domingo , 25 de agosto, 2019

Nota editorial: Nos siguen pegando abajo

A principio de los 80’, Carlos Alberto García cantaba: “Miren lo están golpeando todo el tiempo/ lo vuelven, vuelven a golpear/ nos siguen pegando abajo”.

El domingo volviendo a escuchar este popular tema de “Charly” se me ocurría que lo mismo pueden decir la mayoría de los argentinos, es decir, todos los que pertenecen a la clase baja y media argentina que no terminan de hacer pie en la economía.

Tuvieron un respiro luego de haber experimentado uno de los peores ahogos en la historia argentina con la crisis del 2001, no hace falta repasar las postales que dejaron la recesión económica, devaluación y corralito financiero. Sin embargo, las apariciones públicas del ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, nos obliga a recordar esos terribles años que incluso se cobró algunas muertes y claro, algunos reaccionan con insultos y huevazos. Una situación que está lejos de convertirse en justicia, ya que para ello, muchos ex funcionarios, entre ellos este ex menemista devenido en catedrático, deberían estar presos.

Pero la clase media y trabajadora pudo a fuerza de reclamos, organización y resistencia seguir en pie. Luego comenzó la “era kirchnerista”, ayudada principalmente por el incremento en las exportaciones y el aumento del precio internacional de la soja, los argentinos lograron hacer pie y sacar la cabeza para respirar.

Durante el mandato de Néstor Kirchner y el primero de Cristina Fernández, pese a la devaluación del peso y la inflación en aumento, los indicadores de desempleo y pobreza bajaban. El consumo y la construcción crecieron y muchos argentinos pudieron volver a realizar viajes al exterior, comprar el auto cero kilómetro, ampliar o construir su casa, entre otros lindos recuerdos.

Así Cristina ganó en las elecciones de 2011, con el 50 por ciento de los votos, ya se sabe que en Argentina se vota con el bolsillo.

Sin embargo, la década de bonanza pasó y una fuerza desde abajo volvió a tironear a los argentinos que habían logrado un respiro.

La inflación para 2014 se prevé en más del 40 por ciento anual. Por ejemplo, la canasta básica de alimentos en Córdoba ya lleva acumulado un aumento del 20 por ciento en lo que va del año.

Según el Indec, la tasa de desempleo se ubicó en 10,7 por ciento en el segundo trimestre del año en el Gran Córdoba. Cientos de cordobeses quedaron desempleados tras los cierres de fábricas y de disminución en la producción.

La construcción cayó 2,4 por ciento el primer semestre y el consumo demuestra también una baja, por ejemplo, el Centro de Almaceneros de Córdoba admitió una caída del 26 por ciento en un año.

Todos estos indicadores, que parecieran sólo números para entendidos, se traduce ni más ni menos que en ajustes en los hogares argentinos. Volver a pasar vacaciones en casa porque no hay dinero para salir, postergar la decisión de cambiar el auto y pensar en pasarlo a GNC ante el aumento en el precio de la nafta, consumir segundas marcas, entre otras decisiones que toma la clase media argentina acostumbrada a las crisis cíclicas.

El mayor problema se da en aquél grupo que tiene que decidir qué alimento dejarán de consumir, que vestimenta pedir en el roperito del barrio y volver a mandar a sus hijos a tomar la copa de leche, porque la inflación y el desempleo los sufren todos pero es más cruel con los que menos tienen o mejor dicho, con los que nada tienen. Los planes sociales no alcanzan y el aumento de los chicos que vuelven a los comedores comunitarios son comentario comunes entre las decenas de organizaciones que trabajan en los barrios populares.

Nuevamente, sin dudas, la crisis económica “nos sigue pegando abajo” a todos los argentinos pero en unos más que en otros.

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