lunes , 17 de diciembre, 2018

Nota de opinión: El primer Balotaje presidencial – Argentina define entre dos visiones de país, por Gabriela Estévez.

Por Gabriela Estévez, Gerente Regional ANSES Cba. y Diputada Nacional del FPV por Córdoba.

El domingo próximo asistiremos a una nueva elección, esto ya es un motivo de festejo y orgullo para un pueblo que demuestra la legitimidad de las instituciones básicas de la democracia mediante los altos niveles de participación.

Hemos podido transitar un camino donde la democracia se ha fortalecido, en comparación con el desinterés reinante en los 90’, pasando por la desilusión del que “se vayan todos” propia del fin de siglo; a este rejuvenecer del compromiso y la participación.

Surge aquí otro dato de carácter novedoso que motiva aún más el nivel en que la ciudadanía ha decidido involucrarse. Y es que Argentina se encuentra ante el primer Balotaje de su historia. Una instancia de definición total, pues aunque se intenten maquillar posiciones o existan quienes crean que es lo mismo, está claro desde hace tiempo, pero sin lugar a dudas desde el domingo pasado, luego del debate, que se trata de la definición de dos visiones de país diametralmente distintas en sus propuestas y definiciones.

Es importante aquí no confundir la discusión que gira en torno al Balotaje. No es una cuestión de formas, aunque algunos medios insistan en ponerlo en esos términos. El punto central que definiremos pasa por las decisiones que tomará el próximo gobierno en ejercicio, sus prioridades. A lo largo de la historia argentina hemos sido protagonistas de medidas tomadas con los mejores modos que terminaron perjudicando a millones hasta hundirnos en la peor de las crisis en 2001. Hemos visto también otros modos, más frontales y duros, pero sobre los cuales se han gestado las medidas más revolucionarias en materia social de los últimos 50 años.

Las formas son un aspecto secundario, el verdadero debate debe pasar por decidir el cambio que queremos para nuestro país. Pues allí se jugarán los próximos cuatro años, el de cada uno y el de los 40 millones de argentinos. No cabe duda que lo hecho en estos 12 años por el gobierno nacional ha logrado significativas conquistas, estableciendo pisos de dignidad desde los cuales construir el futuro. Lo que tendrá que dirimir el elector es si ese cambio será un proceso de mejoras y correcciones que a la vez de continuidad y profundice las políticas bien implementadas con un candidato que garantice ese cambio sin los riesgos del pasado y que ha interpretado los deseos y reclamos que manifestaron con su voto distintos sectores sociales.

O si se opta por un candidato que representa cambio rotundo, que promete aquello que cuando tuvo la oportunidad voto en contra, que promete lo que no ha implementado en la ciudad donde gobierna, que promete aunque sus declaraciones y la de sus asesores sean en sentido contrario.

Sin duda nos convoca una responsabilidad histórica que deberá hacerse con conciencia, informados y luego de meditar donde estábamos, donde estamos ahora y hacia dónde queremos ir o no volver.

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