sábado , 20 de julio, 2019

Nota editorial: Va por todo

Uno de los hombres más escuchados por José Manuel de la Sota en temas de arquitectura política escuchaba atentamente a uno de los asesores comunicacionales del Gobernador y en un momento dado lo interrumpió para decir: “Eso ya lo quiso hacer el Pocho (por Eduardo Angeloz) y no le salió”. El asesor, luego de la interrupción, se apuró a concluir la explicación de su idea.

Encuestas en mano, los asesores del Gobernador tiraron la idea que De la Sota impulse un gran acuerdo electoral para las elecciones de diputados nacionales de este año. Según ellos, el eje convocante debía ser que “ha llegado la hora de defender Córdoba frente a los embates del kirchnerismo”.

Según ellos, una lista que aglutinara peronistas, radicales y algunas otras expresiones recibiría el 60 por ciento de adhesiones si se llevara figuras fuertes, por ejemplo, en el caso del radicalismo Rubén Martí.

La osada idea tiene varios inconvenientes que la mesa chica del Gobernador se encargó de resaltar, además del antecedente al que se refería el dirigente que había mencionado ” al Pocho”. Angeloz en febrero de 1994 planteó una lista de unidad cordobesa, era una forma de ganar sin riesgos la elección de Convencionales Constituyentes. En aquel momento la UCD y una parte del justicialismo se tentaron con la idea, pero en el radicalismo había disidencias y curiosamente la parte del justicialismo que no estaba de acuerdo, era la que le respondía al actual gobernador De la Sota.

Los informales sondeos a dirigentes radicales y la certeza que semejante acuerdo resucitaría el discurso juecista de “una sociedad entre peronistas y radicales” sepultó la idea del gran acuerdo antes que terminara de nacer.

El Gobernador ha tomado una decisión que sus íntimos intuyen pero no se animan a afirmar: todo lo que él podía hacer para instalarse como candidato presidencial ya lo ha hecho y aun así no es suficiente para gravitar en las mediciones. De ahora en más, será el devenir de la política nacional lo que determine si está o no en condiciones de ser presidenciable. Mientras tanto, centrará sus energías en ser el hombre que más poder haya tenido en la historia de Córdoba. Han existido y existen caudillos provinciales que tienen una decisión casi excluyente en su provincia, pero ninguna tiene el peso político de Córdoba. En ese camino, dos temas son prioritarios en su agenda.

Medios

De la Sota sabe la influencia que tienen hoy los medios, la clausura de las antenas de TV digital instalada por el Gobierno nacional es apenas el primer paso dado en esa dirección. Por estas horas se está tejiendo un acuerdo entre radicales independientes y delasotistas para depositar al economista Alfredo Blanco en el sillón más alto de la Universidad Nacional de Córdoba, hoy en manos de la kirchnerista Carolina Scotto. Los votos que necesitaría Blanco en una eventual segunda vuelta vendrían de las huestes del actual decano de Medicina, Gustavo Irico. El precio: la conducción de los SRT. De la Sota ya sabe cuánto dinero necesitaría insuflarle al multimedio universitario y tiene la decisión de hacerlo, con esto borraría cualquier influencia del kirchnerismo en estas latitudes.

Ciudad de Córdoba

De la Sota más allá de la buena relación que mantiene con el intendente Ramón Mestre, quiere que el justicialismo recupere poder territorial en Córdoba. Marcelo Coronel en 1973 fue el último intendente que logró imponer el justicialismo. El Gobernador quiere contar con más poder territorial en la Capital.

Quizás porque alguna vez ambos quisieron ser intendentes de Córdoba, De la Sota perdió la elección general de 1983 frente a Ramón Bautista Mestre y Juan Schiaretti perdió la elección interna de 1999 frente a Germán Kammerath.

Pero lo cierto es que, a su turno cada uno, ha hecho prácticamente de intendente alterno de la Ciudad Capital, haciendo desde obras emblemáticas como la refuncionalización del Buen Pastor hasta despropósitos como el Faro del Bicentenario, pasando por algunas de dudosa transparencia como las encargadas en conjunto con cámaras empresariales (como la puesta en valor de la Avenida Irigoyen o el Parque de las Tejas), donde el mecanismo de contratación directa estuvo más presente que nunca.

La apertura del período de sesiones ordinarias en la Legislatura de Córdoba fue el escenario elegido por el gobernador para anunciar obras verdaderamente importantes para la Capital cordobesa. De la Sota no sólo tuvo al intendente capitalino sentado escuchándolo sino que lo vio aplaudir (como no podría ser de otra manera), el anuncio de obras para su ciudad. Los memoriosos no recuerdan prácticamente una apertura de sesiones del ex gobernador Eduardo Angeloz con la presencia de Ramón Bautista Mestre, intendente en aquel momento, ni un mensaje del mencionado Mestre en calidad de gobernador, contando con la presencia del entonces intendente Rubén Martí.

Así, De la Sota avanza con la meta de alambrar Córdoba de modo tal que quienes quieran la voluntad política de los cordobeses deberán golpear la puerta de su despacho. Nadie aparece por ahora que pueda condicionar su objetivo, quizás el único obstáculo que pueda aparecérsele no está en ningún partido opositor sino a metros de su despacho: las finanzas provinciales.

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