sábado , 21 de septiembre, 2019

Nota editorial: Los pájaros de Central Park y la explosión de Alta Córdoba

“Cuando se muere un pájaro en Central Park, para mis votantes soy responsable”. La frase la pronuncia John Pappas, el alcalde de New York personificado por Al Pacino en el triller City Hall.

Según el personaje de Al Pacino, la cita le pertenece a Fiorello La Guardia (alcalde de Nueva York entre 1934 y 1945) y es pronunciada en una escena donde discute Pappas con Kevin Colhoun su asesor, personificado por John Cusack, luego de la muerte de un niño y un policía en un tiroteo. El alcalde Pappas decide ir a los velorios y su asesor se opone firmemente hasta que tengan más información al respecto. La frase atribuida al célebre La Guardia es utilizada por el personaje para hacerle entender a su asesor que debía ir.

Hace unos días, la ciudad de Córdoba vivió una terrible explosión en una fábrica del barrio Alta Córdoba. Las primeras informaciones indican que la fábrica en cuestión habría violado las condiciones en que fue habilitada, pero recién en los próximos días se sabrá con exactitud si efectivamente fue así.

Esa noche, el gobernador José Manuel de la Sota y el intendente Ramón Javier Mestre recibieron consejos muy diferentes por parte de sus asesores. A De la Sota le sugirieron ir de inmediato y que se sepa. La razón, muy simple: sea cual fuere el origen del siniestro no habría en principio, responsabilidad del Gobierno provincial, por lo tanto, el riesgo de pasar un mal momento era cero. Mestre, en cambio, cuando se decidía a concurrir al lugar recibió el consejo de no ir hasta no saber el grado de habilitación de la empresa siniestrada.

La reacción de De la Sota fue inversamente proporcional a la que tuvo en diciembre pasado cuando la ciudad, por responsabilidad de su administración, quedó a merced de los delincuentes por un paro policial o más recientemente con la explosión de un gasoducto en Pilar, en aquellas circunstancias cada movimiento era evaluado en la balanza riesgo-beneficio.

Mestre llegó con su gente, más tarde que el Gobernador, quien en uno de los primeros reportajes ante una pregunta, respondió: “Hay que preguntarle a los funcionarios municipales, debe haber alguno” para resaltar que aún no estaban, salvo el Secretario de Gobierno, Javier Bee Sellares, primera autoridad pública en llegar. Los asesores de uno y otro cometieron algunos errores, no menores por cierto.

De la Sota llegó al lugar del incendio y su cuenta de Twitter comenzó a relatar lo que sucedía, incluso con fotos. La idea era que los que no estaban frente al televisor se enteraran que él estaba ahí. Los tuits municipales, seguramente programados horas antes de la explosión, seguían promocionando los avances municipales en distintas áreas.

El resultado de una y otra estrategia fue que un porcentaje de la población desaprueba lo que considera una sobreactuación del gobernador en lo que pudo haber sido una tragedia enorme, mientras otro porcentaje de la población desaprueba lo que considera una reacción “lenta” del Intendente.

Pero nada de esto afectará la tarea de los consultores. A diferencia de ministros y funcionarios, no tienen áreas ni personal a cargo, no sufren reproche público o mediático. Su tarea es “cuidar” la imagen de sus asesorados, y cuando existe una contradicción entre una medida necesaria para la población y resguardar la imagen, no dudan que camino tomar. En definitiva a ellos no se los vota, ni tampoco tienen en su mayoría pertenencia política.

El inescrutable papel que muchas veces juegan los consultores, llevó hace unos años, a un columnista de La Voz del Interior a preguntarse si los consultores escribían todo lo que los candidatos decían que harían, por qué no votarlos directamente a ellos. Más allá de la ironía, lo cierto es que, la cada vez más notoria dependencia de políticos con sus asesores de imagen, relega la influencia de técnicos en áreas específicas, lo que termina imponiendo el marketing sobre la gestión.

Tanto De la Sota como Mestre tiene algo en común con John Pappas, el personaje de Al Pacino. El protagonista de la película buscaba concluir su mandato como alcalde de New York para lanzarse en la carrera presidencial, al igual que De la Sota piensa en el sillón de Rivadavia y Mestre piensa en el Centro Cívico. Pero si de diferencias se trata, la primera es que el alcalde de ficción la mayoría de la veces contradecía su asesor; la segunda, y quizás la más importante es que Kevin Colhoun, el consultor de Hollywood, era un idealista.

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