miércoles , 20 de noviembre, 2019

Opinión: Leer el diario, ver la televisión, escuchar la radio. Por Pepe Zumarán

Un ejercicio placentero para el intelecto siempre fue para mí leer de cabo a rabo uno de los periódicos hoy calificados de la “corpo”, y algún otro elegido al azar, esto es cuando el tiempo me lo permitía.
Desde la aparición de las ediciones on-line, tanto de los medios que tienen su edición gráfica, cuanto de los que operan exclusivamente, como éste, a través de la Internet, ese ejercicio placentero se transformó en un agitado recorrido por las principales ediciones del país y del exterior, estas generalmente en castellano.
Realmente, en cualquier momento, si no fuera por mi inveterada vocación de analista aficionado de las noticias nacionales e internacionales, que a veces vuelco en estas y otras notas, abandonaría esa “sana” costumbre, me compraría un tupper lo suficientemente grande para contener mi humanidad y viviría, quizás, un poco más descomprimido de las diarias tensiones.
Y ni hablemos de ver la televisión o escuchar algunos programas en la radio. Todavía lo hago, selectivamente.
Este ejercicio intelectual diario, agravado los fines de semana, me hace ver que los argentinos estamos viviendo una especie de locura o esquizofrenia colectiva, que empieza por demostrarse en algunos actos del gobierno nacional (en tiempos de crisis intentar la unificación de los Códigos Civil y Comercial –recordemos los cordobeses que ambos fueron obra de nuestro don Dalmacio Vélez Sársfield- y al margen del pomposo anuncio de la Doctora, dijo enfáticamente que el nuevo Código no se aprobaría a libro cerrado como se hizo con el primitivo de Vélez.
Me imagino a los congresistas de hace más de un siglo, muchos de ellos letrados, discutiendo durante meses los 4051 artículos del proyecto de Vélez Sársfield, y me imagino ahora a los actuales congresistas, muchos de ellos iletrados, votando a mano automática los artículos que cada presidente de bloque les indique por sí o por no que es más o menos lo mismo que votarlo a libro cerrado.
No se piense en que estoy en contra de la unificación, ni de imprescindibles reformas necesarias por los tiempos, ya desde mis épocas de estudiante se viene hablando de ello; sinceramente no he leído el proyecto completo, lo haré en breve e iré trasmitiendo mis impresiones sobre lo que me parezca bien o mal.
Superada esta digresión jurídica, encuentro la locura y la esquizofrenia actual en los constantes ataques a los derechos humanos de los ciudadanos de hoy, (magüer la encendida defensa de los mismos para las personas de hace 30 o 40 años) por parte de delincuentes sin escrúpulos, jueces sin conciencia que liberan a delincuentes con frondosos antecedentes, algunos que han tomado la moda de rociar a la compañera con combustible y prenderle fuego, madres que matan a sus hijos, recién nacidos o no, automovilistas que impunemente (sí, impunemente, porque la pena del homicidio o las lesiones culposas es más o menos como tres días sin postre) matan a semejantes, un testigo protegido en una causa que inexplicablemente fue muerto, diez policías muertos en actos de servicio y fuera de ellos en pocos días, violencia en los espectáculos deportivos, infantiles riñas entre el gobierno nacional y el de la Capital de la República por los medios de transporte, amenazas de la Ministra de Seguridad (o inseguridad) de quitar la Policía Federal a partir del 1 de abril de la custodia de esos medios, sin hablar del Vicepresidente de la Nación mezclado al parecer en raros manejos con una planta impresora en bancarrota levantada en dudosas circunstancias y de la que no se sabe bien quien es su propietario e imprimirá nuestros billetes, aislamiento internacional, falta de seguridad jurídica, faltante de energía que se nota día a día etc.etc.
Si los argentinos de bien piensan que esto tiene arreglo, pues que propongan soluciones, y que lo hagan a través de su actuación en los Partidos Políticos, que directamente, parecen haber desaparecido del mapa salvo algunos que –aún divididos por incomprensibles internas- gobiernan las dos mayores ciudades del interior de la Nación.
No esperemos que dos cosechas nos salven…esto es más profundo que una sequía en el campo. Es la sequía de principios y el adormecimiento moral que estamos padeciendo todos los argentinos.

Hasta la próxima

 

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