domingo , 18 de agosto, 2019

Nota editorial: Nada fue como se esperaba

Si se repasan las columnas de los principales medios cordobeses concluidas las Paso (elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias), en particular aquellas que relataban como serían los próximos pasos de cada partido, uno puede llegar a pensar que se refiere a un turno electoral ocurrido hace mucho tiempo. Sin embargo, fueron sólo 70 días los que trascurrieron.

En el justicialismo, luego del mal trago del domingo por la noche (incendios en Villa Carlos Paz e imprecisiones en las encuestas de boca de urna, desalentaron la idea de llenar el palco armado sobre la avenida General Paz) tuvieron dos muy buenas noticias. Por una lado, la suma de las listas justicialistas le otorgaban una leve ventaja sobre el radicalismo en la capital de Córdoba, territorio fuerte del radicalismo. Por otro lado, Martín Llaryora hacía conocer que aceptaba sumarse a la lista y por ende a la campaña. El gobernador José Manuel de la Sota ratificaba que el eje de la campaña debía ser la defensa de Córdoba en un clima de distensión y con “muy buena onda” como les dijo el propio De la Sota a sus candidatos.

En el radicalismo, existía mucha preocupación por la performance del justicialismo en la Capital, había dudas en la actitud que tomaría Miguel Ángel Abella que había competido contra Oscar Aguad en las Paso. “Vamos a tener que mostrar el resto de la lista en la Capital, para tratar de sacarles votos jóvenes a (Héctor) Baldassi”, dijo uno de los responsables de la campaña radical que veían en el ex árbitro un gran peligro.

En el PRO todo era festejo, Héctor Baldassi era la revelación de las elecciones y se envalentonaban con ir por los votos radicales.

El kirchnerismo local pensaba que Carolina Scotto llegaba a su techo y que había sido un error no “Cristinizar” la campaña.

Los dirigentes de Olga Riutort vaticinaban una fuga de votos propios hacia la lista de Juan Schiaretti.

En el campamento juecista la desazón era generalizada, no pocos pronosticaban una fuga masiva de votos ante la escasa visualización de su primer candidato Ernesto Martínez. El resto de las fuerzas habían tenido la performance que esperaban.

Pero todo fue distinto, Ernesto Martínez fue ganando presencia en sus apariciones públicas y la publicidad, de fuerte crítica al delasotismo, fue prescindiendo de la necesidad del padrinazgo de Luis Juez.

Carolina Scotto logró el aval de la Casa Rosada para profundizar su campaña alrededor de sus atributos personales, de la mano de una impecable política comunicacional logró destronar, por estas horas, al candidato de Mauricio Macri.

Héctor Baldassi pasó de ser revelación a candidato vergonzante de su propio equipo de campaña, después de su actuación en el debate de la Universidad Católica de Córdoba. Del seno de su propio equipo de campaña salió la definición: “No vamos a exponerlo más a estas cosas”. En realidad, las “cosas” no eran otras que un debate donde explicara qué haría desde una banca del Congreso de la Nación.

Las otras sorpresas vinieron del lado del radicalismo y el justicialismo. Por el lado de los radicales, la primera sorpresa la dieron los encuestadores cuando señalaron que Aguad cosechaba más del 90 por ciento de los votos que habían recogido sus competidores internos, alguien que nadie esperaba.

Luego a medida que aparecían escándalos en la gestión de De la Sota la figura de Aguad creció de la mano de las fuertes críticas que lanzó, en particular en lo referido al escándalo de los narcopolicías.

Un nervioso De la Sota chicaneó a Ramón Javier Mestre con la situación de su viceintendente mencionado en el programa de investigación ADN, curiosamente, el propio De la Sota había desacreditado a ese programa. Pero Aguad siguió pidiendo explicaciones públicas sobre lo que ocurre en la División Drogas Peligrosas de la Policía. Ahora parece un recuerdo muy lejano la sugerencia de algunos asesores que recomendaban mostrar otras caras junto a la de Aguad, porque éste había llegado a su techo.

Por estas horas, Juan Schiaretti sólo recibe sugerencias de Guillermo Seita, viejo conocido suyo y titular de la consultora Managen & Fit. Una serie de tormentas se han desatado sobre su campaña, las últimas: los desaciertos del publicista Ramiro Agulla. Antes la tormenta comenzó con la aún no aclarada muerte del policía Juan Alós, luego vino la detención de un grupo de policías incluido el jefe de Drogas Peligrosas, Rafael Sosa; luego todo fue complicación: la polémica ahora se sitúa en la muerte de la policía Damaris Roldán y el desplazamiento de 70 efectivos de Drogas Peligrosas. Como si algo faltaba, el sábado uno de los policías transladados amagó con quitarse la vida, en pocos meses se ha hablado más de suicidios policiales que en todo la historia de la Policía de Córdoba.

Schiaretti recibe mensajes de tranquilidad de su amigo Seitas, pero no está tranquilo, el Gobierno gasta, en lo que va de octubre, más de un millón de pesos por día en avisos gráficos, pero aun así no está tranquilo. Que Aguad esté a menos de siete puntos, que haya un escándalo en la Policía y un De la Sota desencajado, son cosas que no debían suceder pero en política, más aún en campaña, a veces nada resulta como se esperaba.

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