domingo , 21 de julio, 2019

Condenan al Estado formoseño por masacre de indígenas

Se trata de un hecho sucedido hace 72 años. Es el primer caso en América Latina de una sentencia a favor de una acción por resarcimiento civil interpuesta a favor de un pueblo originario.

En un fallo histórico, a 72 años de los hechos, la Justicia Federal de Formosa hizo lugar a la demanda promovida por la Federación de Comunidades Indígenas del Pueblo Pilagá, al declarar que los hechos sucedidos el 10 de octubre de 1947 en Rincón Bomba, en Las Lomitas, constituyen crímenes de lesa humanidad y dispuso que el Estado nacional repare los daños causados a ese pueblo originario.

En su fallo, el juez federal subrogante Fernando Carbajal condenó al Estado nacional a hacerse cargo de dos tipos de reparaciones en beneficio de la comunidad pilagá: una reparación no patrimonial y otra patrimonial.

El juez federal también ordena al Estado nacional a destinar, en los próximos diez años, la suma de pesos equivalente a 6.000 SMVM (75 millones de pesos) en inversiones públicas en beneficio de los integrantes de la etnia Pilagá, a los fines de promover el desarrollo de dicho pueblo, de acuerdo a lo publicado por Chaco por Día.

Es el primer caso en América Latina de una sentencia a favor de una acción por resarcimiento civil interpuesta a favor de un pueblo originario por un genocidio de más de 1.000 niños, ancianos, mujeres y hombres ocurrido hace 72 años por aplicación de la teoría de la Imprescriptibilidad de los Crimines de Lesa Humanidad.

La masacre ocurrió en octubre de 1947, en un paraje llamado La Bomba, donde cientos de personas pertenecientes al pueblo Pilagá fueron asesinadas. Los sobrevivientes del cruento hecho de octubre de 1947 rememoraron que “ese día, miles de personas que se encontraban reunidas en La Bomba convocadas por Tonkiet, un sanador y líder espiritual pilagá, fueron violentamente reprimidas al negarse a abandonar el paraje”.

Las familias huyeron por el monte mientras eran perseguidas y capturadas por miembros de la Gendarmería Nacional, extendiendo la masacre durante más de dos semanas y en un territorio de unos 1.000 km cuadrados.

“A los fusilamientos del día 10 se sumaron nuevos asesinatos en distintos parajes, la violación fue utilizada como arma contra las mujeres y muchos niños y ancianos murieron de hambre y de sed. Aquellos niños y niñas que hoy ya son ancianos fueron capturados y llevados a las colonias indígenas”, evocaron.

Allí permanecieron por varios años y algunos con el tiempo lograron reunirse con sus familiares y reconstruir sus vidas. A pesar del manto de silencio con el que se cubrió estos hechos, la memoria de los sobrevivientes permaneció y se transmitió a las nuevas generaciones.

(Fuente: La Nueva Mañana)

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