miércoles , 11 de diciembre, 2019

Una ausencia cada vez más notoria

Hoy se cumplen 10 años de la muerte del ex gobernador Ramón Bautista Mestre. Hoy seguramente sus seres más queridos lo sentirán profundamente, sus correligionarios lo recordarán y sus adversarios acompañarán con respetuoso reconocimiento. Pero si hay alguien que lo extraña y mucho es la política.

La Argentina de las tensiones y crispaciones ofrece como alternativa políticos que sonríen y prometen llevarse bien con todos. La Argentina de las contradicciones es producto de las contradicciones de sus dirigentes, los que antes eran socios hoy se presentan como alternativas, los rivales de ayer formarán una alianza mañana.

Los que no encuentran mujeres y hombres comprometidos desde una actitud ideológica, buscan “casting” de famosos justificándose en que la política necesita “refrescarse”.

Ramón Bautista Mestre era la antítesis de todo eso, Mestre entró a la política desde muy joven y nunca más la dejó. Incapaz de sonreír por compromiso, ni decir algo que realmente no pensara. Las decisiones que tomó como intendente y gobernador nunca fueron sometidas a la evaluación de encuestas, como es tan frecuente hoy. Sus decisiones eran producto de sus convicciones.

Mestre nunca aceptó que le guionaran sus dichos y la estética no era parte de su andamiaje político, no por antiguo sino por trasparente. Mestre disfrutó de la vida pero sin simulaciones ni hipocresías. El presidente del bloque de concejales de la U.C.R., Javier Bee Sellares, en la sesión de ayer, recordó una anécdota personal que define la dimensión de demócrata de Mestre. Narró que cuando no logró su reelección como gobernador, el día que tenía que entregar el mando, caminaba con la cabeza gacha por la demolida Casa de las Tejas; alguien le dijo entonces “qué duro”; y Mestre respondió: “duro es perder una hija, esto son cosas de la democracia”.

Mestre para este tiempo quizás hubiese sido políticamente incorrecto, no hubiese estado en programas de espectáculos ni hubiese frecuentado esos ámbitos, ni tampoco se hubiese pelado con un Presidente a través de Twitter. Pero seguramente es de la clase de dirigentes que hacen falta, aquellos que gobiernan pensando en sus sueños y no en que dirán las encuestas, aquellos no pretenden ser distintos a lo que son, ni que reniegan de su pasado. Esa clase dirigentes que pasan años y años en la función pública sin que ellos o sus colaboradores fueran siquiera sospechados de algún hecho de corrupción. Los dirigentes que extraña la política.

 

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