miércoles , 24 de julio, 2019

Opinión: Una extraña relación de odio y amor. Por Pepe Zumarán

Si un psicólogo social hubiese leído hoy los comentarios de los lectores de diarios digitales a las noticias sobre las Islas Malvinas (cuya soberanía debemos reasumir, y no “obtener”, como se dice por ahí) hay muchos en desacuerdo con las amenazas, reales o no, del gobierno argentino a los isleños, porque éstos no tienen culpa por ser británicos de nombre, raza, religión y algunas costumbres, aunque sean ARGENTINOS, ya que han nacido en territorio argentino ocupado por otra potencia. Sus antepasados lejanos quizá sí, pero es materia para otra nota.
Esos comentarios, en casos surgen de un análisis racional, en otros de simples razones de humanidad, y en otros, quizá y en el fondo, de esa extraña relación de odio y amor que tenemos con los británicos.
Odio por el acto piratesco de apoderarse de las Malvinas en 1833, por las invasiones de 1806 y 1807, los ferrocarriles, y por su incidencia en la economía nacional en otras épocas, sobre la cual por ahora no abro juicio, y por habernos llamado “animals” en un partido de fútbol del Mundial del 66.
Amor en muchas otras cosas, a las que me referiré más que a las que pueden motivar el odio, ya que se viven diariamente.
Nuestro hablar está teñido de anglicismos, algunos incorporados al castellano, otros nó…) country, living, breakfast, okey, bye, fulero (viene del inglés “foul”, o jugada desleal), póker, etc.  y ni hablar de las computadoras y celulares, windows, blackberry, office, etc.
Compartir el británico “five-o’clock-tea” en Harrod’s en Baires o en la desaparecida Oriental de Córdoba, fue durante muchos años una costumbre de nuestras señoras de la “oligarquía” pero mas de la ascendente clase media.
Nuestros deportes mas practicados (fútbol, automovilismo, tenis, rugby, hockey, golf, box, carreras de caballos y algún otro) tienen origen inglés y no conozco que haya ningún deporte que tenga su origen en pueblos originarios, salvo –remotamente- el de tirar piedras a las ventanillas de los ómnibus en cualquier parte del país. El Básquet se originó en los EE.UU.
Dejo a salvo que los partidos de fútbol (sólo de fútbol, y contra los ingleses), suelen prepararse como una guerra. Nos enorgullecemos del gol de la mano de Dios, pero somos simpatizantes del Manchester City porque tiene dos jugadores argentinos y ni hablar del vestir sport elegante de los hombres argentinos y los uniformes colegiales. El blazer azul y el pantalón gris de franela con corbata al tono no fueron inventados por los aborígenes calchaquies, tampoco por los gallegos o piamonteses.
Nos encantan los coches ingleses (venderíamos un hijo para tener un Mini…), y cuando de casarse se trata, luego de las de Mendelsohnn y Wagner, la marcha preferida es “Pomp and Circumstance”, de Sir Edward Elgar. De güisqui ni hablar. Salvo los exquisitos que prefieren el irlandés, el resto se enloquece por un buen escocés, y las zonas bancarias de las grandes ciudades son “la City”, al igual que en Londres.
Nuestras razas vacunas tienen, salvo algunas nuevas, producto de nuestra tecnología, nombres Brits., y las bandas de rock preferidas de nuestros jóvenes nacionales y populares setentosos son casi todas inglesas. Ni hablar de la veneración que tenemos por los Beatles y sus supervivientes.
Hay algo que no ajusta bien…
No se bien que es, pero sí que muchas tilingos/as de toda catadura sueñan con encontrar en su genealogía algún tío lejano con apellido anglosajón para agregar a los criollísimos García o Rossi, y no me dirán que no es mas paquete mandar los chicos a un colegio con nombre británico, que a uno que se llame, por ej. Escuela Don Ata, Liceo La Negra Sosa, Instituto Balderrama, Colegio El Zorzal Criollo, etc (en épocas festivaleras me vienen a la cabeza esos nombres supuestos).
Después, tiran piedras a la embajada.
La Boda de William con Kate en la TV argentina llegó a tener más audiencia que los almuerzos de doña Mirta o los shows de Susana y los informativos nacionales de la “Corpo”.
Y ni hablar de los nombres de los clubes de fútbol de Baires, alguno de Rosario o de muchas estaciones de los viejos ferrocarriles que han dado nombre a pueblos y ciudades.
Until tomorrow (Hasta mañana) ¿Irónico yo? Jamás.

 

 

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