lunes , 23 de septiembre, 2019

Lo que deja la renuncia de Righi

Con una medulosa carta de dos carillas dirigida a la presidenta Cristina Fernández, Esteban Righi- un histórico de lo que fue la “tendencia peronista”- abandonó su cargo de Procurador General de la Nación, en el cual fue designado por el extinto Néstor Kirchner. Righi, un veterano y prestigioso abogado, conocedor afondo de la lógica de la función pública, es quizás, el único involucrado en el Boudougate, que ha tomado verdadera conciencia de la gravedad institucional de los hechos que rodean al vicepresidente de la Nación.

El ahora ex Procurador comprendió como nadie, que después de la desopilante conferencia de prensa brindada por Boudou y, sus gravísimas acusaciones, no había margen para aclaraciones de ningún tipo. Primero dejó que trascendiera su dimisión, de la mano justamente de los sectores kirchneristasmas refractarios a la figura de Boudou. No fue por descuido, sabía que intentarían persuadirlo de su permanencia en el cargo por eso su decisión fue que se supiera públicamente antes que llegaran los llamados. Quizás el más importante, fue el del secretario Legal y Técnica Carlos Zanini, el hombre del gabinete que sabe como nadie lo que significaba tener un hombre de peso como Righi al frente jefe de los fiscales.

Zanini, considerado por muchos como el más ideologizado de los hombres de la Presidenta, por estas horas masculla lo que no puede decir en voz alta: no acepta que el escándalo de Boudou se lleve nada menos que al ex ministro de Héctor Cámpora.

Righi ha tomado dos decisiones inamovibles, ambas van a complicar y mucho al Gobierno. La primera, renunciar a la Procuradoría; la segunda, tal como se lo adelantó a sus allegados, es llevar hasta las últimas consecuencias judiciales las denuncias realizadas por Boudou.

Righi ha dado un mensaje contundente, más allá de las entrelíneas de su carta: él, por mucho menos renunció en forma inmediata, Boudou en tanto,no amaga ni con una licencia hasta aclarar todo.

La renuncia de Righi, no es una salida para el Gobierno nacional, empecinado en pagar costos para salvar al Vicepresidente. A partir de ahora dos cosas pueden ocurrir: la primera que la justicia le dé la razón a Boudou y quede demostrado que el jefe de los fiscales tenía una trama de influencias y conexiones con los juzgados federales, lo cual sería gravísimo por su cargo y daría a pensar a más de uno porqué fue elegido como abogado defensor en causas penales contra Néstor Kirchner y Guillermo Moreno, entre otros.

La segunda es que la denuncia de Boudou no pueda ser demostrada, lo que indicaría que el Vice hizo crujir las instituciones para encubrir su supuesto tráfico de influencias.

Cualquiera de las dos opciones son de un costo devastador para la Presidenta. Righi no cerró una puerta, ha abierto un gran portón por donde seguirán colándose costos y credibilidad a una administración que no termina de entender que para la ciudadanía es más importante saber si el Vicepresidente hizo o no lo que se dice, que conocer las motivaciones que tienen los que lo acusan.

 

 

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