jueves , 5 de diciembre, 2019

Nota editorial: Los parecidos de De la Sota con Ramón

“Nosotros ya teníamos nuestro Capitanich con Oscar, en eso vamos delante de la Presidenta”. La frase le pertenece a un hombre del riñón político del gobernador José Manuel de la Sota y fue pronunciada en un diálogo donde se comentaban los cambios por venir en el Gabinete provincial.

Los cambios ministeriales obedecen en general a dos razones: el primero por fracaso del funcionario mismo; el segundo por el fracaso de las políticas implementadas, en cuyo caso, el cambio de nombres obedece a la necesidad de darle credibilidad al cambio de rumbo además de fortaleza. En el caso del Gobierno nacional hay ejemplos de los dos casos. Juan Manuel Abal Medina nunca terminó de asumir como Jefe de Gabinete de Ministros, su personalidad le impidió ejercer el cargo que antes, con matices, lo habían hecho “los Fernández” (primero Alberto, luego Aníbal). El caso de Hernán Lorenzino es diferente, si no hubiese ocurrido el bochornoso “me quiero ir” pronunciado por el ex ministro de Economía a una periodista extranjera, se podría decir que Lorenzino hizo exactamente lo que le pidieron, por lo que el cambio por Axel Kicillof obedece a la necesidad darle credibilidad y fortaleza a los cambios. El caso de Guillermo Moreno y su patético papel fue simplemente quitar una provocación permanente a la gente.

Volviendo a Córdoba, la indulgencia periodística hacia la administración delasotista, entre otras cosas, hace que el Gobernador piense más en cambiar nombres que políticas. El resultado electoral que lo privó de estar en la carrera presidencial, ha sido analizado por De la Sota y sus hombres como resultado de cuestiones políticas coyunturales y por lo tanto no hay rumbo por cambiar.

A De la Sota le molesta que se diga que ha estado lejos de su administración. Eso además de traerle un costo político le genera dispersión en la tropa. Si finalmente se produce la mudanza del Jefe de Gabinete Oscar González a un resucitado Ministerio de Gobierno será más que por necesidad de mostrar un De la Sota al frente de la administración que por falencia de González.

De la Sota siempre gobernó delegando. En su primera gestión al frente del gobierno provincial su ex esposa Olga Riutort estaba al frente de la poderosa Secretaría General de la Gobernación, que en la práctica era una jefatura de gabinete, a tal punto que tuvo más de un roce con el propio González cuando ocupaba el Ministerio de Gobierno, por la incidencia de la ex Secretaria general en la Policía.

De la Sota, antes de su asumir su actual mandato, les dijo a los industriales de Córdoba que quería a uno de ellos aggiornado Ministro de Industria. Los industriales le propusieron a un “hombre de la casa” pero que no es titular de ninguna industria. Así llegó Jorge Lawson al Ministerio de Industria. Lawson en estos dos años hizo lo que sabe hacer: relaciones públicas. Ahora el Gobernador ha decidido que quizás el mejor aporte del conocido relacionista público, lo pueda hacer en la relación cotidianidad con los medios.

Carlos Simon hace rato que quiere abandonar la función pública. Todo lo cómodo que se sintió al frente del Hospital Córdoba, es directamente proporcional a lo incómodo que está en el Ministerio de Salud.

Mónica Zornberg, la ministra de Administración, debía ocupar un vacío que había dejado Olga Riutort en cuanto al “monitoreo” de distintas áreas, pero desde el primer día ha contado con la resistencia de la mayoría de los ministros. Héctor Paglia fue una incorporación que realizó De la Sota pensando más en el prestigio que aportaría el economista, que en políticas concretas.

Todo será reordenar y enroques. De la Sota no cree que el escándalo desatado por la investigación judicial que tiene a nueve policías detenidos sea un problema de su gestión, tampoco considera grave la “cartelización” de la obra pública denunciada por el diario Puntal de Río Cuarto, ni tampoco las asignaturas pendientes como el estado de los institutos de salud mental o las aulas contenedoras dependientes del Ministerio de Educación.

Por su parte, el intendente de Córdoba, Ramón Javier Mestre, también prepara algunos pequeños cambios en su gabinete. El ya prácticamente alejado secretario de Economía Diego Dequino seguramente será reemplazado por el actual secretario General, Sergio Torres, un funcionario de la más absoluta confianza del Intendente. Mestre preferiría no mover a Torres de allí, pero sabe que resta solo la mitad de su mandato por lo que, la experiencia es un valor que cotiza alto a la hora de incorporaciones o enroques. Mestre tiene más puesta su mirada en los responsables operativos que en su primera línea de gestión. Las quejas por el estado del alumbrado, los baches y los semáforos, son problemas más de la gestión diaria que de políticas implementadas.

Mestre sabe que su plataforma política para cualquier paso que desee realizar es su éxito al frente del municipio cordobés, con esa premisa comenzará la segunda mitad de su mandato.

Volviendo a De la Sota, los cambios en su equipo de gobierno serán resultado de la primera decisión que ha tomado: no descarta ser candidato a gobernador nuevamente. Quizás por eso no recepte las sugerencias de algunos nombres que le hizo llegar Juan Schiaretti.

Ricardo Sosa por ejemplo, o quizás la incorporación de Martín Llaryora no sea en el área en la que mejor pueda desempeñarse el sanfrancisqueño.

En esto, De la Sota se parece al técnico de River Plate, Ramón Díaz, a quienes los hinchas acusan de no poner de titular a algunos jugadores por intereses propios y a otros hacerlos jugar en un puesto que no es el natural para de esa manera bajar su rendimiento y su correspondiente cotización.

Pero el fútbol no es de los deportes preferidos del gobernador, por lo que los parecidos con “Ramón” seguramente son producto de la casualidad.

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