sábado , 21 de septiembre, 2019

Nota editorial: En una semana pueden cambiar muchas cosas

En las campañas electorales lo que sucede en una semana puede generar un cúmulo de sensaciones como si hubiesen transcurrido más de siete días. Si uno repasa lo ocurrido en la política nacional desde el primero de enero a esta parte, la evolución de los acontecimientos es tan vertiginosa que no deja de sorprender.

Todos los encuestadores serios señalaron a partir de la segunda quincena de enero y a lo largo de todo febrero un repunte importante de Mauricio Macri, que es coincidente con la caída de la imagen presidencial. Ambos hechos tenían un lazo que los une: el caso Nisman.

Cuando la sociedad se vio sacudida por la muerte aún no aclarada de quien era el fiscal de la causa Amia, Alberto Nisman, las acciones de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner cayeron en picada.

La ola negativa alcanzó, de distinta manera, a todo el peronismo. Macri logró instalarse como una de las dos primeras opciones presidenciales.

El jefe de gobierno porteño llegó a esa instancia por estar asociado  a valores que la gente hoy busca y necesita: diálogo por encima de confrontación; apertura en vez de cierre; tolerancia y no agresión.  Eso lo llevó a la consideración social, aunque poco haya dicho de su plan económico, ni lo que ocurrirá con la gran cantidad de fondos públicos que hoy se llevan los planes sociales o el desequilibrio que produce en la balanza comercial del país la importación de energía, por sólo mencionar algunos ejemplos. Mucha emoción y poca racionalidad, la receta de siempre de Jaime Durán Barba.

La decisión de la administración kirchnerista de ir por la memoria de Nisman, con Aníbal Fernández como su principal ariete, generó reacción en un primer momento, pero luego cumplió su cometido. Muchos de quienes se identificaron con la marcha denominada 18F no dejaron de creer en Nisman, pero dejaron de exhibirlo como modelo de lucha. Cristina comenzó a campear el temporal y Macri comenzó a conocer su meseta electoral.

En la segunda quincena de marzo, el kirchnerismo salió de su shock pero la proliferaron de sus candidatos, sumado a la debilidad que mostraba Sergio Massa, le dio un nuevo impulso a Macri.

En los pasados siete días ocurrió lo que antes había sucedido en meses. Es lógico, estamos en campaña.  El lunes a la noche era el esperado regreso de Marcelo Tinelli a la pantalla chica. Un día antes, en una entrevista publicada por el diario Perfil, el conductor ya daba claras pistas que se había reconciliado con el kirchnerismo.

La noche que se presentaron los candidatos y sus imitadores, Macri perdió en un terreno que se suponía le era favorable. Su imitador exageró algunos rasgos que lo incomodaron, la pregunta de Tinelli sobre a que le tienen miedo los argentinos y la falta de respuesta de Macri, completó una noche que el líder del PRO hubiese deseado no hubiese pasado nunca.

Daniel Scioli por el contrario, se llevó un aprobado sobresaliente con la ayuda indiscutida de su mujer, Karina Rabbolinini, con una estética cada vez más similar a Clare Underwood (la esposa del protagonista de House of Cards), que con las respuestas apropiadas completó la presentación de su marido. Sergio Massa, una vez más, fue menos del mismo.

En esa semana también Cristina concluyó su plan para engordar la canasta de votos del Frente para la Victoria, bajo a todos los candidatos a presidente y dejó solo dos en carrera. Un Scioli que le saca ventaja a un Florencio Randazzo, cada vez más identificado por los modales K, el kirchnerismo duro no dudará en votarlo, en tanto Scioli cosechará todos los votos de quienes quieren un cambio de estilo. Segunda mala noticia para Macri.

La tercera llegó de la mano del club de sus amores el jueves por la noche. La Bombonera estaba repleta para una nueva edición del superclásico Boca-River. Macri había invitado a sus socios cordobeses que lo acompañaran en un palco. Aceptaron gustosamente los radicales Oscar Aguad y Ramón Mestre. Luis Juez y Héctor Baldassi declinaron la invitación, este último advirtiendo que sería un partido difícil, lo que resultó premonitorio.

El escándalo deportivo mundial por la agresión a los jugadores de River explotó de lleno en el PRO. Su líder Mauricio Macri había apoyado decididamente a Daniel Angelici actual presidente xeneize. Una serie de nombres se repiten en el gobierno de la ciudad y la comisión directiva de Boca Juniors. En Buenos Aires hablar de Boca es hablar del PRO.

Horas antes del partido una nueva gestión se había realizado para que el trigense Sergio Massa decline su candidatura presidencial se asocie a Macri y pelee la gobernación provincial, pero una vez más las gestiones no tuvieron resultado positivo. Entre los massistas que resisten el acuerdo se encuentra nada menos que Magdalena Galmarini, esposa de Massa.

El viernes durante su estadía en Córdoba, Macri exhiba  en su rostro la secuela de una semana que estuvo lejos de sonreírle.

La semana que comienza, por el contrario, le traerá finalmente el acuerdo con Massa y estarán concluidas algunas encuestas, una de ellas en Córdoba, que según le anticiparon los responsables de los sondes serán “buenas noticias”, para el candidato de Juntos por Córdoba. Quizás allí se lo vea sonreir nuevamente a Macri.

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