martes , 24 de septiembre, 2019

El Papa defendió el celibato y dijo que nunca habrá mujeres sacerdotes

En la homilía del Jueves Santo, Benedicto criticó a los curas rebeldes que quieren la modernización de la Iglesia. También negó la posibilidad de la comunión a los divorciados vueltos a casar.

El Papa eligió ayer la misa Crismal del Jueves Santo, dedicado al sacramento del sacerdocio al comenzar el Triudo Pascual, para lanzar un duro mensaje contra la perspectiva de un cisma progresista que está ganando espacio dentro y fuera de Europa, piloteado por 400 curas de Austria que hicieron un “llamado a la desobediencia”, liderados por el “Lutero austríaco”, monseñor Helmut Scheller. La situación en la Iglesia “es con frecuencia dramática”, reconoció el pontífice para después criticar aquellos que apuestan al sacerdocio de las mujeres, al casamiento de los religiosos y permitir la comunión a los divorciado vueltos a casar.

En el Vaticano conservador y tradicionalista, sacudido por peleas y emboscadas entre facciones que desprestigian la figura de Benedicto XVI, el “movimiento de los párrocos” es considerado directamente una herejía que hasta llega, horror, a pedir que se extienda el sacerdocio a las mujeres, la otra mitad del cielo.

Confirmando su preocupación por estas ebulliciones internas, el pontífice alemán Joseph Ratzinger denunció en la homilía de la misa, ante diez mil fieles –entre ellos 1.600 cardenales, obispos y sacerdotes–, la “desobediencia organizada”.

Los sectores conservadores hegemónicos en el Vaticano reclaman “medidas canónicas sancionatorias ” contra los clérigos que reclaman reformas avanzadas en la Iglesia, como el sacerdocio femenino, el fin del celibato obligatorio de los sacerdotes, el permiso para que puedan comulgar los católicos divorciados vueltos a casar, amplias aperturas en la moral sexual y una mayor participación de los laicos en el gobierno de la Iglesia. Por ejemplo la ordenación de jefes de familia de probada fe, los llamados “viri probati”, que podrían ejercer el sacerdocio sin renunciar a su condición de casados.

El Papa se mostró en particular indignado con el reclamo de los desobedientes a “ignorar decisiones definitivas”. Se refería a la ordenación de las mujeres, que altera los nervios sacerdotales que según muchos están enfermos de misoginia .

Benedicto XVI recordó que su predecesor Juan Pablo II rechazó la cuestión “en forma irrevocable”, pero no dijo que él mismo, como principal guardián de la ortodoxia en el anterior papado, había dado alimento teológico a esta decisión de Karol Wojtila.

“La Iglesia no recibió autoridad del Señor para ordenar mujeres sacerdotes”, reiteró Joseph Ratzinger, que el 19 de este mes entrará en el octavo año de su pontificado y que tres días antes cumplirá 85 años de edad.

La dura intervención del Papa fue para muchos inesperada, lo que exalta la sensación de que la desobediencia del “movimiento de párrocos”, iniciada con una declaración en junio del año pasado, está encontrando demasiadas simpatías en la Iglesia.

Monseñor Scheller viajó en octubre a Irlanda, donde al parecer hay ya 600 curas que comparten los reclamos. La iniciativa se ha extendido a Alemania, Bélgica, Francia, Suiza, Eslovaquia y otros países europeos, pero también a Estados Unidos, Australia y países latinoamericanos.

El “Lutero austríaco” tenía un brillante futuro en la Iglesia oficial. Fue presidente de la Caritas de Austria y vicario general del cardenal Christoph Schonborn, el arzobispo de Viena. Monseñor Scheller, de 59 años, ahora ha sido confinado a párroco de San Esteban, en una aldea vecina a Viena.

Si hasta ahora no se produjeron choques abiertos con el Vaticano, el mérito es al parecer del cardenal Schonborn, un moderado, quien está contra los disidentes pero cree que las medidas de represalia favorecerían el desmadre de la situación, que desembocaría en el cisma y la herejía de cientos y hasta miles de curas.

Los sondeos señalan que el 72 por ciento de los 4.000 curas austríacos simpatizan con el movimiento reformista. Una mayoría de fieles también cree que la Iglesia se ha estancado en el pasado.

Durante la misa Crismal, los sacerdotes renovaron sus promesas de pobreza, castidad y obediencia. El Papa, como indica la tradición, bendijo los óleos santos de los catecúmenos, que le fueron presentados en tres grandes jarras de plaza. Este rito se repitió en todas las catedrales del mundo. Los obispos bendicen los óleos, que se usan para los bautismos, las confirmaciones y las ordenaciones sacerdotales.

Al atardecer de Roma, el Papa Benedicto XVI se dirigió a la basílica de San Juan en Letrán, su sede como obispo de la ciudad, para celebrar la misa de la Ultima Cena.

Durante la ceremonia religiosa lavó los pies de doce ancianos presbiteros, de acuerdo a la tradición de Jesucristo con los apóstoles la noche que precedió su martirio y muerte en la cruz. La colecta de esta misa, celebrada por el Pontífice junto a 120 religiosos del mundo, se ha destinado a los refugiados de Siria.

 

 

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