miércoles , 16 de octubre, 2019

Cinematográfica fuga de 13 reclusos de la cárcel de Ezeiza

“Claramente tiene características cinematográficas“, dijo el ahora exdirector del Servicio Penitenciario Federal, Víctor Hortel, sobre la fuga de trece presos del Penal de Ezeiza descubierta ayer.
En la misma conferencia de prensa en la que anunció su “renuncia indeclinable“, el exfuncionario explicó que la huida del complejo de máxima seguridad “no se podría haber llevado a cabo sin complicidades internas y sin una logística y apoyo externo”.
Hortel describió que “el boquete que se realizó dentro de la celda tiene un tamaño de 40 por 22 centímetros, para lo que han tenido que romper casi 30 centímetros de hormigón armado. La tierra acumulada aún se encuentra en la celda”.
“A partir del boquete, se construyó un túnel de un metro de profundidad y de entre dos y tres metros de longitud a través del cual salieron a la parte exterior del módulo”, continuó. Luego, sostuvo, los reclusos atravesaron tres alambrados perimetrales, en los que abrieron huecos.
Hortel afirmó que estos elementos permiten “sospechar la complicidad interna del personal penitenciario” porque “esto es un trabajo que se realiza con al menos dos días de tareas” y que requiere “herramientas a las que los internos no acceden normalmente”.
“Los celadores no cumplieron con su tarea de verificar los lugares de alojamiento. Ni los inspectores, ni los jefes revisaron esa tarea. El personal de requisa tampoco encontró las herramientas utilizadas”, señaló el exfuncionario, agregando que también falló la seguridad externa, por lo que ordenó el desplazamiento de 19 agentes penitenciarios.
Pueden apreciar las fotos, pueden apreciar el grosor de lo que es el piso, pueden apreciar que esto no es una tarea rápida que surge de la nada, sino que ha tenido algún tipo de planificación”, continuó. “Nosotros entendemos que la capacidad de las personas evadidas ha superado el sistema de seguridad del complejo”, agregó.
Anoche dos de los fugados habían sido recapturados y dieron una recompensa de 500 mil pesos por cada recluso paradar con su paradero

 

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