miércoles , 17 de julio, 2019

Opinión: La Soberanía monetaria y otras zonceras. Por Pepe Zumarán

Esta semana la Presidente del Banco Central ufanamente declaraba ante una comisión del Senado Nacional que con la Ley de Despojo del Banco Central (lo de despojo corre por cuenta mía) se consigue la “Soberanía Monetaria”.
Realmente parece un concepto económico nuevo, aunque puedo inferir que alguno que la haya estudiado, o inventado el término se referirá sin duda, a la tenencia de una moneda fuerte, que sirva como reserva de valor, que sirva para ahorrar (como en los primeros tiempos de las libretas de ahorro con estampillas postales, obligatorias en los colegios -yo todavía conservo la mía como recuerdo-), que se pueda cambiar por otras monedas en cualquier parte del mundo, que no sea considerada la moneda de un país bananero, que no obligue a los argentinos a peregrinar en busca del codiciado papelito verde con la cara de Franklin, para salvar, aunque sea en parte, sus ahorros.
Alguna vez escribí sobre “el Reino del Revés”, y me parece que tanto lo antedicho como lo que sigue, cuadran perfectamente.
Hace dos o tres días escuché por TV, al vicegobernador del “Primer Estado Argentino”, o sea la Provincia de Buenos Aires, decir que no entiende a los que denostan al “Fútbol para Todos”, ya que es algo que está incorporado, desde su puesta en marcha, entre los Derechos Sociales que tenemos los argentinos, como el aguinaldo, las vacaciones pagas, el salario familiar, la educación, etc. Realmente en los últimos tiempos no había oído una sandez igual, salvo algún discurso de la Doctora, pero eso requiere un tratado en varios tomos, no un simple artículo como este. .
Conocido es que no soy un fanático del fútbol, también que considero que lo único que hace -aparte de dar estrellas de ese “deporte espectáculo”- es generar más violencia cada día y adormecer a la mayor parte de la sociedad argentina para quien es más importante, si River está un punto arriba o debajo de Instituto o si el nuevo campeonato que se anda proyectando se parece al torneo capitalino de tal o cual deporte o a los campeonatos de fútbol de algún país todavía no fundado en lo más profundo del África o en algún remoto lugar de la Mongolia exterior, que el inevitable descalabro económico y social que nos acecha.
Estoy de acuerdo en que el fútbol es una pasión de la mayor parte de los argentinos. Aquel que no sabe quien es tal o cual jugador es un extraterrestre, pero de allí a decir que el Fútbol para Todos está incorporado a los derechos sociales de los cuales todavía gozamos (los que trabajan o lo hemos hecho en blanco), hay mucho camino,
Ahora me pregunto…¿Sabrá el Señor Mariotto que con los mil millones de pesos que invierte el Estado en sostener la televisación de toda la fecha del campeonato de Buenos Aires, de parte del Nacional B y de esa Copa Argentina que todavía ningún futbolero me ha podido explicar para que sirve, realmente se podrían construir por año nada menos que DIEZ MIL VIVIENDAS para los argentinos sin techo que abundan desde la privilegiada Matanza hasta los miserables (dicho con todo respeto) indios de nuestras provincias del extremo Norte?.
Este simple cálculo está efectuado sobre el costo de una vivienda con el sistema del apoderado de las Madres, que es un buen sistema, aunque el dueño del mismo sea supuestamente un estafador.
Con esas diez mil viviendas se solucionaría casi de inmediato (en el tiempo en que tarden en edificarse, corto con un buen sistema industrializado) el problema de cincuenta mil argentinos, al menos, que van a habitarlas, y el de muchos cientos de miles que deben aguantar, o soportar, o convivir (debo ser cuidadoso porque en una de esas se me enoja el INADI), con los miserables asentamientos a los que eufemísticamente llamamos “Villas de Emergencia” y me pregunto: ¿De qué emergencia me hablan si el problema viene desde que comenzó la gran migración interna de los años ’50 del siglo pasado?.
Por supuesto, el ronroneo presidencial de las cadenas nacionales casi cotidianas tapa el problema, lo mismo que el consumismo desaforado que en poco tiempo terminará cuando la quita de subsidios llegue a la clase media de Buenos Aires y al interior del país, y la plata que hoy se usa en ropa, automóviles y en comer carne acompañada de un buen Malbec o un vino de 2006 o un vino de Tetrabrik en el peor de los casos, deba usarse para pagar la luz y el poco gas que tendremos en el próximo invierno.

 

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