domingo , 22 de septiembre, 2019

Nota Editorial: La maldición tuitera

“Mi gente me dice que solo hay confirmación de un detenido”, dijo el Ministro de Seguridad de la provincia de Santa Fe, Maximiliano Pullaro. “A mí me dicen que están los tres”, le respondió la Ministro de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich. Dicen que el diálogo trascurrió a bordo del helicóptero que los trasportaba junto a otros funcionarios nacionales, con destino a la provincia de Santa Fe.

Luego del estruendo que causo la noticia de que el capturado era solo uno de los fugados, Martín Lanatta, dentro del gobierno comenzó el proceso de deslindar responsabilidades. Más allá del grave hecho, que significa haber dado por sentado la captura de peligrosos delincuentes, el macrismo falló en algo que hasta ahora ha sido una de sus fortalezas: la comunicación.

El trago amargo que por estas horas deben soportar los integrantes del gobierno nacional y el de la provincia de Buenos Aires, seguramente les hará reflexionar en algunas cuestiones que de repetirse los pondrán en serios aprietos.

Ya ha sido motivo de análisis de nuestra columna la marcada influencia que tiene sobre el macrismo  Jorge “Fino” Palacios y, por ende, todo lo que tiene que ver con la Policía Federal.

Después de lo ocurrido, la ministra Bullrrich ya debe tener claro lo que implica, al menos con la actual conformación que tienen, tomar partida por una fuerza de seguridad por encima de las otras.

Partiendo de la premisa de que el gobierno fue víctima de una “operación”, consistente en dar por cierto detenciones que no lo eran, algo que claramente no pudo prever, quedan una serie de interrogantes acerca de lo hecho por algunas de la primeras figuras del macrismo. Veamos: Bulrrich fue quien le informó al presidente Mauricio Macri que habían sido capturados los tres prófugos. Lo primero que uno se imagina es que la máxima autoridad responsable de la seguridad en la Argentina  hubiese querido saber, en primer término, donde los tienen y, en segundo lugar, comunicarse con la autoridad o autoridades responsables de custodiar a cada uno de los detenidos. De haber actuado así desde el primer momento, hubiese tenido sabido que no había responsables de la custodia de Cristian Lanatta y Víctor Schillaci, simplemente porque aún estaban prófugos.

Macri no tendría por qué dudar de su ministra pero haberse apurado a felicitar “a todo el equipo” vía twitter es un hábito que tendrá que rever, porque no hay razón alguna para que un presidente sea tan proclive a comunicar todo por esa vía, sin entrar en consideraciones acerca si lo primero debían ser las felicitaciones o un mensaje tranquilizador a toda la ciudadanía.

La vice presidenta Gabriela Micchetti merece una consideración aparte, ya que no solo en este tema viene demostrando que tiene una ligera tendencia a la hipercomunicación o sobre exposición mediática. Michetti, sin dudas sabe que uno de los reproche que más recibió la administración anterior era la falta de contacto con los medios, pero una vez más fue la que más tuiteo y más aún, no es la primera vez que se presenta como una especie de vocero digital del propio presidente, algo que parece no muy necesario.

María Eugenia Vidal, es sin duda quien más tiene que perder en toda esta trama, es lógico que siga el tema muy de cerca, pero también debe pensar en preservar su figura pública. ¿Que hacía la gobernadora de Buenos Aires en Santa Fe? de la persecución ya no participa la policía bonaerense, la única fuerza de seguridad sobre la que tiene autoridad. Hubiese sido lógico que ella esperara en primera fila la llegada de los detenidos a Buenos Aires, su provincia, pero haber viajado la expuso a que los medios describieran la imagen de una sala vip de un aeropuerto donde en un costado en unos sillones lucían abrumadas Bullrrich y Vidal, según comentaron los periodistas presentes. ¿Era necesario exponerse a eso?

El gobernador santafesino, Miguel Lifschitz, dijo, también via twitter, que “no hay que sobreactuar”, y fue uno de los primeros en “comprar” la versión de que eran tres los detenidos. La policía de Santa Fe depende de él, ningún otro funcionario tenía la autoridad que tiene él para conocer detalles de las detenciones.

No hay dudas que Macri hace tiempo tenía la certeza que sería presidente y preparó un equipo de gobierno para ello. Sin embargo, hay mucha distancia entre sus equipos económicos por ejemplo y los de temas vinculados  a seguridad e inteligencia. En el caso de Vidal, queda claro que no dispuso del mismo tiempo que Macri para armar su equipo  y tendrá que privilegiar capacidad aunque esta no venga de la mano de la amistad si quiere “domar” el difícil territorio bonaerense.

Patricia Bulrrich está rodeada, por un lado por los hombres de confianza de Macri en la AFI (ex Side) quienes no terminan de hacer pie y,  por otro por Román Di Santo, el titular de la Policía Federal, con el que el kirchnerismo se sentía muy cómodo. Curiosamente, fue el propio Di Santo el que confirmó que era un solo el detenido, cuando le preguntaron sobre los otros dos prófugos dijo con mucha tranquilidad: “Yo no informe eso”.

Denunciar reiteradamente que el narcotráfico tenía contactos con la política y que había perforado a las fuerzas de seguridad para luego manejarse con varios de quienes tenían esa responsabilidad en la gestión anterior, no suena muy lógico.

Es necesario comunicar para gestionar con éxito, pero comunicar no es gobernar, del mismo modo que tuitear todo el tiempo, no es comunicar.

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