martes , 24 de septiembre, 2019

Con miedo al futuro, Francia vota para elegir presidente

A horas de la primera vuelta, la candidata del xenófobo Frente Nacional, Marine Le Pen, avanza en los sondeos y amenaza la posibilidad del actual presidente para el balotage de mayo. El favorito es el socialista François Hollande.
Un mar de banderas francesas inundaba el Palais Nikaia, un gigante de vidrio cercano al aeropuerto de Niza. Una ola republicana y tricolor para que el presidente candidato Nicolas Sarkozy jugara sus últimas cartas para imponerse en su difícil primer tour de mañana en las elecciones francesas. Su cierre de campaña. El Mar Mediterráneo de fondo, los Alpes Marítimos y una espectacular primavera en una región que, hasta ahora, votó siempre a la derecha.
Con la primera dama Carla Bruni engamada en marrón, al lado de Bernardette Chirac, en un acto familiar heroico tras el apoyo del clan al candidato socialista François Hollande, el primer ministro François Fillon y la familia de la conservadora UMP en la primera fila; Sarkozy hablaba al “pueblo de Francia”. Un discurso con tono gaullista, de la inconfundible pluma de Henri Guaino, su mano derecha. Una declaración de amor, pero en un tono melancólico, como de un “Gracias” y un “Adiós”. Los sondeos lo dan perdedor en el primer turno y en el ballotage al candidato presidente y su proyecto de una “Francia Fuerte”.
“Unanse, movilícense, defiendan, tomen la palabra. No se dejen privar de la palabra, impongan vuestra victoria”, lanzó el presidente Sarkozy, en un discurso de una hora, apasionado, memorizado y sin “telepronter” y mesurado en los gestos. La bandera francesa, la europea y su pupitre como toda escenografía en la inmensidad del escenario.
Frente a una abstención que en los diferentes sondeos oscila entre el 26 y el 30%, Sarkozy llamó a los militantes a votar. “Vengan en masa con su voto porque cada voto construirá nuestra victoria, porque nosotros necesitamos de todo el mundo. Porque las fuerzas que se han unido contra nosotros son tan grandes que sólo el pueblo francés podrá decir: ‘Voilá, ésta es la opción que nosotros hacemos, es la de la Francia fuerte’”. intimó.
El nuevo fantasma de Nicolas Sarkozy es Marine le Pen, la rubia y ahora desdiabolizada líder del Frente Nacional.
Ha subido espectacularmente en los sondeos los últimos días y podría llegar al 20% . Los encuestadores hablan de la “sorpresa de la campaña”. Hasta temen que, en un súbito cambio de humor del electorado, Le Pen desaloje a Sarkozy en la primera vuelta , como sucedió con su padre, Jean Marie, frente al candidato socialista Lionel Jospin, en el 2002. Un escenario que llevó a los franceses a votar masivamente y con grandes movilizaciones al candidato conservador Jacques Chirac.

“Seniors” de más de 65 años, que serán fundamentales en la elección para que consiga más votos, jóvenes que votan por primera vez, elegantes y bronceadas señoras pero también taxistas, empleados públicos, jubilados, enfermeras, médicos, abogados y estudiantes formaban una marea de gente que ocupaba completamente el estadio.

“Vamos a ganar”, gritaban. “Nicolas President”, coreaban. Una chiquita de 4 años miraba a Sarkozy en una de las tres pantallas, donde se reflejaba la imagen del candidato cuando hablaba. Cuando su padre la subió sobre los hombros, ella descubrió, en medio del silencio para escuchar al presidente, que “Nicolás está ahí”. Hasta Sarkozy interrumpió su discurso para reírse.
El constructor Mauricio Lellouch lo escuchaba con suma atención. “Yo estoy cien por cien de acuerdo con lo que dice,” confesaba. “Sabe de qué habla. Vive en la realidad económica”. Su polémica visión de la inmigración, la Francia con identidad reforzada que quiere buscar para que el país sea “abierto”, el control fronterizo, la necesidad de que los que llegan se integren, hablen francés y conozcan los preceptos republicanos fueron parte de este discurso “fundacional” de Sarkozy. Pero lo más importante era su tono, distante de las ironías forzadas de antaño. Quería parecer un presidente tranquilo, controlado, no gesticulante frente a la amenaza de un “presidente normal”, como se autopropone el socialista y favorito, Francois Hollande.

 

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