miércoles , 24 de julio, 2019

Opinión: El sube y el baja, el 54% y las protestas, la minería y otras cosillas, y el nuevo reino del revés. Por pepe Zumarán

Me llama la atención la premura del Gobierno Nacional para pretender que en 15 días, unos 3 o 4 (algunos dicen 6/7) millones de personas consigan su tarjeta personalizada para viajar en cualquier cosa (menos subte y taxis) en el área metropolitana de Buenos Aires. Seguramente lo prorrogará, o no, pero recuerdo que el proceso de la tarjeta SUBE o monedero o como se llamara en sus comienzos, anda dando vueltas desde hace varios años.

En Córdoba, pese al desastre de las últimas dos intendencias, se implementó en mucho menos tiempo y sin situaciones altamente traumáticas.

Por supuesto el sistema cordobés –que yo sepa- no indaga en aspectos patrimoniales y familiares de los que adquieren la tarjeta, con lo cual es de suponer que en el caso de la SUBE metropolitana, estamos en presencia del Gran Hermano que todo lo sabe y vigila, de la recordada “1984” de George Orwell, ya que mediante el uso de la tarjeta, una vez hechos los cruces con Afip, Anses, etc., el gobierno sabrá cuánto gana y gasta cada uno de sus poseedores y lo que es peor, cuáles son sus hábitos diarios de desplazamientos en la Gran Metrópoli.

Me llama la atención el asunto del 54% de los votos de octubre. Han pasado tres meses y se han incrementado los piquetes, las huelgas, los paros, las protestas contra la minería, ahora los bloqueos moyanistas sobre el Correo, en fin, el descontento de mucha gente, sobre todo en el área metropolitana de Baires, donde obtuvo muchos millones de votos.

En Córdoba fueron poco más o menos el 35% de los que votaron (el 70% del padrón), o sea un modesto 24,5 % del total de los habilitados para votar. Si hacemos el cálculo a nivel nacional, el 54% se transforma en un 37.8%, que sin embargo no es una mala cantidad.

Es cierto que la sociedad argentina tiene una labilidad (significa que va de un lado a otro con cierta rapidez) muy acentuada, pero en este caso es sorprendente.

Si voy a cualquiera de los comercios de mi barrio, etc., lo único que oigo son quejas por la inflación, el tarifazo, lo poco que cobran los jubilados, la corrupción, las protestas sindicales y contra la minería y otras cosillas- Cuando pregunto, resulta que nadie la votó.

¿De donde salió el voto del 35% de los cordobeses? ¿Y el 54% a nivel nacional?.

De algún lado, o de un repollo, como se decía antes cuando se preguntaba de donde salían los bebés, o quizás muchos tengan vergüenza de decir en público que sí, que la votaron, y que nunca el país estuvo mejor, o por el contrario y peor, que están arrepentidos.

Mi remanida frase: Hay algo que no ajusta bien.

Electa por el 54% de los que votaron (que no es el 54% de todo el padrón, sino del 70%, es decir que la votó el 38% de todos los que podíamos hacerlo, que como dije no es un mal número), llama la atención que no se le haya dado un período de gracia, de al menos, tres meses desde que reasumió, a pesar de su enfermedad y su todavía vigente luto para empezar con las protestas.

Esos cien días de idilio entre el pueblo y su presidente, como dicen los yanquis, para recién después empezar a quejarse.  Me sorprende.

Al menos debería tener la situación algo más tranquila. Cierto es que el gobierno hace poco por tranquilizarla, aunque en su último discurso haya puesto paños fríos, con alguna ironía, en el asunto de las Malvinas.

Por otro lado, dicen los periódicos de Buenos Aires que se está analizando la posible re-estatización de YPF.

Buena noticia, si significa que la empresa volverá a explorar, (espero que lo haga en las posibles reservas off shore, es decir en el Mar Argentino,  explotar lo que descubra, y de alguna manera, siendo las más grande del país, influir sobre el mercado y según sus leyes económicas (la oferta, la demanda, el valor agregado, etc.) y acomodar sin gritos de Moreno el volátil precio de los combustibles.

Mala noticia, si significa que volveremos a la YPF deficitaria de antes de la privatización, si implica que entrará en un rumbo parecido al de Aerolíneas, y si tenemos en cuenta el costo que significará –en medio de la “sintonía fina” o ajuste- pagarles el valor de la expropiación a sus actuales dueños Repsol, el gigante petrolero español Repsol y otros minoritarios.

Si el gobierno se anima a expropiarla mediante una ocupación temporánea anormal, difiriendo el pago para después de un largo juicio, se arriesgará a un largo conflicto en el que seguramente saldremos perdiendo.

Hay también malas noticias, ya que corren aires de reforma constitucional. Aunque el gobierno no tiene los 2/3 del Congreso para declarar la necesidad de la Reforma, ya sabemos de sobra que existen medios de conseguirlo. Que Dios nos libre de ellos.

Y lo peor de este asunto es que no solamente se reformaría para permitir la re-reelección, sino que habría toques sobre el art. 32, que prohíbe al Gobierno Federal legislar sobre prensa, sobre el 75, que regula las facultades del Congreso, y hasta sobre aquellos que regulan ese Régimen Federal ficticio que gozamos, aunque no sería para mejorarlo, sino para acentuar el actual e indudable unitarismo, al que resisten dos o tres provincias, la nuestra incluída, pero a costa de que el Gobierno Nacional no les devuelva lo que les debe (coparticipación federal y asunto de la Caja de Jubilaciones). No hablemos de las libertades individuales, porque la reciente ley sobre terrorismo ya va insinuando que es lo que puede venirse.

No hay caso, en Buenos Aires imponen la tarjeta SUBE, pero el país va en BAJA.

Finalizo con una cuota de humor y alguna precisión.

La Presidente en su discurso del 25 o 26 de enero me copió el título de una nota mía en este medio, sobre EL REINO DEL REVÉS, aunque usándola para criticar las desatinadas palabras del premier británico sobre “el colonialismo de los argentinos”, que también son  una muestra de un Reino del Revés, porque desde la erección del Virreinato del Río de la Plata, en 1776, la Argentina no ha ganado territorios (salvo parte de la Patagonia no poseída por nadie, un sector antártico discutido y congelado por el Tratado Antártico), sino que los ha perdido (parte de la actual Bolivia, el Uruguay, algo de Rio Grande do Sul, y si no me equivoco, pequeños territorios en el Paraguay y algún etc.).

Me olvidaba, todas esas pérdidas no fueron a causa de un desastre militar, sino de la obra de una mala diplomacia y de peores decisiones gubernamentales, en todo caso del Gobierno de Buenos Aires. Por favor, que no repitamos estas historias.

 

Hasta la próxima.

 

 

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