jueves , 19 de septiembre, 2019

Nota editorial: La necesidad tiene cara de hereje

La cultura política Argentina ha resignado varios cosas en la siempre intricada relación que une con lazos de amor y odio, muchas veces sin escala, a los dirigentes y la gente.

Como es nuestra costumbre, pasamos de un extremo al otro sin titubear. Durante mucho tiempo los aparatos partidarios avanzaban a contramano de los deseos sociales, la explicación era que los fundamentos ideológicos de los rumbos o acciones, era difícil de entender para el hombre común cuyo rol, era simplemente el de confiar.

Producto de fracasos y reproches, pasamos al otro extremo, en que es difícil encontrar en la génesis de muchas decisiones políticas de hoy, una idea vinculada a valores ideológicos. La falta de formación política, en algunos casos, y la poca convicción en las propias ideas en otros, se justifica ahora en “es lo que la gente quiere”. Renunciar a las ideas, primera resignación.

La segunda, consecuencia de la primera, es que el mapa político de hoy casi no muestra alianzas políticas con fines electorales. Hay simplemente sociedades políticas, cuyos cimientos son tan endebles como incierta su duración.

En Córdoba tenemos algunos ejemplos sobresalientes, veamos:

El peronismo local renunció hace muchos años a que se lo visualice como lo que es, el Partido Justicialista, nombre que quedó archivado cuando nació la sociedad Unión por Córdoba, con la que llegó al poder (sus orígenes están en Unión de Fuerzas Sociales primer intento de maquillaje peronista). Sería poco serio afirmar que hoy Unión por Córdoba es una coalición de partidos, en todo caso habrá expresiones políticas que adhieren a lo que resuelve el peronismo delasotista.

Esta semana pasada, el gobernador José Manuel de la Sota anunció en Buenos Aires su acuerdo con Sergio Massa para competir juntos en las PASO de agosto. Las primarias son para que los partidos o las alianzas diriman quiénes serán sus candidatos, es decir que de pronto De la Sota y el trigrense han encontrado tantas coincidencias que participarán juntos.

En este caso no hay que esperar que algún periodista memorioso recuerde los dichos de unos sobre otros, ya que en algunas páginas del promocionado libro de De la Sota se pueden encontrar párrafos que harían difícil explicar una alianza con Massa. Es lógico, solo se trata de una sociedad con plazo de extinción. Massa venía en picada en su carrera presidencial, hace una semana su candidato en la Capital Federal no sacó el mínimo de votos necesarios para entrar en las PASO porteñas, por lo que necesitaba un sparring conocido y con territorio. El cordobés cumplía los requisitos.

De la Sota, por su lado, nunca estuvo en picada en su carrera presidencial porque simplemente la sobrevoló, sin alcanzar una altura significativa. La necesidad de contar con una referencia nacional (sus principales opositores en Córdoba la tienen) lo llevó a buscar un presidencial que no le resultara muy “caro” en términos políticos. Con Massa, el único obstáculo era Olga Riutort, enrolada con el candidato bonaerense, pero que no reconoce  al candidato delasotista a la intendencia en la ciudad de Córdoba. A la altura de las necesidades en que se encuentra Unión por Córdoba y el propio De la Sota, eso ya no es obstáculo.

El otro ejemplo cordobés es la triple Alianza de radicales, juecistas y macristas. Desde el comienzo se supo que no había alianza entre tres partidos. El liderazgo excluyente que ejercen Mauricio Macri y Luis Juez hace que ni el PRO ni Frente Cívico se comporten como partidos.

Macri razonó más como empresario que como político, lo cual no es reprochable ya que tiene más años en el empresariado que en la política. Tal como en las sociedades de capital y trabajo, Macri puso condiciones para aportar “su capital político” a sus socios cordobeses. Impuso un candidato a gobernador, Oscar Aguad, con quien tiene muchísima empatía, y de ahí para abajo la lógica sigue siendo societaria no política.

El mensaje del candidato, su comunicación, y el formato de campaña los determinó el PRO (el socio que aporta el capital). El único límite que hasta ahora se autoimpuso el macrismo fue el de los nombres que aportaran el radicalismo y el juecismo para los legisladores provinciales, lo demás todo quedó en manos del PRO. Juntos por Córdoba termina siendo una sociedad en la que todos encuentran solución a sus problemas: Macri no tenía candidato propio, Juez necesitaba reinventarse y los radicales quieren volver al poder a cualquier costo.

A Macri no le gusta tener sociedades y si las circunstancias obligan a tenerlas no acepta no tener la conducción de las mismas. Cualquiera que estuviera en un proceso de construcción de un nuevo partido político hubiese vivido una interna como la que protagonizaron Horacio Rodriguez Larreta y Gabrila Michetti como una consecuencia del crecimiento, pero Macri lo vivió como un acto de desobediencia inaceptable.

A De la Sota no le gusta compartir palcos, a Macri no le agrada compartir decisiones, pero la siempre cambiante política Argentina los lleva a sellar sociedades en donde no hay affectio societatis, sino más bien sustos y necesidades.

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