martes , 21 de mayo, 2019

Niegan que las políticas públicas afecten la rentabilidad del sector agrícola

“Le va a ir bien al que trabaja bien”, aseguró el Director de Ciampagna SA a la vez que consideró que “los márgenes económicos diferenciales entre una gestión partidaria y otra se basan mucho más en el efecto del clima que en el color político”.

El experto en Sistemas de Información Geográfica (SIG) Guillermo José Ciampagna minimizó el efecto de la políticas nacionales en la actividad agrícola y consideró que el resultado de la rentabilidad de los productores depende la “efectividad” para obtener resultados.

“La demanda está, ahora hay que ser cada vez más eficiente para obtener mayor rentabilidad”, remarcó Ciampagna.

En exclusivo con INC, el especialista explicó el uso que se le da a los SIG en el sector agrícola y aseguró que “los márgenes económicos diferenciales entre una gestión partidaria y otra se basan mucho más en el efecto del clima que en el color político”.

–          ¿Qué son los SIG y para qué sirven en el rubro agrícola?

–          Las siglas indican Sistemas de Información Geográfica y como todo concepto tiene una variedad de definiciones; quizás la más simple sea un sistema que relaciona mapas con datos. Sin embargo en la realidad, es mucho más que eso. La tendencia es que en toda organización haya un SIG compuesto por el programa que permite la administración de mapas y datos, la infraestructura necesaria tanto en lo que refiere a computadoras, servidores físicos o en la nube, teléfonos inteligentes y equipos de relevamiento como drones o simples dispositivos GPS, los procesos o flujos de trabajo que permiten transformar los mapas y datos en soluciones basadas en el territorio; la información, ya sea mapas o datos alfanuméricos y por supuesto, lo más importante: las personas. Ahora esto es bien técnico, casi de libro. Más simple aún es decir que un SIG permite encontrar soluciones a problemas desde el territorio, trabaja sobre una de las  grandes preguntas: “¿dónde?”. Es por eso que incluso algunos los denominan como “la ciencia del dónde” u otro concepto que está siendo moda “inteligencia geográfica“.

En cada industria o sector, la distribución geográfica es importante, pero en el agropecuario es indispensable ya que la manera más simple de modelarlo, es a través de mapas. Si uno piensa en un campo piensa en sus dimensiones, dónde queda, se imagina los lotes, las plantas y animales en él, todo ubicado en una región, con cierta realidad e innumerables relaciones geográficas que lo determinan, principalmente en cuanto a su suelo, su clima  y su cultura.

En el agro hoy existen cada día más aplicaciones basadas en tecnologías de la información: desde la agricultura de precisión y el manejo integrado de plagas, hasta cada una de las nuevas apps para el teléfono que resuelven problemas para el productor. Es impensado imaginarse una app para el agro que no tenga un mapa, con la imagen satelital, la relación clima/lugar y la posibilidad de tomar decisiones desde ese modelo del campo basado en datos concretos del campo. Eso es un SIG para el agro.

Existen dos grandes bases para la toma de decisiones: la intuición o la información, queda en manos de cada uno decidir qué camino tomar. Desde decidir qué campo arrendar en base al análisis de imágenes satelitales de años anteriores, que densidad de siembra elegir en función de los ambientes dentro de un lote o bien que semilla se comporta mejor en base a la ubicación del lote son decisiones a las que un SIG podrá dar respuesta evitando la intuición.

–          ¿Cuál es el principal uso que se le da a los SIG en el país?

–          Cuánto más profesional sea la toma de decisiones, más se basan en información y no en intuición, por eso es que las industrias más desarrolladas como la del petróleo, la minería y la agricultura son sin duda en donde los SIG hacen punta. Sin embargo, también existen sectores que prontamente se hará una regla trabajar con SIG, tales como el gobierno o sector público, o la inteligencia comercial. ¿Se imaginan acaso una ciudad que decida realizar una obra pública sin tener en cuenta dónde hacerla, qué servicios se superponen con ella, a qué barrios impactará, qué cantidad de población se verá influenciada?¿Se imaginan la apertura de un hipermercado o incluso de un local comercial pequeño, como puede ser una panadería o farmacia, sin analizar el mercado en dónde se ubicará en cuanto a la demanda (competencia que tendrá en ese lugar) como en la oferta (potenciales clientes se ubican en ese lugar)?  Ni hablar de apps de moda como Uber o EasyTaxi, o cualquier plataforma de reservas, todas se basan en datos sobre mapas. Es impensado reservar hoy un hotel sin fijarse en dónde queda y los lugares próximos a visitar. Los mapas hoy están en todos lados, en nuestro día a día, con solo mirar las apps en tu teléfono se darán cuenta, todas tienen “ubicación”: instagram, facebook, twitter, weather channel, etc., etc.

