viernes , 22 de noviembre, 2019

Moreno estaría detrás de la remoción de Argüello

El secretario de Comercio Interior de la Nación, Guillermo Moreno, sería el responsable del desplazo del embajador de Estados Unidos, Jorge Argüello, luego de cumplirse de un año en la asunción de su cargo.

Al parecer, un conflicto entre ambos funcionarios selló el destino del diplomático, quien ya tenía una relación tirante con el ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Timerman.

Según las versiones que circularon en las últimas horas, el embajador empezó a tener los días contados a raíz de un aparente aviso tardío del fallo del juez Thomas Griesa a favor de los acreedores externos, un hecho que desencajó al oficialismo mientras se encontraba en medio de la disputa por el embargo de la Fragata Libertad en el continente africano.

Sin embargo, el factor determinante fue una discusión con el secretario de Comercio Interior, vinculada con la política comercial argentina. Según dicen, a Moreno no le gustó nunca el perfil dialoguista del diplomático.

Argüello algo intuía desde noviembre, cuando Moreno viajó con Cecila Nahón, la actual embajadora de los EE UU, sin adelantar los motivos de su viaje: no hubo siquiera un llamado de cortesía.

Durante ese viaje, Moreno se reunió con distintos funcionarios estadounidenses y a su regreso dio instrucciones por teléfonos a funcionarios de la embajada, desconociendo la autoridad del representante argentino.

Enojado, el 5 de diciembre Argüello llamó a Moreno para quejarse por la intromisión. Los testigos dicen que la conversación fue durísima y que hubo insultos cruzados.

“No me voy a bancar que me traten de esa manera”, indicó el diplomático a sus allegados antes de que se decretase la salida anunciada.

La semana pasada, con el segundo viaje de Moreno a Washington, la situación de tensión escaló a niveles irreparables. El secretario viajó junto a Nahón, la reemplazante de Argüello.

Si bien Nahón informó su llegada y desde la Embajada se encargaron de enviar un auto a buscarla, Moreno ignoró por completo a la diplomacia argentina; la decisión estaba tomada y su oficialización era cuestión de horas.

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