viernes , 20 de septiembre, 2019

Nota Editorial: Legitimidad y subestimación

“Que bueno esos números, pero decime ¿quien armó eso de que Méndez se acercaba?”. La frase la pronunció el presidente del radicalismo cordobés, Jorge Font, cuando recibió en su celular el resultado de un boca de urna en horas de la mañana del domingo 13 de septiembre. Font le trasmitió a quienes estaban en el tercer piso de la casa radical las buenas noticias: Mestre ganaba y por amplio margen.

La pregunta que había formulado sigue, a una semana del triunfo de Juntos por Córdoba en la Capital sin respuesta. Dos encuestadores lo dieron, en todo momento, a Ramón Javier Mestre ganador por más de 7 puntos sobre el periodista y candidato Tomás Méndez. Sin embargo, desde el entorno del intendente en las últimas dos semanas se aseguraba que otro encuestador, el preferido de Mestre, que también realiza trabajos para el oficialismo provincial, alertaba sobre el estrecho margen que existía entre el aspirante a la reelección y el líder del movimiento ADN.

A varios medios de comunicación le llegó esa información. Otros medios por el contrario, basaban su información en encuestas que lo daban segundo al binomio de Luís Juez y Olga Riutor.

Todo indica que en esta campaña también hubo operaciones con encuestas, pero de una manera diferente a las anteriores. En la última elección de gobernador de la Provincia se llego al día del comicio con la sensación (afirmado por algún encuestador) que Juan Schiaretti ganaba por amplio margen y que segundo se encontraba el villamariense, Eduardo Accastello. El resultado final indicó que el radical Óscar Aguad quedó en segundo lugar y a muy poco de Schiaretti.

En la última semana de las elecciones municipales, a muchas redacciones les llegaba el dato de que Méndez estaba muy cerca de Mestre, lo cual nunca fue cierto. Si fue una operación destinada a desanimar a los militantes de Juntos por Córdoba ¿cómo es posible que halla llegado hasta el entorno mismo de su candidato?.

Si Font no hubiese “madrugado” a todos a las 18.10 de la tarde anunciando un triunfo por amplio margen (algo que no fue desmentido por ninguno de los comando de campaña opositores) y si la justicia electoral no hubiese sido expeditiva en los resultados, los hombres de Mestre la hubiesen pasado muy mal y alguien que perdió la elección, Méndez, se hubiese presentado como el gran protagonista de la jornada al disputarle palmo a palmo la elección al actual intendente.

Mestre ganó por un amplio margen, casi 10 puntos. Su padre logró su reelección imponiéndose por tan solo 2,5 puntos sobre el justicialista Miguel Balestrini. Méndez concentra territorialmente, en particular en la seccional 5, gran parte de su cosecha electoral, sin embargo hasta último momento se insistía con la disputa “palmo a palmo”.

Antes y después de la elección se habló mucho de la pérdida de votos por parte de Mestre entre su primera elección y su reelección, sin embargo, desde el regreso de la democracia solo tres intendentes fueron reelectos: Mestre padre perdió 9.4 puntos entre su primera elección y la segunda; Rubén Martí perdió 3.6 puntos en su reelección con respecto a su primera elección; y el actual intendente perdió 3,4 puntos en su segunda elección. De esta forma, el actual mandatario es el que menos votos perdió o el que mejor retuvo votos. Como sea, en las comparaciones no sale perdiendo ni mucho menos.

Mestre ganó por más de 30 puntos, con una diferencia de casi 10 puntos sobre el segundo y en un proceso electoral sin ningún tipo de incidentes, lo cual le da suficiente legitimidad a su triunfo.

Un Mestre reelecto pero condicionado por un resultado apretado quizás le sirve al oficialismo provincial que ve en él un rival para el 2019. Pero tampoco se le puede adjudicar, en particular a José Manuel De la Sota, ser, mas que un gran armador, un hombre capaz de influir en los pensamientos de sus rivales. Adjudicarle lo ocurrido al actual gobernador es una expresión de ingenuidad o en otros caso una forma de deslindar responsabilidades. De lo contrario habría que pensar que De la Sota convenció a Juez que dejara una reelección segura en el Senado de la Nación por seis años de la mano de uno de los dos presidenciales, para quedarse en una concejalía de la ciudad de Córdoba. También debió convencer a su ex esposa de abandonar su candidatura a Intendente para ser segunda de Luís Juez. En esa misma lógica, también sería mérito del delasotismo haber convencido al  kirchnerismo local de dejar casi en soledad a su candidato, Daniel Giacomino, para asegurar una buena cantidad de votos K para Méndez.

Al margen de algunos rumores que le adjudicaron a un mismo empresario de medios haber contratado espacios de vía pública para candidatos de distintos partidos, lo que generó especulaciones sobre relaciones interpartidarias, lo cierto es que el panorama electoral de la ciudad cambió mucho en algo más de 90 días. Más allá de los análisis e interpretaciones, mucho de los cuales se asientan mas en deseos que datos objetivos, todo ha sido resultado de la oferta electoral que formularon los espacios políticos en donde confluyen dosis de aciertos, errores y  suerte por un lado y, por otro la gente y su voto.

La política Argentina es volátil al extremo, por lo que aquellos que señalan el fin de la carrera política de Juez, o que ven el segundo lugar de Méndez como una victoria, o el triunfo de Mestre como un pasaporte a la gobernación, deberían repasar lo ocurrido en esta última elección municipal para no olvidar que siempre la ultima palabra la tendrá la gente aunque se la siga subestimando desde dentro y fuera de la política.

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