lunes , 18 de noviembre, 2019

Nota editorial: Los que no pudieron estar en el “asadito”

La noticia política de la semana sin dudas fue “el asadito en la ESMA” que se llevó varias críticas de políticos opositores al Gobierno, la defensa de aquellos cercanos al kirchnerismo y otras tantas “chicanas” en las redes sociales.

Lo cierto es que el pasado 27 de diciembre el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos presentó en el predio de la ex Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) los “Lineamientos del plan estratégico 2012-2015”. Una especie de cierre de fin de año donde se invitaba a todos los empleados de la cartera comandada por el ministro Julio Alak. Hasta allí todos están de acuerdo. Lo que se discute es el menú: si hicieron un asadito (léase choripan, hamburguesas a la parrilla o similares) o si fue un servicio de catering donde se repartieron sandwichitos ya que la jornada de trabajo sería larga.

Exacto, el menú generó enfrentamientos políticos e incluso el pedido de renuncia del ministro Alak.

Quienes hicieron la denuncia pública fueron los delegados de ATE del ministerio. Aseguraron que hubo “aprietes” hacia los trabajadores para que asistan y que incluso dispusieron de colectivos para llevarlos.

Rápidamente se oyeron las voces de los políticos opositores como Victoria Donda (diputada del Frente Amplio Progresista, ella nació en la ESMA mientras su madre-aún desaparecida-estuvo detenida en ese centro clandestino), Margarita Stolbizer (FAP); Ernesto Sanz (UCR), Manuel Garrido (UCR), Mario Negri (UCR), Julián Obligio (PRO); Patricia Bullrich (Unión por Todos) y Vilma Ripoll (MST).

Una de las voces que se unió a los repudios y que nos puso la piel de gallina al escucharlo fue el de Carlos Gregorio Lordkipanidse, un sobreviviente de la ESMA.

“Es absolutamente molesto y horripilante lo que hicieron en la ESMA. Llegaron a este punto en el que la falta de respeto es absoluta”, expresó Lordkipanidse, quien recordó que los torturadores tenían dos maneras de deshacerse de los cuerpos de sus víctimas: los “traslados” en los que eran arrojados desde aviones al Río de la Plata o las cremaciones en el mismo predio de la ESMA a las que denominaban “asados”.

Alak por su parte, desmintió ayer las acusaciones y las vinculó con “una desesperación electoral por parte de la oposición” y apuntó contra Clarín y La Nación de querer tapar con esta noticia otras como la resolución judicial sobre el predio ferial de la Sociedad Rural.

“Se organizó la presentación del plan estratégico 2013-2015 en materia de Derechos Humanos. Por lo tanto, hubo una decisión de presentarlo a la mayor cantidad de personas. Empezó a las 10 de la mañana y terminó a las cuatro de la tarde, obviamente había que darle de comer a la gente, es decir, empleados del Ministerio de Justicia. Lo que se hicieron fueron unos sándwiches para que la gente pudiera permanecer en el predio en lugar de ir a comer algo a algún bar”, justificó el funcionario.

Las organizaciones Hijos y Abuelas de Plaza de Mayo salieron a defender al Gobierno y acusaron a los “medios hegemónicos” de “distorsionar la realidad y producir una operación mediática para desgastar la imagen de los funcionarios”.

Desde su cuenta de Twitter la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sostuvo: “Es la vida que por fin alcanza un lugar donde reinaron la muerte, el dolor, la tragedia y también las miserias humanas”. Y agregó: “En la ex-ESMA se han hecho y se seguirán haciendo asados, festivales, reuniones, Hebe cocinando, el Canal Encuentro, Paka Paka, etc”.

La foto apareció, la reunión con miles de trabajadores de fin de año, existió. Quedarse en la discusión de si hubo un “asadito” o no, es un tanto banal si no se tiene en claro cuál es la función que debería cumplir este “Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos” y tantos otros que existen en el país como el ex centro clandestino de detención “La Perla” en Córdoba.

¿Son museos? ¿Son lugares de reunión para las organizaciones de derechos humanos? ¿Son espacios donde se lloran y recuerdan a nuestros desaparecidos y muertos? ¿O son lugares donde se festeja la democracia y los sobrevivientes que están entre nosotros?

Estos interrogantes podrán ser motivo de debate entre los ciudadanos y dirigentes para decidir sobre el destino de estos centros. Mientras, nos resta recordar a aquellos 30 mil que no pudieron ser parte de esa reunión y que, en el mejor de los casos, esperemos no sean objeto de uso para justificar actos en el Gobierno o utilizarlos para criticar al Poder Central.

 

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