En el trabajo pasa lo mismo. Si podemos sacar una foto y poner su ubicación e incluso añadir un comentario en cualquier app de redes sociales, porque no utilizar ese poder en nuestros trabajos para relevar información en cualquier momento, en cualquier lugar. Hoy, cada teléfono inteligente es un sensor que permite captar datos ubicados en el territorio. Piensen en las tarjetas de descuentos en los hipermercados: ¿por qué registran tu dirección al darte de alta? Simplemente para saber qué compran las personas que viven en tu barrio y así tomar decisiones como la ubicación de una nueva sucursal o una política diferencial de precios por segmento de cliente. Eso es hoy un SIG, eso es inteligencia geográfica aplicada.

–          ¿Qué lectura se puede hacer del territorio argentino a partir de los datos geográficos obtenidos mediante esta herramienta?

–          Las fuentes de datos que alimentan un SIG es variada y cada una de ellas alimenta la posibilidad de conocer y así actuar sobre el territorio. Por ejemplo, a través de imágenes satelitales podemos conocer la cobertura del territorio en cuanto a grandes clases como área agrícola, forestal, minera, urbana, cursos y cuerpos de agua, monte y pastizales naturales, etc. Pero también podemos identificar elementos más específicos con imágenes de alta resolución o modelos de elevación digital como dentro de una ciudad los tipos de edificaciones, las áreas inundables o para el agro los tipos de suelo. Desde ya que identificar y cuantificar cultivos y analizarlos, pero también aplicaciones impensadas como en la exploración arqueológica o minera, o el análisis del tránsito no sólo vehicular sino también peatonal. Imaginense que hoy hay sensores que cuentan personas que pasan por cada cuadra incluso por cada local comercial, pudiendo así hacer mapas de tránsito peatonal que llevan a  aumentar o disminuir el valor inmobiliario por su potencial comercial. Hoy ubicar una antena nueva para telefonía celular se realiza en base a la lectura de la cantidad de equipos por lugar geográfico, o el trazado de una línea de gas o nueva ruta en base al valor de las expropiaciones a realizar y su costo según trazado. Para desarrollar políticas regionales en cuanto al manejo de cuencas hídricas es necesario modelar el terreno y allí sirven otro tipo de herramientas que poseen los SIG en cuanto análisis topográfico. Hacia adelante serán una obligación, hacia atrás y en el presente, lamentablemente solamente están siendo implementadas por aquellos que toman sus decisiones en base a información.

–          En cuanto a la aplicación para la actividad agrícola ¿Cuál es la superficie sembrada en Argentina y cuáles son los principales cultivos?

Es una pregunta muy difícil de responder cada vez que me la hacen, porque la respuesta es muy controversial. Nuestra empresa se dedica a detectar área sembrada de cultivos a lo largo de todo Latinoamérica desde hace más de diez años, basados en imágenes satelitales. Eso significa que demarcamos y cuantificamos los lotes de cada cultivo según lo que vemos. Es un método casi directo, en dónde nuestro error, es simplemente de detección. Lote que vemos como soja, suma para hectáreas de soja, y así para cada cultivo. Aclaro esto porque los datos que tenemos nosotros, son totalmente distintos a la mayoría de los datos oficiales, principalmente en aquellos cuyo método es a través de consultas a productores y experiencia por región, lo normal es consultar cuántas hectáreas se sembraron este año a una serie de productores a lo largo del país y compararla con años anteriores. Se llegaron a publicar datos oficiales que indicaban 22 millones de hectáreas de soja, mientras que nosotros en imágenes satelitales nunca detectamos más de 17 millones y medio…¡Es una terrible diferencia! Hoy la mayoría de las organizaciones están comenzando a utilizar métodos de medición como el nuestro y los números se están acercando, sin embargo es realmente muy difícil la labor y sobre todo es muy extensa la Argentina con muchas realidades diversas en cuanto a cultivos, clima, suelos y maneras de sembrar la tierra. Ese es el principal cultivo, la soja, y en dónde hay más diferencias. El segundo cultivo es el maíz, cuya superficie en los últimos dos años volvió a incrementarse bruscamente ganándole hectáreas a la soja, en número redondos la campaña pasada fue de 6 millones de hectáreas. Lo sigue el trigo y la cebada, ambos cultivos invernales con unos 5 millones más. Por detrás ya vienen cultivos cuyo desarrollo es más regional, tales como el girasol muy fuerte en el Noroeste argentino y el Sudeste de Buenos Aires, el sorgo en todo el centro y zona núcleo, el maní con fuerte desarrollo en Córdoba y creciendo hacia San Luis y La Pampa, luego ya cultivos de muy marcada regionalidad tales como el garbanzo de intenso crecimiento en el Norte de Córdoba o el poroto en el Noroeste argentino. Las pasturas no se quedan atrás, con la alfalfa como reina a lo largo de todo el país y luego verdeos de invierno como la avena. El resto de cultivos son de producción más intensiva aún, en dónde la papa es el de mayor superficie en cada una de las regiones en dónde se produce.

