domingo , 22 de septiembre, 2019

Opinión: Ella ya me olvidó

(De nuestra redacción) Los últimos discursos de la presidenta Cristina Fernández tienen dos características: En primer término su cada vez más acentuado y exacerbado histrionismo, en segundo, ya no son tantas las menciones a “él” en referencia al desaparecido Néstor Kirchner.
Nadie puede dudar de lo presente que debe estar en el aspecto afectivo de CFK la figura del ex presidente, pero la pregunta es: ¿Hasta qué punto se ha desdibujado la presencia de Néstor Kirchner en la impronta política del Gobierno? Veamos: El manejo de la economía estaba fundamentalmente en las manos de una mesa que componían el propio Nésto  Kirchner, el ministro de Planificación Julio De Vido y el viceministro de Economía Juan Carlos Pezoa. Hoy es difícil distinguir quién realmente toma las decisiones económicas, más bien parecen convivir los consejos de Kicillof, por un lado, Guillermo Moreno, por otro, y la lista continúa.
Néstor privilegiaba el trato con los gobernadores e intendentes leales. Cristina privilegia el trato con sus diputados y senadores leales.
A Néstor Kirchner se le podrá adjudicar una dosis importante de terquedad pero no se distinguían caprichos en sus decisiones de gobierno. Es muy difícil imaginar a Kirchner eligiendo a Amado Boudou como compañero de fórmula. La trivialidad y el alto perfil que caracterizan al vicepresidente le hubiesen resultado incompatibles al patagónico.
¿Es inimaginable un Ministerio de Planificación como el que le han dejado a De Vido en un gobierno de Kirchner? ¿Puede alguien imaginarse a Kirchenr desplazando a Esteban Rigui, un ícono del camporismo, por no haber protegido lo suficiente a Boudou?
Kirchner con su estilo desafiante y transgresor con una buena dosis de humor ácido, hubiese sido capaz de comenzar su discurso de aniversario de Página 12 festejando el hecho que Jorge Lanata ya no esté en ese diario, pero es difícil imaginarlo forzando un discurso para ignorarlo como si nunca hubiese existido, no lo hubiese hecho simplemente por lo que representaba ese diario desde lo ideológico en sus comienzos.
Intentar cambiar un hombre como Rigui, que además de lealtad exhibía pergaminos en lo profesional, por un hombre como Reposo, de escasa trayectoria peronista y con antecedentes académicos tan escandalosos que logró hacer sentir la desdibujada voz del radicalismo, que se llevó puesto al amigo de Boudou y sus intenciones de comandar los fiscales federales.
Hugo Moyano está en guerra con el Gobierno y los fantasmas de un paro general aparecen cada vez más seguido, los gobernadores están con sus cuentas en rojo, el campo nuevamente con medidas de protesta, la lista podría continuar pero quizás lo más grave es que la gente ha vuelto a sentir temor por la suerte de la economía.
Si “el modelo” fuera un barco, se podría decir que Néstor lo hubiese usado a Guillermo Moreno como mascarón de proa, pero nunca lo hubiese dejado al mando del timón. Restringir las importaciones hasta lo insostenible ha generado un clima tal que se podría reflejar en una escena vivida hace pocos días en el Aeropuerto de Córdoba. Un grupo de turistas se acercaban temerosos hacia el mostrador donde estaban los inspectores de la Afip-Aduana, algo así como la guardia pretoriana de Moreno y Ricardo Echegaray enemigos de todo lo que provenga de fuera (argentinos de viaje incluidos) pero el temor desapareció cuando un inspector dijo: “Bienvenidos a la Cuba sin mar”, dejando claro que el descontento con las medidas oficiales alcanza hasta a quienes tienen que aplicarlas.
El cepo al dólar lo único que ha generado es una carrera desenfrenada por hacerse de dólares, el consumo se restringe, quizás por lo que solía decir un ex ministro de Economía de la Provincia: “El dinero es un cobarde, es el primero que huye”. El Gobierno Nacional debe tomar medidas urgentes que restituyan la confianza en la economía de lo contrario transitaremos un segundo semestre con profundas complicaciones.
Néstor sabe que habita en el corazón de ella, pero “el modelo” tarareando a Leonardo Favio diría: Ella ya me olvidó.

 

 

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