miércoles , 23 de octubre, 2019

El Gobierno teme un “efecto contagio” de las protestas de efectivos

Prefectos y gendarmes continúan el reclamo durante el fin de semana y buscan la adhesión de otras fuerzas a la protesta

Cinco días después de su estallido, la principal preocupación en la Casa Rosada frente al conflicto en las fuerzas de seguridad es que se produzca un efecto dominó y que la protesta salarial se disemine. La crisis en las fuerzas de seguridad se acentúa en un complicado laberinto financiero, legal y de conducción.

Después de “sobrevivir” a una dura noche de lluvias, hoy los gendarmes se desayunaron con el desplazamiento de la fuerza de uno de los líderes de la protesta.

Durante toda la jornada de ayer, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner permaneció en la Quinta de Olivos, donde recibió a algunos funcionarios en horas de la tarde y se vio obligada a postergar el viaje que tenía previsto hacer a Santa Cruz para pasar el fin de semana largo.

Entre los visitantes estuvo el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina; el viceministro de Economía, Axel Kicillof; el titular de la Anses, Diego Bossio, y Martín Reibel, responsable de la Agencia Administrativa de Bienes del Estado. Pero el paisaje habitual de la residencia se vio alterado por un incremento de la seguridad.

Durante las negociaciones de ayer entre los “delegados” de ambas fuerzas, funcionarios del Ministerio de Economía y el secretario de Seguridad, Sergio Berni, se vivieron momentos de tensión cuando el diálogo se estancaba porque “los números no cierran”. La incorporación de una serie de adicionales al salario de los uniformados implicarían unos 4 mil millones de pesos, guarismos que se incrementarían aún más si el Gobierno acepta uno de los principales reclamos: un básico de 7 mil pesos.

Berni prometió para el próximo martes una respuesta al petitorio. Sin embargo, según dejaron trascender fuentes de la cartera de Seguridad, se está intentando “una readecuación financiera a través de un incremento de suplementos” que no se sumarían al pedido de blanqueo, situación que genera desconfianza.

La orden de la Presidenta habría sido sencilla: “Quiero que arreglen el conflicto, pero no generen otro”. En ese sentido serían tres sus temores.

 

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