Sábado , 23 de Septiembre, 2017
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Nota Editorial: Cristina no es Lula

La imputación a la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, por parte del fiscal Guillermo Marijuán, terminó de completar una semana record de la justicia Argentina. Se investigó, indagó y acusó al poder más en el último año y medio que en los últimos 10 años. La semana que pasó fue el momento estelar de la “nueva” justicia.

Cuando todavía no terminaban de caer los últimos escombros por la detención del empresario kirchnerista Lázaro Báez, el valijero Leonardo Fariña declaraba, estrenando la figura del arrepentido para casos de lavado de dinero, derivando en la imputación de nada más ni nada menos que de la ex Presidenta y del otrora poderoso Lulio De Vido, entre otras personas.

Antes que eso había sido detenido el ex secretario de Trasporte Ricardo Jaime, mientras que esta próxima se verá un verdadero desfile de figuras kirchneristas por los tribunales Federales de comodoro Py.

En el medio de malas noticias para el kirchnerismo estalló el Panama Papers, que sacó a la luz una sociedad Offshore en la que uno de sus directores es el Presidente Mauricio Macri. Por ello, el fiscal federal Francisco Delgado imputó al mandatario a raíz de una denuncia presentada por el  diputado nacional kirchnerista Norman Darío Martínez, por supuesta omisión maliciosa en su declaración jurada de funcionario público. Macri y su entorno subestimaron el tema al comienzo y creyeron que tal como ocurrió con el kirchnerismo durante años, con un simple comunicado alcanzaba porque la gente le creía. En los cómputos del macrismo no estaba la reacción de la justicia.

La ingenuidad de los hombres de Macri no tuvo en cuenta que, para muchos integrantes de la justicia, poder investigar a un gobierno peronista caído en desgracia, abandonado por el propio peronismo, se completa con investigar a un Presidente en ejercicio no muy acostumbrado a los golpes y además más pendientes de las formas que de los fondos. Así, en pocas semanas, muchos fiscales y jueces pretenden dejar en el olvido meses y meses de inacción judicial.

A esta altura es bueno reflexionar sobre algunas cuestiones básicas. ¿Alguien puede sensatamente sorprenderse por el desenlace de algunos temas judiciales? Por un momento habría que dejar de lado los cientos de renglones escritos y cientos de minutos de aire de investigación periodística e imaginarse solamente que un Presidente o un gobernador que declare, como hizo Néstor Kirchener en un canal de Tv del sur, cuando terminaba su mandato como gobernador que la función pública “lo había empobrecido”, que solo poseía una casa y un terreno, y luego eso y tras un mandato de él como gobernador y dos de su señora, terminan siendo ricos, ¿no sería lógico que deban rendir cuentas a la justicia?. O imaginemos el escándalo que desataría cualquier Presidente si se supiera que tiene un hotel que daría perdidas sino fuera alquilado en su totalidad (con las habitaciones vacías) por un empresario de la construcción cuyo único cliente es el Estado. Esos dos hechos, en cualquier país del mundo o en la Argentina no gobernada por el kirchnerismo, bastaría para un escándalo.

Recién este año en su discurso de apertura del año judicial, el presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Ricardo Lorenzetti, hizo un especial hincapié en la persecución de la corrupción. Recién este año se ven polémicas entre periodistas que trabajaron en medios afines al gobierno anterior y colegas de otros medios, es en este año que los tribunales de Comodoro Py serán visitados como nunca por ex funcionarios. Pero que todo ocurra recién ahora no debe sorprender a nadie, la inacción de algunos miembros de la Justicia Federal no tiene nada que ver con que Cristina Fernández de Kirchner haya hecho méritos suficientes para que al menos deba dar explicaciones a la justicia.

Algunas cosas tardíamente han comenzado a funcionar, lo cual es bueno para quienes imaginan un país con mayor calidad institucional. Nadie puede sorprenderse ni tampoco comenzar a ver conspiraciones contra el anterior gobierno ni contra el actual, ni tampoco buscar explicaciones en situaciones que se viven en países vecinos, después de todo, Argentina no es Brasil ni Cristina es Lula.

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