miércoles , 20 de noviembre, 2019

Opinión: 100 días de Soledad

(Especial – De nuestra Redacción) Raúl Alfonsín fue el primero  en inaugurar la costumbre de celebrar los primeros 100 días de gobierno. En la semana que concluyó Ramón Javier Mestre celebró sus primeros 100 días de gestión, más impulsado por la necesidad de comunicar de sus asesores, que por convencimiento íntimo.
En esta columna,  hemos dicho, que la conducta del votante cambió de tal manera que los plazos de gracia para las nuevas gestiones se han acortado de manera notable. A esta situación el intendente de Córdoba, debe agregarle que se lo visualiza como a Cristina Fernández de Kirchner, que fue por su reelección, luego de haber estado 4 años en el poder su difunto marido Néstor Kirchner, o como a José Manuel de la Sota, que ya fue gobernador en dos ocasiones y sucedía a un hombre como Juan Schiaretti, que no sólo es de su mismo partido político, sino que fue su vicegobernador.
La situación de Mestre es distinta. Su partido no gobernaba la ciudad de Córdoba desde que dejó la intendencia Rubén Martí  para entregársela a Germán Kammerath.
Sin embargo, el joven intendente recibe reclamos más parecidos a mil días de gestión que a cien.
Varias son las razones por las cuales se notan más las dificultades de la gestión de la ciudad, que sus logros y las razones son tan heterogéneas como gravitantes. Veamos: 
Conflicto con el Suoem:
Rubén Daniele hace años que abandonó la idea de que los cordobeses sientan simpatía por los empleados municipales. Sobreactúa ante los medios con su personaje que se sonroja  al decir que va por más en los salarios, sabiendo que de este modo, cierra filas de los trabajadores municipales atrás de él. Su receta consiste, en sentarse a discutir pautas salariales los días previos y en desatar una  serie de conflictos por distintos motivos en diferentes dependencias.  Conocedor como nadie del humor de los cordobeses, sabe que al tercer día de conflictos, los vecinos siguen acordándose mal de él, pero comienzan a exigirle al intendente de turno que termine con los conflictos a cualquier precio. Ese “precio” termina siendo, habitualmente,  acceder a las peticiones gremiales.
Soledad: Mestre comunica su gestión casi en soledad, salvo las esporádicas y acertadas apariciones de su secretario de Gobierno, Facundo Cortéz Olmedo, el resto de sus colaboradores no comunican nada, y cuando lo hacen, el resultado no es el deseado. El propio intendente tuvo que salir a los medios a explicar los beneficios de la tercerización de los servicios de la empresa Crese.  Antes, su titular, Alberto Castagno, dio prácticamente una cifra distinta del costo de la empresa a cada medio que fue a consultarlo.  Ni la secretaria de Medio Ambiente, ni el subsecretario ni ninguno de los directores de Crese supo, o quiso explicar lo que el propio Mestre debió hacer.
En el otro extremo se ubica la candidez del secretario General Sergio Torres, que convocó a un periodista para hacer una recorrida por dependencias municipales en total estado de abandono,  pensando que de esta manera deslindaría responsabilidades de la actual gestión, cuando en realidad no se necesita mucho para ordenar, limpiar una dependencia y desprenderse de lo que sea basura o inservible. ¿Qué quiso hacer Torres con esa entrevista? Solo él tiene la respuesta. Muchos de los funcionarios de Mestre dan la imagen de estar más preocupados por darle explicaciones al SUOEM que a los vecinos.
Relaciones peligrosas: El gobernador José Manuel de la Sota, mantiene un trato cordial y fluido con el intendente y se muestra dispuesto a ayudarlo, pero lo cierto es que en cada gesto de ayuda se encarga de hacerlo notar, con el oficio que le dan sus años en política, la juventud de Mestre y lo complicado de su administración.
El ex intendente Martí  aparece como uno de los consejeros de Mestre, sin embargo, ante algunos periodistas no dudó en criticar lo que él define como un exceso de actitud confrontativa del intendente.
Promesas: Es lo que consiguió de la Nación. Sólo eso. En la práctica no recibió ayuda alguna y las puertas que se habían abierto,  lentamente se fueron cerrando. Tampoco aparecieron los resultados inmediatos de algunas medidas que le habían prometido desde su equipo económico. Hoy por hoy, el intendente es su propio secretario de Economía.
Si hay algo de lo que no se le podrá reprochar a Mestre, es que no haya dicho la verdad durante su campaña.  Anunció cada una de las medidas que está tomando.  Sería deseable que su equipo muestre su mismo grado de convicción, de lo contrario, decir la verdad no es suficiente, hace falta algo más, para que los días no parezcan meses y los meses no parezcan años.

 

 

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