lunes , 10 de diciembre, 2018

Nota editorial: Libertad de escape

“Si no ocurre nada extraordinario, Macri aumentará su caudal en toda la Provincia”. La frase pertenece a uno de los asesores más escuchados por Unión por Córdoba y fue pronunciada frente al reducido núcleo  de dirigentes que comparten decisiones en la mesa chica del gobernador José Manuel De la Sota. Esto solo venía a confirmar lo que el propio De la Sota había dicho días atrás: la ola de Macri es imparable.

Córdoba no quedará fuera de lo que es una tendencia, poco tienen que hacer ya los punteros o gobernantes. El voto dejó de ser volátil, la gente en su gran mayoría ya sabe lo que quiere. Macri ha sido el instrumento que encontró un abrumador porcentaje de votantes para decirle al kirchnerismo que lo quiere fuera del poder. La falta de definiciones ideológicas en algunos temas, lejos de ser un problema, es la ventaja de Macri

 Votarlo no significa alinearse con ninguna posición política, ni siquiera quiso, o pudo, realizar los trazos de un liberalismo democrático y moderno, eso hubiese sido una complicación. Dentro del universo amarillo convive el radicalismo, el peronismo equilibrado de Carlos Reuteman, Elisa Carrio, todos tienen su lugar en la gran arca electoral que timonea el jefe de gobierno porteño. Semejante arquitectura política, muchos querrán adjudicársela. Jaime Duran Barba, en primer término, el propio Macri o Marcos Peña, Ernesto Sanz o la misma Carrio y hasta interesados operadores como Enrique Nosiglia o Emilio Monzó. Pero la única responsable de semejante acumulación política tras Mauricio Macri es, indudablemente, Cristina Fernández de Kirchner.

La presidenta hace rato que dejó de gobernar para el conjunto de los argentinos y solo le interesó mantener su caudal electoral propio. Lo que nunca imaginó es que el resto, se pondría de acuerdo para votar al mismo.

En su último discurso no fue casualidad que la presidenta haya mencionado el “que se vayan todos”. Más de un encuestador sostiene que la ola Macri atraviesa segmentos sociales y pertenencias políticas como en el 2001 lo hizo la bronca social dando lugar al “que se vayan todos” o como en el 83 lo fue el fenómeno de Raul Alfonsin.

Macri quiere acumular la mayor cantidad de votos posibles, no por gula, sino por la necesidad  de tener un contundente respaldo frente a un parlamento en el que no tendrá mayoría.

Volviendo a Córdoba, De la Sota está meditando por estas horas cual es el lugar que mejor lo dejará para estar en la mesa del nuevo peronismo post kirchnerista. Si el próximo 22 finalmente Macri es elegido presidente, el peronismo tendrá en Sergio Massa y hombres como Juan Manuel Urtubey los rostros de la disputa del control partidario.

De la Sota acompañó a Antonio Cafiero en 1989 (hace 27 años) en la fórmula de la llamada renovación peronista. Ya no podrá hacer lo mismo ahora frente a dirigentes jóvenes que tendrán Legisladores o gobernadores que le respondan. El peronismo solo se alineará atrás de una figura que le permita competir dentro de 4 años. De la Sota lo sabe, por eso con estar con una silla en esa mesa es suficiente.

El gobernador electo, Juan Schiaretti, se mantendrá lejos de Córdoba para evitar definiciones entre Macri y Daniel Scioli, sin poder evitar las polémicas desatadas por rumores que señalaban  complicaciones en su salud. Al respecto, De la Sota ha asegurado que llegará hasta el fondo de ese tema, lo cual es necesario.

Schiaretti no quiere comenzar con el pie cambiado con un nuevo presidente. De la Sota, por su lado, no quiere aparecer acompañando a un candidato no peronista. Si los pronósticos se cumplen y Macri arrasa en Córdoba, el delasotismo ya tiene el discurso listo: los cordobeses no le perdonan al kirchnerismo el maltrato de estos años. Mientras tanto, la mejor manera de calmar el temporal,  fue el tímido pronunciamiento de la conducción del peronismo, dejar en libertad de acción a sus seguidores, que en realidad es la mejor libertad de escape que encontraron sus dirigentes para una realidad electoral tan adversa como inimaginable meses atrás.

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