martes , 12 de noviembre, 2019

Opinión: Ruidos que parecen gritos

(De nuestra redacción)

La semana pasada trascurrieron hechos que no mucho tiempo atrás hubiesen resultado inimaginables. Sintetizados en extremos de un oficialismo recordando el paso juvenil de Hugo Moyano en los 70’ por la derecha peronista más violenta, y el camionero recordando como comenzaron su fortuna los Kirchner.
Hugo Moyano llenó la Plaza de Mayo con un paro que más allá del nivel de adhesiones, logró el objetivo político deseado. La presidenta Cristina Fernández (CFK) habló dos veces al País -una en Cadena Nacional- y dejó en claro que ha comenzado “su” guerra, la oposición dijo ausente una vez más. En el medio un cúmulo de contradicciones y exabruptos que siguen haciendo que Argentina parezca en estado adolescente de manera permanente.
Veamos: La presidenta Fernández de Kirchner utilizó la cadena nacional para presentar una tarjeta de crédito para jubilados, quienes reciben de todo menos el 82 por ciento móvil en sus jubilaciones. En ese discurso CFK fustigó la protesta social al punto de responsabilizar a la toma de Cerro Dragón, de la trágica muerte de gendarmes que volvían a Rosario. En un célebre monólogo Enrique Pinti ironizaba que la izquierda argentina era la única en el mundo que enfrentaba a los trabajadores por ser peronistas, podría decirse ahora, que CFK sea quizás la única peronista que cuestione las movilizaciones y paros gremiales.
En ese discurso, la Presidenta volvió a citar a Juan Domingo Perón a quién no solo mencionaba poco sino, que hasta ha tenido sutiles signos de diferenciación, ahora todo cambió, al peronismo de Moyano se le responde con más peronismo, al menos en el discurso.
El líder camionero había convocado, tomando como bandera nada menos que el espinoso impuesto a las ganancias que afecta el salario de miles de trabajadores. Allá fue entonces el discurso presidencial, tratando de señalar que los afectados por el impuesto eran tan pocos (el 19 por ciento de los trabajadores registrados) que casi es un privilegio. No dijo que ese impuesto al momento de su creación imponía que la actualización del mínimo imponible y su escala correspondiente se actualizarían por el costo de vida, pero esa disposición fue suspendida en virtud de la Ley de emergencia, la cual continúa vigente y que reserva al Ejecutivo esa actualización. Si hoy se actualizara el mínimo por el Indec, el piso de los sueldos de pagan ganancias estaría cercano a los 12 mil pesos.
Pero más allá de eso, el mensaje de CFK desnudó algo mucho más grave. La Presidenta relativiza hasta la exasperación la protesta social, o lo que sería peor aún, no es conciente de la misma. Recriminar en público que uno de los gendarmes trágicamente fallecidos ganaba algo más de 2.000 pesos es algo que debe avergonzar, no a quienes protestaban, sino a quien fija el sueldo de los gendarmes, en este caso el Gobierno nacional. Tener un canciller que dice que el paro y movilización atenta contra las instituciones, no hace más que producir vergüenza ajena. Decir, un poco más, que Europa nos envidia, no se condice con mantener la vigencia de leyes de emergencia y mentir con el Indec. Es difícil que los trabajadores comprendan que tener un sueldo de casi 8.000 pesos es un privilegio, más difícil de comprender es, si lo dice una Presidenta de origen peronista y millonaria como lo es CFK.
Moyano dijo que trabajadores son todos: los obreros, los desocupados, los profesionales, los intelectuales, los comerciantes, etc. Habló de lo distorsivo del impuesto a las ganancias, dijo que la Presidenta culminaría como corresponde su mandato y le pidió no ser soberbia, es decir, dijo lo obvio, lo que hubiesen dicho muchísimos argentinos que nada tienen que ver con el Sindicato de Camioneros, dijo lo obvio como hace unos años lo dijo la mesa de enlace de la organizaciones del campo. Nadie se imagina a Moyano presidente, como tampoco imaginaron a los dirigentes del campo presidenciables, lo que sí se espera, seguramente, es  una oposición que vaya más allá de los matices de quién es más peronista y que sea capaz de hacer reflexionar a un gobierno hipnotizado con su propio relato.
Las tensiones entre el Gobierno y algunos gobernadores, la puja por el control de la CGT, las movilizaciones, la corrida atrás del dólar, los pedidos de aumento salarial, no son pujas de poder o conspiraciones emergentes, son algo mucho más simple: cuando la economía no da respuestas, desnuda a la política y los ruidos parecen gritos.

 

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