viernes , 15 de noviembre, 2019

Nota editorial: Mundial, ¿Una fiesta de todos?

Comenzó el Mundial de Fútbol y todas las miradas están puestas allí. Como siempre ocurre, cada cuatro años, los partidos de la celeste y blanca (y los demás también) se vuelven el principal tema de café, en los taxis, en los medios de comunicación y en las mesas de las familias argentinas.

El fútbol está en nuestro ADN cultural y se vuelve el único fenómeno unificador entre los argentinos, cuando la Selección nacional mete un gol, el argentino grita y se abraza a quien tenga a su lado, sin preguntar religión, ideología política, orientación sexual o clase social.

En 1979, un año después del Mundial disputado en Argentina, se estrenó “La fiesta de todos”, una película argentina documental-de comedia dirigida por Sergio Renán y escrita por Renán, Hugo Sofovich y Mario Sabato. El film es una reconstrucción mayormente documental de la victoria argentina en la Copa Mundial de Fútbol de 1978, intercalada con distintos episodios ficticios que suceden durante la misma época.

httpv://youtu.be/etZE59ZZtbM

La película fue muy criticada por ser un instrumento publicitario de la Dictadura Militar para mostrar a un pueblo unido disfrutando de una “fiesta de todos”.

36 años después de jugada la Copa, es más fácil ver cómo el Mundial 78′ fue la herramienta perfecta para el Gobierno de Facto para ocultar los miles de desaparecidos que se encontraban secuestrados, presos y torturados en 340 centros clandestinos de detención de todos el país. La gran mayoría de argentinos estaban eufóricos con el triunfo conseguido por la Selección.

Años después pudimos conocer testimonios escalofriantes de los presos políticos que narraban cómo sus torturadores escuchaban por radio los partidos mientras “picaneaban” a alguno de ellos, o incluso que los sacaban de los calabozos a festejar entre la ciudadanía en plena 9 de Julio.

httpv://youtu.be/Q3_SdvPwyj4

Casi 40 años después, nos agarramos la cabeza y pensamos cómo pudimos ser tan ciegos y egoístas de festejar un triunfo deportivo mientras el país se desangraba y convertía a esa Copa en un episodio oscuro,  hoy lleno de dudas sobre si se ganó por una capacidad deportiva superior o por amenazas por parte de la Junta Militar a selecciones de otros países tal como se ha denunciado,entre otros puntos.

Si se consulta a los ciudadanos argentinos sobre este episodio, seguramente la gran mayoría asegurará que no querría volver a repetir una Copa así, aseguraría también que hoy la situación es muy diferente, que hoy se vive en democracia y que no existen militares torturando en calabozos a miles de presos políticos.

Y en parte tienen razón, hace 30 años que tenemos gobiernos democráticos en forma ininterrumpida, que los uniformes verde oliva ya no realizan más golpes de Estado y las diferencias se disputan en las urnas. Es un gran paso, sin dudas.

Sin embargo, no podemos afirmar hoy que no existen más presos políticos y que se erradicaron las torturas en las cárceles y penitenciarías. Y en esto, la diferencia -lamentablemente- se dirime sólo en cuestión de números.

Según un informe publicado en 2012 por Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, se estima que en Argentina hay -desde 2001- “más de 4.000 personas criminalizadas y judicializadas” que pertenecen a sectores populares que se movilizaban por diferentes reclamos sociales. “El número de víctimas asesinadas por luchar desde el año 2001 asciende a más de 70”, agrega el informe.

Este relevamiento detalla cada caso de las 70 víctimas de crímenes cometidos por el Estado o con su complicidad con precisión.

Ayer fueron 30 mil, hoy se estiman 4.000. Que sólo sea una cuestión cuantitativa, en democracia, sin dudas, no es un avance.

Además, la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) denuncia constantemente las torturas registradas en cárceles y dependencias policiales de todo el país y los más de dos mil casos de gatillo fácil contabilizados desde 2001 hasta la fecha.

El último boletín informativo de la Correpi narraba uno de los cientos de casos denunciados en las penitenciarías cordobesas:

“Las personas que, por diversas circunstancias, están privadas de su libertad en las cárceles, sufren a diario torturas tanto físicas como psicológicas, aplicadas por sus “guardianes”. Los diversos modos de tormentos, junto a la falta de adecuada atención médica y el contexto de paupérrimas condiciones de vida y edilicias, dan como resultado la muerte de centenares de presos al año (…) En Villa Dolores, Córdoba, un preso cuya identidad fue reservada, condenado a 4 años de prisión por tráfico de drogas, fue encerrado en una celda de aislamiento de la cárcel local. En su desesperación, intentó suicidarse colgándose de una toalla.
Los guardiacárceles lo advirtieron y rescataron, para después mostrarle su “irritación” por el trabajo extra: lo golpearon y lo violaron en tres oportunidades con un palo de escoba. Cuando lo condujeron a la enfermería, el médico del penal hizo su parte, inmovilizando manos y piernas con eslingas de tela adhesiva. De más está decir que no cumplió su obligación de denunciar lo que el cuerpo del preso le mostraba.
El muchacho, de regreso al pabellón, tuvo el valor de denunciarlos mediante una comunicación telefónica con el fiscal federal, Gustavo Vidal Lascano. En el Hospital San Roque, los estudios médicos confirmaron las torturas sufridas, y el fiscal no pudo esquivar el bulto, e imputó al director del penal cordobés y el médico como encubridores y a los siete guardiacárceles como autores del delito de aplicación de tormentos. Aunque la pena en expectativa llega a 25 años, están todos en libertad.
La víctima no sólo sigue presa. Fue amenazado de muerte por otro guardiacárcel, y la respuesta judicial fue trasladarlo a otra cárcel cordobesa, el penal San Martín de la capital”. 
 

Los últimos presos políticos en Córdoba denunciados por agrupaciones sociales fueron los detenidos (y posteriormente imputados) el miércoles pasado durante los enfrentamientos con la Policía por la aprobación de la Ley de Ambiente provincial. En un primer momento fueron 26 detenidos, de las cuales cuatro permanecieron en la Cárcel de Bouwer durante todo el fin de semana.

Sin dudas, el Mundial de Fútbol sigue siendo una fiesta para la gran mayoría de los argentinos, mientras que para muchos otros sólo lo escuchan por la radio de sus guardiacárceles. 

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