miércoles , 16 de octubre, 2019

A 10 días del cierre de las alianzas electorales pocas certezas

El 12 de junio es el límite, cuando venza el plazo para la presentación de alianzas. Y la tan mentada “unidad de la oposición”, al parecer la única salida para “frenar el avance del kirchnerismo” parece cada día más lejos. Incluso, la mayoría de las fuerzas sufre fuertes discusiones internas que amenazan con una fragmentación aún mayor.
En ese escenario, hay un par de “figuritas difíciles” que por peso propio pueden cambiar el panorama, tanto para un lado como para el otro. Una de esas es Roberto Lavagna.
Pese a que en los últimos días intentó “jugar al misterio”, es un candidato fijo para la Capital federal. Y es el nombre en el que el Peronismo disidente tiene puestas todas sus fichas.
Las últimas fotos con Hugo Moyano y José Manuel de la Sota reflejan la decisión de ese sector de jugar fuerte en octubre. El ex ministro de Economía tiene una fuerte aceptación en el electorado porteño, y su presencia ilusiona al peronismo no kirchnerista de conseguir al menos una de las bancas para el Senado que le corresponde este año a la Capital.
La casi candidatura de Lavagna dentro del peronismo no kirchnerista pone en crisis el plan de Macri, que daba por descartado a principio de año un acuerdo con el ex ministro de Economía.
Lo que era un triunfo asegurado, y la obtención de las dos primeras bancas en el Senado en la historia del PRO, hoy es un gran signo de interrogación, ante la falta de figuras fuertes. Gabriela Michetti encabezando la lista mide bastante menos que Lavagna, en un escenario porteño que también se vio alterado por el inesperado acuerdo Carrió–Solanas.
Mientras tanto, en la Provincia Francisco de Narváez buscará renovar una vez más su lugar en la Cámara baja, aunque su suerte dependerá mucho de lo que haga otra de las figuritas difíciles: Sergio Massa.
El intendente de Tigre es el dirigente que mejor mide en terreno bonaerense, y su decisión de competir o no, y de hacerlo dentro o fuera del kirchnerismo, cambia sustancialmente el panorama electoral.
Tanto o más complicado es el panorama que viven la Unión Cívica Radical y el Frente Amplio Progresista. Con algunas candidaturas ya lanzadas, como la Hermes Binner en Santa Fe, la de Julio Cobos en Mendoza, y la de Ricardo Alfonsín en la provincia de Buenos Aires, en la mayoría de los distritos se complica un acuerdo que potencie las aspiraciones electorales de ambas fuerzas.
El caso paradigmático es la Provincia. Después de arduas negociaciones, todo parece indicar que ambas fuerzas irán separadas a los comicios de octubre.
“Un acuerdo con la UCR sería una inyección de criptonita”, dijo en las últimas horas el ex canciller Dante Caputo, flamante candidato de la fuerza que conduce Hermes Binner.
Precisamente el nombre de Caputo es una de las señales que marcan el final de la negociación entre la UCR y el FAP. Es que una de las condiciones del ex funcionario de Raúl Alfonsín para aceptar ser candidato habría sido que no haya un acuerdo con el radicalismo.
Por si fuera poco, Binner participó el viernes del Congreso de Unidad Popular, el partido que lideran Víctor de Gennaro y Claudio Lozano, opositores viscerales a una alianza con la UCR.
En ese sentido, las declaraciones de Margarita Stolbizer fueron claras: “Vamos a mantener la unidad del FAP como base de un gran acuerdo para atender las prioridades de la agenda social y ciudadana”.
Pero Buenos Aires no es el único distrito en el que tanto la UCR como el FAP tienen inconvenientes. En Mendoza, por caso, Cobos lanzó su candidatura la semana pasada, pero no pudo unificar detrás suyo a todo el partido provincial, lo que le genera una interna que seguramente le restará votos, y favorecerá al kirchnerismo.
Situación similar se vive en la Capital Federal. En los últimos días, Claudio Lozano anunció su salida del Frente Amplio, aunque sostendrá su apoyo a la candidatura presidencial de Binner para 2015. Todo, en medio del acuerdo de otros integrantes de esa fuerza, como Victoria Donda y Humberto Tumini, con Alfonso Prat Gay.
A esta altura, y a pocos días del primer “corte” del calendario electoral, casi nadie piensa en dirimir las diferencias en las PASO, y todo parece indicar que la oposición, pese a su diatriba antikirchnerista, irá a las elecciones tanto o más fragmentada que en 2011, cuando el oficialismo consiguió un contundente triunfo.

(Fuente: Perfil.com)

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