lunes , 22 de julio, 2019

Opinión: Seguí, seguí, seguí, o el fatal rumbo de colisión. Por Pepe Zumarán

Según los medios “hegemónicos” –y otros también- al conductor del tren siniestrado hace unos días en Buenos Aires le habrían dado la orden de ignorar el problema de los frenos y seguir la marcha.”Seguí, seguí, seguí”, dícese que le dijeron”, poniéndolo en un fatal rumbo de colisión (recordemos que los trenes no pueden tener otra dirección más que la de sus rieles).
El resultado es conocido, y no abundaré más en él. Quiero hablar del “Seguí, Seguí, Seguí”, en la “marcha” del país.
Alguna vez por TV (no voy jamás a la cancha) escuché a referees de fútbol decir “siga, siga, siga”, frente a la teatralización de una supuesta lesión por parte de un jugador.
Fuera de estas situaciones, y salvo algunos grititos de “seguí, seguí, seguí” provocado por la fogosidad de las pasiones entre las sábanas en alguna telenovela, poco había escuchado seriamente usadas esas expresiones y comencé, en mi febrilenta imaginación, a suponer otras aplicaciones para las mismas.
Así, imagino a la Dra. impulsando mediante ellas a su fiel Moreno para continuar impidiendo importaciones, ahora de productos de origen británico, aunque sean medicamentos para curar el cáncer de tiroides, (excepto lo necesario para una persona), puede decirle a “Debido” que siga prestando plata de los jubilados a alguna automotriz de origen yanqui, a los chicos de la kámpora a “ir por todo”, como lo hace en el vídeo cuyo link encontrarán al final de esta opinión (1).
También a cualquier gobernador andino a proseguir con la cianurización y explosiones mineras para que algunos canadienses y australianos, (británicos al fin) se lleven alegremente y casi gratuitamente el oro, el cobre y la plata de nuestras montañas, a su “amado” Boudou que no se preocupe por el inevitable proceso judicial que ya tiene encima y que imprima todos los billetes que quiera en la imprenta que se le ocurra, sin licitación, ni control de calidad, ni nada de nada. Solamente: “seguí, seguí, seguí”.
Podría también decirle a la Gobernadora de Tierra del Fuego “seguí, seguí, seguí” en su patriótico empeño de impedir que Cruceros colmados de turistas que dejan mucha buena plata en la provincia de los ensambladores de televisores, puedan atracar en la bellísima bahía de Ushuaia, y también puede ocurrírsele impedir o fomentar que cante en la Argentina el Señor Paul Mc Cartney, famoso músico de rancio linaje piratesco y de usurpadores de territorios (2).
Y por último, para no alargar más esto, aunque podría escribir horas de horas, la Doctora le podría decir “seguí, seguí, seguí”, a algún loquito de la guerra de esos que nunca faltan, dispuesto a atacar, con planeadores o parapentes y bombas de estruendo rellenas con tornillos de esas que usan en Córdoba municipales y lucifuercistas, las torres británicas que buscan petróleo o al mismísimo destructor de la Royal Navy que merodea las Islas.
Mi mujer, tan destituyente como yo, y que a veces mira por sobre mi hombro lo que escribo, me dice, recordando otras situaciones de la vida nacional “seguí, seguí, seguí”, pero no quiero cansar a mis lectores, y esperando que no los exijan mucho con el “seguí, seguí, seguí”, me despido hasta la próxima, no sin antes decir que al igual que pasó con el tren, el “seguí, seguí, seguí”, puede transformarse en un catastrófico rumbo de colisión.

…………………….

(1) Link al video: http://www.youtube.com/watch?v=OYrAUyNvt5Q

(2) Nada tengo en contra de la persona o la música del Señor Mc Cartney, de una de cuyas obras tengo varias versiones, sino por supuesto, y para no ser acusado de traidor a la Patria, contra su nacionalidad, origen y calidad de Caballero del Imperio Británico. De paso, este asunto creo que lo traté antes, aunque tangencialmente, en un libelo sobre la extraña relación de amor y odio que tenemos con los británicos… ¿o me equivoco?

 

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