández bordea los 80, es qom, vive desde joven cerca del cruce del arroyo Las Tunas con la vieja ruta nacional 9 en El Talar de Pacheco, Tigre. Está de luto por partida doble, asesinaron a su nieta de 14 años, víctima de trata, y a su hija de 38, quien denunció la trama. Amenazas, inacción de los funcionarios y connivencia policial.

Él pide justicia por esos crímenes pero, por sobre todas las cosas, pide tierras para su comunidad. Está convencido. Sabe que si la comunidad Yecthakay, unas 60 familias qom dispersas en el partido de Tigre, hubiera recibido las cuatro hectáreas pedidas a Sergio Massa en el 2010, Micaela y Nancy hoy estarían con él.

El caso podría encuadrarse en uno más de narcopolicías y trata de niñas y adolescentes pero está atravesado por la condición de indígenas de sus protagonistas. En febrero del 2013, la nieta de Eugenio, Micaela, de apenas 14 años, apareció muerta en la casa de un conocido y temido “transa” (vendedor de droga) y proxeneta de La Paloma, el “Pato Cenizo”. El hombre tenía como testigos del “suicidio” de la menor nada menos que a un puñado de policías, que incluso se encargaron de ir a informar a su madre de la terrible novedad.

Hace pocos días, el 2 de mayo, su hija Nancy, madre de Micaela, fue encontrada muerta en su cama. Semidesnuda, bocaabajo y con los brazos en cruz. Ella sobrevivió un año y un par de meses el calvario de golpes, amenazas, y cárcel tras la muerte de su hija. Cuando fue raptada por el Pato Cenizo intentó vanamente recuperarla. La misma niña le dijo “mami, me trajeron un montón de hombres, que me hicieron cosas que no te puedo decir. Me cortaron el pelo, me hicieron de todo”.

Nancy había denunciado públicamente al mencionado proxeneta y a los policías. “Le grité que soltara a mi hija y él me agarró y me apuntó con un arma en la cabeza. Como no salió el tiro me pegó con la culata. Me dijo que me iba a prender fuego la casa si mi hija se alejaba de su casa. Cuando vino la policía, me llevaron detenida a mí. Pasó el tiempo y a mi hija la mataron de un tiro en la cabeza”.

También contó el trato dentro de la comisaría y qué le dijo el subcomisario José Ríos, jefe del destacamento de Las Tunas: “India de mierda, negra de mierda, acá las órdenes las doy yo y a Cenizo lo banco yo”. Ese trágico día, el 17 de febrero del 2013, el subcomisario estaba ladeado por el oficial principal Alejandro Sandoval, según denunció valientemente Nancy ante los medios masivos de comunicación que se hicieron eco de tan triste historia.

httpv://youtu.be/KHtge14aWts

Ahora Eugenio recibe a Télam en la casa que compartía con Nancy y Lisette, la menor de sus nietas tras la muerte de Mica. Él, al igual que muchos parientes y paisanos llegados de comunidades qom de Chaco y Formosa, está en el Tigre desde hace unos 60 años.

No está solo, sobrinas y nieta, y niños que no paran de correr en lo que fue el escenario de la muerte de su hija, lo acompañan. Su cara, su voz, no revelan emoción ni sentimiento, como si estuviera anestesiado pero, al mismo tiempo, bien centrado en lo que dice y en lo que pide.

En primer lugar habla del crimen de su nieta hace 14 meses: “Cuando fuimos al velatorio (Sepelios Senger, de General Pacheco) hemos visto la mano, la cara, la boca, toda golpeada, ensangrentada, el pelo cortado, todos moretones como si fuera que le están pegando mientras que la autopsia dice que se mató. Y no es así. Al revés. Lo que dice la nota y los hechos no coinciden”.

Eugenio Fernández es un hombre qom, es sencillo pero nada de lo que dice es insustancial. No casualmente es líder de la comunidad Yecthakay -en el idioma de los qom “poder y fuerza” – que tiene personería jurídica desde 1999.

Hace años que pidieron formalmente la cesión y el título comunitario de cuatro hectáreas ubicadas en Ricardo Rojas, otro barrio de Tigre, pero los funcionarios del entonces intendente Sergio Massa, primero los recibieron con la oferta de darles 10 hectáreas en la isla y después nunca más los atendieron. Algo triste y denigrante.

Sentado frente a una mesa desnuda y con una libretita en la mano, el cacique qom reflexiona: “Entonces la discriminación y la muerte nuestra (es) sin dolor. Un calmante nos dan. La muerte es sin dolor, al indígena no le dan trabajo, entonces cómo van a estudiar las cosas los hijos, cómo va a vivir, si no le dan trabajo. Siempre ponen peros para todo”.

“Ahora, por los asesinatos de mi hija y mi nieta pido que los jueces sean verdaderos jueces, no cómplices. No están interesados en la vida de uno, y más nuestra raza, nuestro pueblo. Somos indios pero nosotros tenemos un reclamo también. También quiero pedir que intervenga el intendente de Tigre, que se llama Julio Zamora”, reclama el anciano líder qom.

(Fuente: Télam)

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