martes , 15 de octubre, 2019

Francisco pidió por los inmigrantes y los hambrientos en el Vía Crucis

Fue su séptima celebración como pontífice. Las meditaciones para el Vía Crucis tuvieron como eje la inclusión de la mujer, lo inmigrantes y los hambrientos.

Las “puertas cerradas” a los inmigrantes “a causa del miedo y de los corazones blindados por cálculos políticos”, pero también una Iglesia dividida que sufre los asaltos no solo del exterior sino también del interior, son “las cruces del mundo de hoy”, dijo el papa Francisco.

El pontífice pronunció ayer estas palabras al culminar el Via Crucis en el Coliseo romano. También se refirió a la pedofilia como mal actual al hablar de “los pequeños heridos en su inocencia y en su pureza”.

Bergoglio llevó ante la cruz de Cristo, en este Viernes Santo, también a los ancianos que son abandonados “hasta por sus propios hijos” y a los consagrados que perdieron su vocación, “su amor”, como lo definió. Pero están, además, “nuestras hipocresías” de cada día, “nuestras numerosas promesas rotas”, sostuvo.

En un día en que muchos jóvenes salieron a las calles para llamar la atención sobre el medio ambiente, siguiendo al movimiento estudiantil impulsado por la joven activista sueca Greta Thunberg, el Papa se refirió también a los temas de su encíclica Laudato Si: citó entre las “cruces” aquella “de nuestra casa común que se marchita seriamente ante nuestros ojos egoístas y ciegos por la avidez y el poder”.

Francisco pronunció su plegaria al término del recorrido de las catorce estaciones del Vía Crucis, en el curso de las cuales tuvieron lugar las meditaciones y plegarias confiadas a la hermana Eugenia Bonetti, una vida dedicada a arrancar de la esclavitud a las jóvenes víctimas de la trata de mujeres.

Y en la concreción de aquellos que trabajan todos los días para aliviar los sufrimientos de quienes están en el camino, el Papa llamó a rezar contra todos los “muros” y “barreras”. Durante el recorrido, también se habló de las niñas obligadas a prostituirse, de la vida de degradación en las barracas de las periferias y se rezó por los inmigrantes que atraviesan desesperados el Mediterráneo, que se convierte en una “tumba de agua” para ellos.

Entre quienes llevaron la cruz se destacaron varias religiosas que, como la hermana Bonetti, se ocupan de las personas explotadas, de las misioneras de la Consolata, de las Canossianas, de las de la Casa de Ruth di Caserta y de las Palotinas.

(Fuente: Ámbito)

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