martes , 11 de diciembre, 2018

Nota Editorial: Ganar un debate no implica ganar votos, pero ayuda

Luego de la primera vuelta electoral todo cambió. Daniel Scioli ganó, pero todas las luces de alerta se habían encendido en el universo kirchnerista. Mauricio Macri con un segundo lugar, pero con el triunfo de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires, vivió aquello como una victoria.

A partir de allí todo fue de manual, Macri debía seguir con su mensaje y la misma actitud, todos los que querían un cambio, aunque sea a regañadientes, terminarían votándolo.

Scioli en cambio, debía correr todos los riesgos. Si repetía su libreto difícilmente llegaría al 40% de los votos, eso significaría ser derrotado. Debía captar algo del electorado de Sergio Massa y algo de los indecisos, y para ello apeló a dos ejes en la campaña informal; apelar al miedo y, en su discurso diferenciarse del kirchenrismo. “A partir del 10 de Diciembre él toma las decisiones seré yo”, dijo una y otra vez, pero mucho menos de las veces en que se refirió a Macri. En campaña el que habla del otro es el que va atrás.

Correr los riesgos implica acelerar más que el otro, por usar un término automovilístico. Esto implica a veces “derrapar un poco” y en esta semana hubo derrapes: Juan Pablo Feinmann fue el primero, (un hombre de la inteligencia de Feinmann solo pudo haber dicho lo que dijo de María Eugenia Vidal estando en sus cabales como se supone lo está, solo si quiere perjudicar a Scioli). Luego vino el exabrupto de Axel Kicilof, y finalmente la propia Karina Rabolini junto al gobernador Juan Manuel Urtubey en Mirtha Legrand no pudieron responderle a la española Pilar Rahola sobre porqué si Scioli es distinto al kirchnerismo estuvo en silencio todo este tiempo. Una semana de riesgo y de derrapes para el candidato oficialista.

Solo una señal de alerta recibió Macri esta semana: había demasiado protagonismo de los economistas no solo los suyos, sino los de todos los candidatos. A la gente no le gusta cuando los economistas comienzan con sus pronósticos, la gente los relaciona los peores momentos de la economía argentina con el protagonismo de los economistas en general, por eso Macri sacó de la cancha a los suyos.

Con ese clima se llegó al debate de anoche, con un Macri que llegaba como llegan esos equipos que con un empate jugando de locales clasifican. Scioli en cambio, continuando con los ejemplos futbolísticos, debía ganar un partido como visitante para clasificar. Macri llegaba con una sonrisa en los labios. Scioli con los dientes apretados. 

Apenas comenzó el debate, nos volvimos a sorprender. Quien debía mantener las cosas como estaban era Macri, y sin embargo fue por más. Cuando todos esperaban la dureza de Scioli, que dijo que las “ideas de Macri eran un peligro”, se encontró con un contrincante que lo sacó de su eje cuando por ejemplo le preguntó “¿en que te convertiste Daniel?”.

El equipo de Macri dejó trascender que irían por la positiva, pero Macri fue por Scioli. Su estrategia fue dejarlo pegado a la administración kirchnerista. Preguntarle si creía que la Presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y su jefe de gabinete, Anibal Fernández, decían la verdad cuando se referían a los índices de pobreza. El candidato oficialista trató de arrinconar a Macri al decir que sus propuestas traerán ajuste a la economía. Macri se defendió de la manera más eficaz, le dijo que mentía y le pidió que no haga de vocero suyo.

En los bloques sucesivos Scioli recuperó algo de tranquilidad, pero Macri ya sentía que dominaba el escenario y sus propuestas se basaron en datos que fluían con naturalidad de sus labios mientras que al gobernador de la provincia de Buenos Aires los nervios le jugaban una mala pasada y por momentos parecía costarle hilvanar una frase o pregunta.

Al final, Macri pidió voto por él, Scioli pidió voto en defensa propia. La televisión es esencialmente sensaciones y la sensación de esta noche era un Macri mejor plantado que Scioli. Las encuestas seguramente le darán ventaja a Macri en este debate, no por sus propuestas, preguntas o respuestas, sino simplemente porque se lo vio más seguro y sólido que a Scioli. Macri estuvo mucho mejor preparado para el debate, lo que no implica estar mejor preparado para gobernar, del mismo modo que ganar un debate no implica ganar votos.

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