viernes , 15 de noviembre, 2019

Nota editorial: Cuando se corre la cortina

“¿Qué se siente defender a Lázaro Báez?”, le preguntó Jorge Lanata a uno de los acusadores del ahora suspendido fiscal José María Campagnoli, en plena audiencia de juicio político.

Hace algunos años no solo nadie se hubiese atrevido a decir eso, tampoco tanta gente se hubiese movilizado para defender a un fiscal, en este caso, Campagnoli.

Si seguimos repasando hechos de los últimos años, nos encontraremos con el fallido intento de hacerlo a Daniel Reposo Fiscal General de la Nación, después de que se supo de su mala performance académica y que había datos en su curriculum no muy exactos. No pudo pasar la audiencia.

Norberto Oyarbide, un ícono de la impunidad durante años, sufrió primero un escrache en un torneo de tenis, luego otro en la puerta de su domicilio.

El fenómeno de las redes sociales ha democratizado la agenda de los medios (en muchos casos deben seguir las tendencias de la gente) y también le ha dado “poder” al ciudadano común. Lo que los medios no cubren, las redes propagan. Lo que se dice en un horario de baja audiencia luego es propagado por Twitter. La gente se autoconvoca, se comunica y exige.

Córdoba también ha tenido lo suyo. Una foto difundida en Facebook fue motivo de recusación, luego desestimada, del juez federal Ricardo Bustos Fierro en la causa CBI.

La utilización de los medios es una herramienta muy eficaz para explicar causas que podrían resultar distantes o difíciles de comprender, pero la utilización de los medios también genera obligaciones. El Fiscal General de la Provincia, en una conferencia de prensa (en la cual no se le pudo preguntar a los expertos), respaldó enfáticamente las investigación realizada por la Policía Judicial en el caso de la muerte del policía Juan Alós. Al día siguiente, el fiscal federal Enrique Senestrari fustigó duramente, en distintos medios, la conferencia de prensa del jefe de los fiscales provinciales. En el pico de mayor tensión comenzaron los gestos para “distender”.

¿Después de haber tensado la cuerda de tal manera pueden pensar los funcionarios judiciales que al final de la investigación, cualquiera fuese su resultado, a la gente no le quedarán dudas? Afirmar que los jueces solo hablan por su sentencia parece algo fuera de moda en esta época, pero sería muy saludable retomar esa práctica.

Los jueces y fiscales no son súperhombres, pueden equivocarse, de hecho, algunos lo hacen con frecuencia, pero tampoco tienen las obligaciones del hombre común.

Tienen estabilidad en su cargo, la intangibilidad de sus salarios hace que sus remuneraciones sean más que significativas, exentas de Ganancias por cierto. Todo eso es porque se les ha otorgado la responsabilidad de administrar la justicia, un bien socialmente mucho más valioso que los fondos públicos que manejan los poderes ejecutivos. Es lógico entonces que la gente les pida que tengan pautas y comportamientos acorde a su investidura. Su designación no debe ser tomada como un “ascenso social” con los privilegios que ello implica. Todo lo contrario, la gente espera de ellos una conducta proporcional a la responsabilidad que significa juzgar las ajenas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *