domingo , 18 de agosto, 2019

Francisco rompió el protocolo ante una reina árabe

En el amplio y tabulado mundo de la diplomacia universal hay gestos que, a simple vista, parecen inocentes, pero que generan crónicas sobre su significado y, por supuesto, críticas a favor y no tanto.

El pasado jueves 29, el papa Francisco recibió en la biblioteca papal a los reyes de Jordania en una audiencia que se prolongó por casi media hora.

Esta reunión se dio en el marco de una delicada situación en Oriente Medio y 24 horas antes del anuncio formal del ataque de Estados Unidos a Siria. Por eso, en el encuentro del Sumo Pontífice con los reyes Abdullah II y Rania, según señalaron las crónicas de los medios del mundo, la “cuestión Siria” fue central y generó un comunicado conjunto donde se ratificó la oposición a cualquier ataque.

En el mencionado mensaje, redactado antes de conocerse la decisión del gobierno de Estados Unidos, histórico aliado del reino de Jordania, se reafirmó que “el camino del diálogo y las negociaciones entre todas las partes de la sociedad siria, con el apoyo de la comunidad internacional, es la única opción para poner fin al conflicto y la violencia que cada día causan la pérdida de tantas vidas, sobre todo entre la población indefensa”. Igualmente, Washington –con el apoyo del gobierno francés– eligió otro camino.

Fuera de esta importante cuestión, otro momento del encuentro fue destacado por la prensa, obviamente, con opiniones encontradas. El mismo lo protagonizó el Papa al concluir la reunión con los monarcas jordanos. Luego de despedir al rey Abdullah II, tomó la mano de la reina Rania y, ante la sorpresa de ésta, se inclinó a modo de reverencia.

Esa fue la foto que resumió la reunión y, para muchos, fue un nuevo ejemplo de un Papa que desde su llegada al Vaticano ha hecho del “no protocolo” un sello personal. Para otros, aquellos de mirada conservadora, esa inclinación ante una monarca musulmana no correspondía. Pero, en un hombre que ha llegado a la más alta jerarquía eclesiástica, ningún gesto es azaroso o impulsivo, sino todo lo contrario.

Rania, por su parte, también tuvo su gesto en su encuentro con el Papa. Esta mujer, que en su Facebook se define como “madre, esposa, jefa, abogada, solidaria, y reina” (sic), es musulmana. Sin embargo, si bien siguió todas las indicaciones de vestuario impuestas para ingresar al Vaticano, cubrió su cabello con un velo blanco, que es el destinado a las reinas de religión católica. El llamado “privilegio blanco” corresponde sólo a las reinas de España y Bélgica, la gran duquesa de Luxemburgo, y a la princesa de Mónaco.

 

 

 

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