viernes , 19 de julio, 2019

Nota editorial: Los riesgos de navegar sobre la ola

Viernes por la tarde atípico políticamente. O mejor dicho aún, explosivo. “Menos mal que el fallo de Alfonso nos dio una mano”, se sinceró un hombre que integra la mesa chica del gobernador José Manuel de la Sota.

La alusión era al fallo del juez Horacio Alfonso declarando la constitucionalidad de la Ley de Medios. El alivio era porque ese fallo puso al rojo todas las redacciones de los medios, en momentos en que De la Sota había sufrido un duro golpe, no propinado por ningún integrante del Gobierno nacional, ni tampoco por algún opositor local. Se lo propinó la persona más escuchada por la gente en los últimos días, y tal vez una de las que goza de más altos índices de credibilidad: Susana Trimarco.

La semana pasó con el caso Marita Verón como protagonista excluyente en la agenda de las noticias. El fallo absolutorio de los acusados disparó la reacción social de la gente, indignada con el flagelo que implica la trata de personas. La gente y la dirigencia opinó y lo hizo furiosa mientras Susana Trimarco, madre de la desaparecida Marita Verón, denunciaba una justicia corrupta. Se desataba así una serie de acusaciones que, entre otras consecuencias, le costó el cargo al ministro de Seguridad de Tucumán y rehabilitó el tratamiento de leyes en el Congreso.

Que la gente espontáneamente se enoje y reaccione es lógico en un país acostumbrado a sorpresas judiciales como los fallos del abucheado juez Norberto Oyarbide (que no pudo ver ni un partido de tenis por los insultos de la tribuna en Tigre) o el intento de colocar al kirchnerista Daniel Reposo como jefe de fiscales. Ahora que gobernantes, políticos y comunicadores opinen “técnicamente” sobre un fallo que desconocen en sus fundamentos, y lo peor aún, que den su opinión de un juicio que ni siquiera siguieron por los medios, sólo para quedar bien con el clamor popular y en particular con Susana Trimarco, es patético y daña aún más al sistema judicial. Los gobernantes más que dar opiniones deben dar soluciones.

En esa ola, uno de los primeros en subirse fue De la Sota, que a escasos minutos del fallo tucumano le decía al país por Twitter que él impulsó una Ley sobre trata de personas, mientras en el Congreso de la Nación duerme una iniciativa igual, que la Justicia de Córdoba es diferente, que él apoyó a Trimarco, entre otras cosas apuntadas a aprovechar la reacción social para proyectar su figura.

Pero, apenas cuatro días después, Trimarco trató de delincuente a María Amelia Chiófalo, dirigente justicialista de probada fidelidad delasotista que el Gobernador puso al frente de Secretaría de Asistencia y Prevención de la Trata de Personas.

Hace muy poco, la angustiada madre de Marita Verón había posado junto al Gobernador. Ahora todo eso queda diluido frente al poder de fuego de una mujer que hace temblar al poder por donde pasa.

El knockout fue tan grande que ni De la Sota ni su verborrágico Jefe de Gabinete dijeron nada. Sólo una comunicación del vocero del gobernador resaltando los logros del área cuestionada por una persona que hace 10 años la vida la forzó a transformarse en especialista en la materia.

Lo que está en discusión es cómo se combate el flagelo de la trata de personas y De la Sota mostró a Trimarco como un emblema en esa lucha. Ahora, ella no ha cuestionado sus políticas sociales o su relación con la Nación, ha cuestionado de manera directa a su área de gobierno encargada del tema. Semejante situación merece algo más que un correo electrónico de un vocero como aclaración.

Si de aclaraciones se trata tendrá también el Gobierno provincial que aclarar la situación generada por la instalación de la llamada “Quiniela instantánea”, que amenaza a convertirse en escándalo, un juego de azar que no está reglamentado en ningún ordenamiento legal vigente y que la administración delasotista pretende instalar en todo el territorio provincial, sin que haya mediado licitación alguna.

La trata de personas, los amigos del poder (muchos vinculados al juego), la inseguridad, la presión tributaria y la falta de diálogo son algunos de los temas que De la Sota eligió de la agenda mediática para diferenciarse de Cristina Fernández de Kirchner. Pero él, a diferencia de otros dirigentes políticos, tiene una provincia que administrar lo cual es un viaje sin escalas a la realidad.

La necesidad de crear nuevos impuestos como la tasa vial, la absolución del conocido narcotraficante “el Chancho Sosa” por negligencia policial, el oscuro intento de instalar un nuevo juego de azar y las acusaciones de Susana Trimarco son las formas en que se expresa esa realidad en Córdoba.

Mientras se les encuentra solución a todos esos problemas, seguramente De la Sota pensará que su carrera presidencial, al igual que su intento del 2002-2003, a veces se muestra como el juego de la oca donde cada tanto sale una ficha que dice: “Vuelva a la largada”, al menos mientras existan Susanas Trimarcos que nos recuerden los riesgos de navegar sobre la ola.

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