–          Como Agrónomo ¿Qué balance hace sobre el desempeño del sector durante la gestión de Cambiemos tanto a nivel nacional, como a nivel provincial? ¿Podría hacer una comparación con el gobierno nacional anterior?

–          Como agrónomo debo decir que el desempeño es el mismo y como persona también. El sector agropecuario argentino sigue estrategia de líder en costo, eso significa que se debe preocupar por hacer eficiente el sistema para obtener resultados. La demanda está, ahora hay que ser cada vez más eficiente para obtener mayor rentabilidad. Ser eficiente implica producir al menor costo posible obteniendo el mayor ingreso en relación. Con esto me refiero a que, por más que claramente las políticas públicas afectan a este como a todos los sectores, le va a ir bien al que trabaja bien. Quizás esto lo quiero transmitir más como un mensaje que como una realidad: debemos preocuparnos más por hacer mejor nuestro trabajo. Es imposible negar el efecto del ambiente externo sobre cualquier actividad, desde las políticas monetarias, cambiarias y fiscales, hasta aquellas productivas y de retenciones que afectan a la actividad; más claro que ahora aumentó la superficie de maíz por sobre la de soja, es obvio entonces. Sin embargo soy un convencido que los márgenes económicos diferenciales entre una gestión partidaria y otra se basan mucho más en el efecto del clima que en el color político. Es imposible esconder el efecto de la sequía sobre los granos que pasan por los puertos. Algún día el productor medio de Argentina se animará, como hoy ya muchos lo hacen, a intentar salir de la estrategia de líder en costo y pasar entonces a una de nicho o diferenciación; quizás allí si sea clave el trabajo mancomunado de cada actor social, por ahora, dependemos más de nosotros mismos y el clima, que del gobierno.

–          ¿Qué pronóstico puede hacer para los próximos años para el agro? siempre hablando de superficies sembradas y a sembrar.

Estabilidad. Los cambios en cuanto a cultivos y sus superficies implantadas no pueden ser repentinos por algo simple: las tecnologías. Para poder sembrar un cultivo y obtener su cosecha, es necesario tener tecnologías de insumos y procesos para ello, básicamente, desde la maquinaria necesaria hasta las semillas. Eso no se hace tan fácil. Por eso la mayoría siembra soja, porque es fácil, no porque sea rentable. El maní, la papa o la lechuga es más rentable que la soja, ahora la maquinaria y los procesos para sembrar soja, así como el personal, son mucho más sencillos de administrar en ese cultivo. Pensemos qué pasaría si toda la Argentina quisiera sembrar un cultivo como el arándano o la cereza, o cultivos anuales como el centeno porque de repente se hacen más rentables, ¿existen las semillas o las plantas necesarias para ello? ¿tenemos la maquinaria suficiente y adaptada para hacerlo? ¿sabemos cómo? Desde ya que no. Por eso es que seguiremos yendo por la soja, ojalá que cada año en menor cuantía, pudiendo aumentar la diversificación en base a números que atraigan a los profesionales del sector.

–          ¿De qué manera afectó el cambio del dólar en las superficies sembradas?

–          A nivel país muy poco, ahora bien en cada sector si impacta, ya que aquellos que vienen de una fuerte sequía se les hace cuesta arriba invertir en insumos en dólares necesarios para de nuevo arriesgar por un cultivo más rentable. Ellos caerán en la soja seguramente, que requiere menos inversión por hectárea, es menos riesgosa, pero también trae consigo márgenes menos llamativos. El grande seguirá apostando por la diversificación, clave para el éxito en toda organización, apostando un poco más por cultivos cuyo precio de venta aumentó en dólares por su base exportable, siendo que los insumos aumentaron por igual. Un cambio que es silencioso pero tarde o temprano llega es el de la producción animal, pero lamentablemente volvemos a luchar con la complejidad como barrera de ingreso. Es mucho más simple sembrar soja que producir carne. Otra barrera de la cual es complejo hablar, es la del personal. Los productos de mayor margen son los de mayor necesidad de personal, y lamentablemente hoy el empresario nuevo le escapa a las personas. Está en nosotros arriesgar confiando en que las personas son las únicas que brindan un valor total al sistema, para dejar de pensar en ser el rico del pueblo, por comenzar a enriquecer a los pueblos.

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