martes , 19 de noviembre, 2019

La planta cloacal de Carlos Paz trabaja al 30% de su capacidad

A cinco años de la inauguración que hizo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, la planta de tratamientos cloacales de Carlos Paz funciona al 30% de su capacidad y resulta un “imperativo” su aprovechamiento para mitigar la contaminación del lago San Roque. La información se conoció en momentos en que la ciudad se encuentra debatiendo qué hacer con el principal reservorio de las sierras, que atraviesa un marcado proceso de eutrofización originado por los efluentes cloacales.

Con una inversión total de 90 millones de pesos, la planta ubicada sobre la Variante Costa Azul tiene una infraestructura modelo en América Latina y se encuentra preparada para aportar una solución definitiva a la problemática que más afecta a los carlospacenses: las cloacas. Sin embargo, el lento avance de las redes domiciliarias impidió que la misma sea utilizada en toda su capacidad.

El 70% de los domicilios de la ciudad siguen utilizando “medios contaminantes” y atentan contra un reservorio que sufre la degradación de su fauna ictícola y la proliferación de las algas. Y no es un dato para despreciar, teniendo en cuenta que el lago se encuentra mayormente afectado por los desechos cloacales que originan una mayor cantidad de fósforo. Pese a que la Nación realizó las inversiones necesarias para instalar las redes colectoras, las estaciones elevadoras de bombeo y la moderna planta de tratamiento de líquidos cloacales, la realidad es que se deben sumar más conexiones. Las sangrías en los domicilios no alcanzan el tratamiento terciario que necesitan las aguas y las plantas que funcionan en el “radio servido” son insuficientes para eliminar el fósforo.

Actualmente, la estación de Costa Azul envía los líquidos al desarenador, que retiene todos los sedimentos arenosos y los deriva hacia las piletas o zanjas de oxidación. Posteriormente, éstos son depositados en dos grandes cisternas donde se sedimenta el contenido, decantando los coágulos por su propio peso hacia el fondo. A parir de ese proceso, el líquido se manda a compartimentos llamados floculadores, cuya función es separar el material líquido del sólido. Una vez concluido el proceso, se traslada el material hasta la estación de bombeo de barro que impulsa el contenido a las dos nuevas piletas sedimentadoras, donde se repite la sedimentación y decantación del agua.

En su etapa final, los líquidos son dirigidos hacia la cámara de contacto, que es donde se produce la cloración, acción fundamental para la depuración; y una vez que los líquidos fueron depurados, son devueltos al lago San Roque. Sin embargo y pese a la importancia de este proceso, la realidad es que los especialistas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) reconocieron que se deberá ampliar el volumen tratado en la planta y sumar conexiones para mejorar el tratamiento del lago.

 

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