martes , 24 de septiembre, 2019

Opinión: Si no tiene fiebre, no está enfermo

(De nuestra Redacción) La causa judicial de la ex Ciccone Calcográfica y que involucra al vicepresidente de la Nación Amado Boudou tiene nuevo juez, Ariel Lijo es quien deberá investigar ahora, como un extraño fondo de inversión le prestó dinero a un señor que es monotributista, de la categoría menor, para que levantara la quiebra de una empresa que, a su vez, iba a ser auditada por un jubilado que vive en el gran Buenos Aires.
Deberá también investigar por qué la Afip decidió pedir el levantamiento de una quiebra, que la propia Afip había pedido y que luego de “consultarle” al entonces ministro de Economía Boudou concluyó en que era prioritario mantener las fuentes de trabajo por encima de todo lo que tenía para cobrarle el organismo recaudador. Entre Boudou y Ricardo Echegaray dieron a luz una Afip que sus reclamos económicos los subordina al superior interés de aportar a un modelo económico que privilegia las fuentes de trabajo, en otras palabras, la versión Disney de la ex DGI. Todo en un indescifrable rompecabezas de nombres y direcciones que se entrecruzan siempre con la segunda autoridad del País.
Tamaña investigación, el nuevo Juez deberá hacerla sin aparentemente la más mínima presión social ni política. La oposición aún no termina de encontrar el rumbo frente al tema YPF, el camino debería ser mucho más simple: votar las cosas que creen que están bien. La Argentina es la única democracia en que los partidos de la oposición visitan al psicólogo si se les cruza una medida del Gobierno en la que están de acuerdo. Así las cosas, los legisladores y dirigentes opositores no encontraron ni la forma ni el lenguaje para explicar las graves consecuencias que tendría la conferencia de prensa de Boudou, que fue la antesala de la caída del juez Daniel Rafecas.
Pero hay que ser justos, en esta indiferencia generalizada sobre temas graves todos tenemos nuestro granito de arena, sin ir más lejos el vocal del Superior Tribunal de Justicia de Córdoba, Armando Andruet, escribió una columna de opinión en La Voz del Interior, donde con impecable docencia explica por qué estuvo mal y es reprochable la conducta del juez Rafecas. Pero es digno de destacar la destreza de Andruet para referirse a este tema y que nada diga lo grave que es para la seguridad jurídica de este País que el Vicepresidente se tomó un año, no un mes, un año, para denunciar que el estudio del jefe de los fiscales le ofreció influencias en los Tribunales Federales. Que lo denunció a Rafecas cuando allanó su departamento, sino, quizás Rafecas seguiría a cargo de la investigación. ¿Todo esto no es grave? Paradójicamente en ese artículo en que el doctor Andruet se refiere a Rafecas sin la menor consideración a la causa Boudou, concluye diciendo: “ Que los jueces incorporen, en forma activa, en el abecedario de la vida judicial de hoy, que el concepto de ingenuidad no puede ser atributivo de comportamiento alguno”.
Lamentablemente se corrobora, una vez más, que las medidas económicas antipáticas o sus consecuencias, por ejemplo: el corralito o la hiperinflación, son las únicas que logran movilizaciones sociales. Parece que, mientras la economía no dé signos alarmantes nada es tan grave. Como cuando nuestras abuelas frente a problemas de salud para evitar los costos del médico sentenciaban: si no tiene fiebre no está enfermo. Claro que ellas no tenían ninguna obligación de conocer la cantidad de enfermedades que no producen fiebre, nuestros dirigentes sí deberían saber lo que es grave para la República.

 

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