jueves , 17 de octubre, 2019

Nota editorial: Obras, no campaña

“Alberto, tenemos la presentación lista, estamos todos de acuerdo”, le dijo telefónicamente uno de los operadores que tiene el intendente Ramón  Javier Mestre en la estructura radical al presidente del partido Alberto Giménez, que se encontraba en Buenos Aires. La presentación tenía como destinatario a la Justicia electoral para acusar al justicialismo cordobés de violar la ley electoral. No hay dudas, la campaña ha comenzado.

La campaña electoral tiene la dualidad de aparentar de una manera y ser de otra. Quizás por eso el desprevenido hombre común podrá pensar que casi no hay campaña o que al menos está muy fría. Del otro lado del mostrador, se vive una campaña totalmente diferente, la nueva ley que establece las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (Paso) fijó nuevas reglas y generó nuevas trampas.

Hacer actos, recorrer pueblos y repartir el voto en los domicilios para un votante de 19 años podrían ser consideradas herramientas de la prehistoria electoral. Hoy todo ha cambiado, la ley distribuye entre los partidos los espacios televisivos y radiales. La búsqueda del rendimiento del segundaje hará recordar a los avisos comerciales que, para cumplir con una obligación legal al final casi inentendible, el locutor dice: “Promoción válida sólo desde el…”

Las campañas son verdaderamente diferentes. Quienes están en el Gobierno utilizan la publicidad oficial hasta extremos exasperantes, como el caso del Gobierno de Córdoba, que muestra y nombra candidatos que no tienen ningún cargo en el Ejecutivo.

Cibermilitantes de las redes sociales harán en la web lo que otrora otros hacían repartiendo votos. Los encuestadores han dejado de ser un insumo de los candidatos para convertirse en parte de la publicidad. En el camino ha quedado el prestigio de unos cuantos consultores que en los últimos tiempos se prestaron para que los números de sus mediciones fuesen alterados. Del mismo modo que los productores de programas televisivos siguen el rating minuto a minuto, los responsables de la comunicación están abocados a seguir cuáles son los temas de agenda del día de los noticieros para inmediatamente hacer llegar una gacetilla de prensa con el mensaje del candidato sobre ese tema.

Pero aun así, los imprevistos y las sorpresas aparecen y generan verdaderos torbellinos. El más notorio y reciente fue el pedido de captura a Ricardo Jaime. Desde el mismo momento en que surgió la noticia (hace más de una semana), los candidatos con más chances en Córdoba recibieron una constante presión de sus asesores para referirse al tema. Todos dudaron, por distintas razones, en qué debían decir. Las horas que demoraron en un mundo de comunicaciones globalizadas, parecieron una eternidad.

El justicialismo local dudó porque tuvo a Jaime como integrante de su gobierno en los primeros años de José Manuel de la Sota. Los radicales dudaron porque temían que sus expresiones fuesen tomadas como oportunismo por algunos votantes. El juecismo quiso dejarle semejante presa a su mejor tirador: Luis Juez, pero cuando debieron disparar los candidatos no supieron bien qué decir. Olga Riutort estaba alcanzada por las mismas generales que le comprendían al delasotismo. Finalmente, Carolina Scotto fue la más pragmática: le transfirió la responsabilidad a sus asesores, que tardaron días en llevarle un libreto para tamaña contingencia, y terminó con la clásica estrategia K de tapar un elefante llenando de elefantes.

Jaime recibe ahora la artillería pesada de propios y extraños, la cual viene recargada para compensar los silencios iniciales. La firmeza del fiscal cordobés Maximiliano Hairabeidán contrastó con el resto. Ahora, Jaime ha sido eximido de presión. En pocos días dejará los primeros lugares de la agenda. “En una campaña rige la máxima futbolística que dice que los goles que no hacés, son los que después te hacen”, dijo resignado un consultor del radicalismo cuando supo de la nueva situación de Jaime.

La otra campaña

Los cordobeses viven por estos días la otra campaña. No será la primera vez que un turno electoral despliegue un verdadero abanico de inicio de obras públicas, anuncios y hasta inauguraciones.

En meses de elecciones se mostrará en poco tiempo lo que no se mostró en un par de años.

La ciudad de Córdoba comenzará un importantísimo plan de obra pública, producto en gran parte de la ayuda del Gobierno nacional, algo que el  intendente Ramón Javier Mestre recibió con mucho gusto y enfureció al gobernador José Manuel de la Sota, quien llegó a reclamar agradecimiento por parte de la ciudad a su gestión por las obras realizadas.

En el caso de la Provincia tendremos, el déjà vude lo vivido en la última elección a intendente cuando el entonces gobernador Juan Schiaretti, empecinado en hacer ganar a su esposa como viceintendente de Héctor Campana, desplegó una cantidad de obra pública sin precedentes en la ciudad. Ahora, él es el candidato y De la Sota utiliza la misma receta.

Vistas así las cosas, podría decirse bienvenidas las obras, aunque sean como parte de una campaña.

El problema son los efectos colaterales de este modo de gestionar, entre los más notorias podríamos mencionar que en campaña se privilegian las obras que más se ven, que no son necesariamente las que más se necesitan.

Los contratistas de Estado, en muchos casos, piden adelantos de certificados porque saben que después de las elecciones no se seguirá el mismo ritmo de obra y, en algunos casos, hasta puede pararse. Esto distorsiona aún más los precios que siempre arrancan altos a la hora de cotizarle al Estado. La calidad de la obras dejaran su huella. Los ejemplos emblemáticos que conocemos los cordobeses son la nueva Terminal de Ómnibus y el Centro Cívico, ambos con patologías constructivas derivadas del tiempo que se exigió para la culminación.

Quizás sea por todo esto que cada día se esmerila aún más la confianza de la gente en los funcionarios públicos. O quizás la aparente frialdad de la sociedad hacia la campaña, es consecuencia del enojo por la subestimación a la que la someten algunos hombres. El ex gobernador Juan Schiaretti ha dicho que concurre a las inauguraciones de obras porque él las inició. El hoy candidato a diputado nacional debería recordar que las inició con el dinero de todos los cordobeses, que esperan obras no campañas y que no andan sacándose fotos en cada uno de los emprendimientos que financian con sus contribuciones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *