miércoles , 18 de septiembre, 2019
Macri-Mestre

Nota Editorial: Las formas también importan

Mauricio Macri asumió la presidencia de la Nación hace exactamente 12  días, sin embargo, parecería que era mucho más el tiempo que se necesitaba para que algunas cosas cambiaran en la Argentina.

Quizás, su promesa más importante fue afirmar que las cosas no cambiarían de la noche a la mañana pero que cada día se darán pasos hacia adelante. Nadie puede negar que desde el primer día de su mandato, Macri dio señales claras de avanzar en el rumbo prometido.

Diálogo y decisión caracterizaron sus primeros pasos. La medida más esperada y más audaz, la liberación del cepo cambiario sobrepasó las expectativas oficiales, no solo no hubo corridas ni colas para comparar dólares sino que le viernes bajó su cotización del día anterior. En los cálculos de los economistas había una variable muy difícil de cuantificar: la conducta de la gente. Más allá de los asesoramientos que reciben los grandes inversores y de los acuerdos alcanzados por el gobierno con algunos sectores de la producción, hubo una conducta colectiva que se expresó de la mejor manera. Antes hubo reunión con gobernadores, y anuncios para el campo.

Pero no todas fueron buenas, la decisión presidencial de completar la Corte Suprema de Justicia con las designaciones de Horacio Rosatti y Calos Rosenkrantz por decreto, mereció críticas y observaciones hasta de los propios aliados de Macri.  Quienes apoyaron e incluso acompañaron a Macri, le recordaron que llegó al gobierno por prometer entre otras cosas, como mayor calidad institucional, y la designación de miembros de la Corte en comisión por decreto no era el mejor ejemplo.

El Presidente debió dar marcha atrás en pequeñas dosis. Primero aseguró que por ahora no jurarían en sus cargos, luego se reunió con el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, para bajar tensiones y finalmente comenzó la ronda diálogo con senadores de la oposición.

En tanto, en la ciudad de Córdoba se restableció la calma, luego de semanas de protesta del gremio de los municipales (Suoem). El titular del Ministerio de Trabajo provincial, Omar Sereno, llamó a una conciliación voluntaria al municipio y sus trabajadores. Los cordobeses respiraron aliviados por el restablecimiento de los servicios municipales, pero la duda en algunos casos, y las sospechas en otros, de que habría habido concesiones de parte del gobierno municipal hacia el gremio despertaron críticas hacia el intendente. El solo rumor de que no se descontarían en diciembre los días no trabajados, tal como se hizo en noviembre, desató el mal humor de los cordobeses.

El actual intendente cordobés Ramón Mestre, recibió como ningún otro mandatario, un claro respaldo de la gente en el conflicto. El hartazgo hacia el poderoso Suoem se hizo sentir en las calles y, por primera vez en mucho tiempo, nadie dijo “arreglen este conflicto como sea”. Los vecinos reprobaban la actitud de un gremio que nunca terminó de explicar por qué y en contra de que protestaba.

A esta altura Macri y Mestre vivieron situaciones similares. El presidente recibió un contundente respaldo para sus primeras medidas económicas, por encima incluso de lo que él mismo esperaba. Sin embrago, fue la misma gente que sin cuestionar las condiciones personales e intelectuales de los jueces propuestos, le dijo no al camino elegido para su designación. Mestre, en tanto, recibió un claro respaldo de los vecinos en su renovada propuesta de poner orden, pero le advirtieron que no estaban dispuestos a solventar con sus impuestos los costos de una paz con el gremio. De una guerra sin cuartel declarada por el veterano dirigente Rubén Danielle, de pronto se aceptó una conciliación “voluntaria” y los ánimos se calmaron. ¿Qué se puso sobre la mesa para lograr el fin del conflicto? Es lo que se pregunta la gente que sufrió más de 40 días de parate municipal. Es lógico, si todos hicimos el esfuerzo, saber para qué fue.

Por estas horas, ambos, Macri y Mestre, están comprobando que el cambio experimentado por la sociedad es mucho más profundo de lo esperado. Del mismo modo que durante la campaña las redes sociales explotaban de participación cívica, llegando incluso al grado de convocar fiscales no para un partido en particular sino a favor de la trasparencia, ahora la gente participa en el seguimiento de la gestión diaria.

En un salto cualitativo de nuestra democracia, la gente ha comprendido que participar cada 4 años con su voto para premiar o castigar candidatos no le garantiza vivir mejor. Todo indica que de ahora en más, las gestiones serán seguidas como nunca antes y en ese seguimiento ya hay un claro mensaje: las formas también importan.

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