miércoles , 20 de noviembre, 2019

Opinión: El espejo tan temido

(Especial. De nuestra Redacción) En la película infantil “La Historia Sin Fin ll”, el peligro más terrible que debe vencer el joven protagonista para lograr que siga existiendo la fantasía en el mundo, es atravesar una puerta detrás de la cual hay nada menos que un espejo, que hace que muchos cuando lo ven  huyen.
José Manuel De la Sota, para llegar a ser ungido gobernador por tercera vez, debió derrotar a los dirigentes más importantes de Córdoba: Ramón Mestre, Oscar Aguad (en dos ocasiones) y Luis Juez. Sin embargo hoy por hoy, en donde la sequía de finanzas públicas opaca sus días, no es a ninguno de sus rivales políticos, ni los mencionados, ni a otros, a los que él les teme en una comparación que puedan hacer los cordobeses.
Lo que verdaderamente desvela al gobernador, es la comparación con él mismo, con el gobernador de períodos anteriores, el que bajó los impuestos un 30 %, el que inundó la provincia de escuelas, el que mantuvo el PAICOR sin importar que había sido una creación Radical, el que dejó en la ciudad Capital obras emblemáticas (sin problemas constructivos hasta ahora)…..como el Buen Pastor, el museo del ex Palacio Ferreyra, el Caraffa y el de Ciencias Naturales. Ese gobernador era también, el que mantenía un perfil propio ante la Nación. En su momento, desde Córdoba, llegó afirmar que sabía cómo resolver los problemas que había generado la post convertibilidad.
Ese gobernador duró hasta la noche de aquel discurso donde señaló que había nacido “el cordobesismo”. La sensación que hoy queda, es que en realidad murió la autonomía política y económica de la Provincia.
La Nación adeuda según cálculos oficiales del gobierno provincial unos 1.900 millones de pesos. Mientras no se resuelva eso, la gestión Delasotista sólo puede exhibir el Boleto Educativo Gratuito (unos 150 millones de pesos anuales) y el plan Primer Paso (120 millones de pesos anuales). Todo lo demás es evitar conflictos gremiales, ajustar y controlar el gasto.
Quizás para otro gobernarte esto no es poca cosa en épocas de vacas flacas, pero para De la Sota sí. Él está acostumbrado a los grandes anuncios y sus asesores comunicacionales han desarrollado en él una gran dependencia de esa receta.
Mientras De la Sota aguarda gestos del shockeado gobierno Nacional, sus días trascurren sabiendo que su preocupaciones no están originadas ni en el emergente Ramón Javier Mestre, ni en el siempre expectante Luis Juez, sino en el maldito espejo que le devuelve la imagen de sus mejores tiempos.

 

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