viernes , 6 de diciembre, 2019

Opinión: Con la plata no

(De nuestra Redacción) Días atrás, todos comentaron los cacerolazos que se vieron fundamentalmente en Buenos Aires. Como es obvio, algunos los magnificaron, en virtud de sus diferencias con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y, otros, los minimizaron justamente por sus coincidencias con el modelo que encabeza la viuda de Néstor Kirchner.
Lo cierto es que, el cepo cambiario alteró los ánimos de muchos y asustó a otros, que tampoco eran pocos. Beatriz Sarlo define con mucha precisión en la revista Noticias, que: “Las cosas comienzan por donde salta un punto flojo (los dólares o cualquier otro) y siguen….”. Sin embargo, este cacerolazo más allá de su magnitud o legitimidad vuelve a poner sobre la consideración un hecho que no es menor: los últimos acontecimientos contemporáneos de estas características siempre tuvieron el mismo disparador: una medida económica.
El corralito del 2001, la convocatoria de ricos y famosos para pedir mayor seguridad, las protestas del campo en contra de la 125, y ahora la protesta contra el cepo cambiario, le da argumento perfecto a quienes, para desnaturalizar el reclamo, afirman que en este País, al menos en los últimos años, sólo se sale a la calle por cuestiones de dinero. Este argumento, para mucho falaz, termina sustentado por otros silencios.
La calidad institucional esta tajeada por hechos inadmisibles, como por ejemplo el intento de poner un jefe de fiscales, Daniel Reposo, que su mayor o único antecedente, es ser un fervoroso defensor del modelo. La Constitución aparece maltratada cotidianamente, desde la falta de una ley de coparticipación hasta las últimas resoluciones de Guillermo Moreno que le arrogan el poder de prohibir, cuando lo crea conveniente, las asociaciones de consumidores, en el medio queda la vapuleada libertad de prensa, entre otros.
Todo indica que estas razones son tan o más fuertes que el cepo cambiario para protestar frente al Gobierno. Pero parece que en Argentina el límite de la paciencia cívica lo conforman las cuestiones económicas. Es como si las medidas de Gobierno, aunque merezcan reproche o crítica, no afectan nuestras vidas, salvo aquellas que son mensurables en dinero. Quizás además de ver a los indignados españoles como si fueran héroes cívicos, sería bueno ver detrás de la cordillera las razones que llevaron a los estudiantes chilenos a ganar las calles.
Indiferencia local
Por estas latitudes también rige en apariencia la máxima anterior. En el caso del gobernador José Manuel De la Sota, no hay prácticamente cordobés que no se solidarice con el reclamo de la deuda a la Nación, pero no hay expresiones ni políticas ni sociales proporcionales a las consecuencias que va a traer en el corto plazo a nuestra Provincia la mora de la Nación. Paralelamente, el silencio acompaña también, lo que es al menos un despropósito, el gasto en publicidad de la actual gestión y la anterior que el año pasado sólo con algún medio grande, llego a una cifra de 6 ceros ¿Es admisible esto, en una Provincia que demora hasta lo impensable el pago de sus proveedores y le niega ayuda económica a los municipios?
La ciudad de Córdoba no es la excepción, es común escuchar: “¡Qué problema que tiene (Ramón) Mestre con (Rubén) Daniele y el Suoem!”. Cuando en realidad son los propios vecinos los que padecen los reclamos permanentes del gremio de los municipales, quienes además de exigir salarios inimaginables en otros sectores de la administración, hasta condicionan medidas de gobierno, como ocurrió la semana pasada frente a la creación de la ventanilla única de habilitaciones ¿Habrá que esperar que los excesos del Suoem impliquen subas de impuestos para que los vecinos comprendan que es un problema de ellos y no del Intendente de turno?
El silencio también acompaña la tendencia del Intendente, al igual que el Gobernador, de un gasto publicitario desproporcionado en relación a la situación del municipio, como también su tendencia a trasladar las vicisitudes de su interna partidaria a la gestión.
En la Nación, la provincia y la ciudad de Córdoba parece que la protesta social sólo aparece cuando se inquieta el bolsillo. Un humorista televisivo en un recordado personaje que guardaba silencio hasta el momento en que se le escuchaba el famoso: “Con la vieja no”, ahora es como si sólo reaccionáramos con un: “Con la plata no”.

 

 

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