lunes , 10 de diciembre, 2018
Luis Juez

Juez le pidió al senador Martínez que vote en contra la legalización del aborto

“No me perdonaría sentir que un amigo está por equivocarse y no hacer nada para evitarlo, aunque eso me cueste la relación misma”, dijo el funcionario en una carta abierta dirigida al legislador cordobés.

El titular del Instituto Nacional de Capacitación Política (INCaP), del Ministerio del Interior, Luis Juez, publicó ayer una carta abierta dirigida al senador nacional Ernesto Martínez, a quien solicitó que vote en contra de la Ley de Despenalización del Aborto,  proyecto que ya tiene media sanción de Diputados.

En el escrito, el ex intendente aseguró que “el contenido de lo que están tratando me mueve hasta las entrañas” y se refirió a su caso particular al recordar que decidió “seguir adelante con una vida que venía complicada y que demandaría mucho esfuerzo acompañar su desarrollo y sostenimiento”, en referencia a su hija.

“Cómo le explicaría a esa personita, o como lo harías vos, después de lo que hicimos, que hoy pienso distinto y que hasta levantaría la mano para que en mi país, la vida indefensa, la que viene complicada o que puede complicarnos, puede eliminarse como si nada”, resaltó.

A continuación la carta completa:

CARTA ABIERTA A MI QUERIDO AMIGO, EL SENADOR NACIONAL, ERNESTO MARTÍNEZ

Querido amigo: aunque sabés que no soy afecto a los escritos, porque me gusta hablar de frente y mirando a los ojos, hoy he tomado la decisión de escribirte, con la esperanza de que puedas leerlo las veces que lo consideres. Quiero que sepas que la estoy pasando mal, que lo que está en juego en el Senado por estos días va más allá de la sanción de una ley.

El contenido de lo que están tratando me mueve hasta las entrañas. Sabés muy bien, porque nos conocemos hace muchos años, lo que implicó para mí y mi familia seguir adelante con una vida que venía complicada y que demandaría mucho esfuerzo acompañar su desarrollo y sostenimiento. Cómo le explicaría a esa personita, o como lo harías vos, después de lo que hicimos, que hoy pienso distinto y que hasta levantaría la mano para que en mi país, la vida indefensa, la que viene complicada o que puede complicarnos, puede eliminarse como si nada. Vos y yo sabemos muy bien que, más allá de lo que algunos dicen, lo que se está formando es una persona.

Hoy estás en lugar de honor para el país y, porque también estuve ahí, puedo sentir el peso que implica una decisión, porque todo el tiempo estoy decidiendo qué hacer y qué no, pero siempre tratando de buscar lo mejor, más allá de lo que otros puedan decir o pensar de mí y, sobre todo sin renunciar a los sueños, a los que adherimos juntos cuando empezamos esto.

Quiero hablarle al amigo, más que al compañero de militancia, para que sepas, sin ninguna duda, que no creo que el aborto sea algo sencillo y rápido y que en media hora se terminan los problemas; que no creo que de esa manera se salve una vida, sino que se arruinan dos. Siempre que hablamos de política o de cualquier cosa lo hago con la cabeza y con el corazón, no sé hacerlo de otra manera, y esta carta no es la excepción. 

Lo mejor que puedo hacer por un amigo que enfrenta una situación complicada es ofrecerle, de manera sincera y sin medias tintas, lo que yo haría en su lugar, y que vos levantes la mano aprobando, no me es indiferente, no es una ley más para mí. Siento que tenemos que crecer en libertad, pero también en responsabilidad, es lo que siempre le transmití a mis hijos, y sé que vos hiciste lo mismo… que hay que honrar la palabra dada, que había que cuidar a los amigos, que hay que decir siempre la verdad aunque tuviera su costo; que si nos equivocábamos en algo había que dar la cara, que las deudas se pagan y que los compromisos se cumplen… No me imagino desdiciéndome de todo eso, especialmente frente a mis hijos y delante de muchos jóvenes y chicos con los que me encuentro todos los días cuando voy o vuelvo del trabajo…

Amigo, soy consciente que hay muchas cosas que han cambiado en la sociedad, pero ni puedo ni quiero dejar de lado aquello de lo que estoy convencido y es que si la salida es sacarnos de encima a los más vulnerables, como personas estamos frente a un verdadero problema.

Siempre nos unieron los sueños por nuestros hijos, siempre le opusimos resistencias a las propuestas fáciles porque nuestras convicciones son el principal recurso que tenemos; siempre nos inclinamos por los más débiles, por los que nadie escucha, por aquellos a los siempre olvidaron. Hoy tengo la necesidad, como amigo, de decirte que cuando uno se pone al lado del más débil nunca se equivoca y, coherente con eso, y frente al proyecto que hoy se discute en el Senado siento la urgencia de pedirte que vuelvas a los orígenes de nuestros proyectos. Hoy volvemos a estar en esa disyuntiva: escuchar lo que de alguna manera nos da la tranquilidad de hacer lo que todos hacen o, como muchas otras veces lo hicimos, poner la mirada y la mayor atención en el más débil, a quien nadie escucha, el más indefenso.

Podemos discutir miles de estrategias, de planteos de propuestas, pero no podemos ni debemos olvidar o, peor aún, traicionar nuestras ilusiones, a aquellos por los que dijimos que nos metimos en la política.

Es cierto, cada uno es libre de resolver de acuerdo a su conciencia y sabes que soy un tipo que respeta eso hasta las últimas consecuencias, y precisamente es mi conciencia la que me impulsa a escribirte estas líneas. No me perdonaría sentir que un amigo está por equivocarse y no hacer nada para evitarlo, aunque eso me cueste la relación misma. Desde ese lugar te escribo, desde el afecto y el respeto que te tengo, y vos lo sabés, pero mis convicciones, mis ilusiones, aquellos que me impulsan a levantarme después de cada caída, son los que me empujan a decirte que estoy convencido que luchar por las dos vidas es más amplio, más comprometido, más generoso y, por qué no decirlo, más arriesgado que la otra opción.

Al decirte esto me vuelven recuerdos de la gestión municipal en la que, más de una vez, la voz de la mayoría nos proponía una salida que no implicaba riesgo, que nos invitaba a quedar bien con todos y, sin andar con especulaciones ni mezquindades elegíamos no traicionar nuestros principios y nuestras convicciones. Hoy, como hace años, pero más que nunca tengo las más profunda y firme convicción que estar del lado del más indefenso puede ocasionarnos algunas incomodidades, pero no nos traerá ningún reclamo a los motivos profundos por los que vos y yo estamos en la política.

Luis Juez

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